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Que el Macri no te impida ver al Capitanich     

> Por Ariel Frate

Los enfrentamientos entre el gobierno porteño y el gobierno nacional volvieron a hacerse eco en los medios nacionales. Ni los 678 ni los Clarín han llenado sus espacios mencionando las diferencias que tuvieron ambos gobiernos con la ley de ART, que perjudica a todos los trabajadores, ni las modificaciones del Código de Planeamiento Urbano que significan negocios millonarios para sus amigos inmobiliarios; porque en ellas no hubo ninguna diferencia. El problema crucial fue la tala de los árboles de la avenida 9 de Julio que afecta a millones y millones de argentinos a lo largo y lo ancho del país.

En 2007 se aprobó la Ley de Bosques que fue finalmente promulgada en 2009 tras el desastre “natural” de Tartagal, un alud causado por los desmontes en la zona. Unos meses más tarde el gobernador del chaco Jorge Capitanich, aliado del gobierno nacional,  vetó los artículos más importantes del Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos de la Provincia, que se desprendían de la ley nacional, autorizando los desmontes masivos en las zonas más desprotegidas de la provincia. El mes pasado, en el marco de las discusiones por la tala en la 9 de Julio, Cristina Fernández de Kirchner dijo que “los árboles son sagrados, no se tocan” y que en el Calafate debían pasar por sobre su cadáver para derribar cualquier ejemplar. En la FM Kalewche, el periodista Darío Aranda reveló los siguientes datos oficiales: entre 2002 y 2006 se desmontaron 1.100.100 hectáreas. Un promedio de 31 canchas de fútbol por hora. Entre 2007 y 2012 se desforestaron 1.145.044 hectáreas: 229.009 hectáreas por año, 627 hectáreas por día y 26 hectáreas por hora.

La importancia que se le dio a este enfrentamiento entre los nuevos y emblemáticos defensores de la ecología nacional y cuyo campo de batalla fue la 9 de Julio, nos permite llegar a dos conclusiones: O el debate es una tomada de pelo, o se preocupan por una gotera en el Titanic mientras se hunde el barco.

Para reforzar la primera conclusión, que creemos la correcta, citamos a Página/12 que el 16 de febrero publicó una nota titulada “Parrilli: ‘Macri es un mentiroso y vago irresponsable’”. Las declaraciones del Secretario General de la Presidencia fueron posteriores a que el doblemente procesado (como lo llaman a Macri), haya dicho: “encima me enteré por Internet que en Tecnópolis se talaron 8 hectáreas”. Tres días más tarde el diario La Nación publicó: “Macri: ‘Le recomendaría a Parrilli que empiece a pedir disculpas por lo que me dijo’”. A parte de aclarar que, en ésta, estamos de acuerdo con Parrilli sobre su descripción del mandatario porteño, nuestra intención es resaltar la forma y el contenido que tienen las discusiones políticas en estos momentos por lo lindo o lo simbólico o el uso, si se quiere, que se le puede dar al arbolado de una avenida, la más importante del país, pero una avenida al fin. Las discusiones están  más cerca de una pelea entre escolares, que de debates sobre dos modelos de país diferente, que cada vez se parecen más.

Llamativa posición tomó el Grupo Clarín, quien abordó el tema con cierto desencanto, no le dio el espacio que suele darle a este tipo de debates, ni advirtió el peligro de la intromisión imperialista como sí lo hizo Crónica con su nota “‘Palitos’ de afuera: Yanquis le ‘pegan’ a Macri por la tala de árboles” (18-02-13). Siempre firme junto al pueblo, Crónica recuperó un artículo de la página web del New York Times en el cual el diario estadounidense dice que “en lugar de debatir el tema abiertamente, Macri y su equipo han denigrado a los opositores del proyecto como contrarios al progreso. Y se ha producido una avalancha de números tontos…” En el mundo del revés, Clarín, siempre afecto a amplificar los informes del país del norte, obvió este análisis contrario al Jefe de Gobierno porteño, en tanto que Télam lo subió a su web e incluso lo giró como cable.

Durante el conflicto algunos medios pusieron en discusión el papel, casi nulo, de la ONG  Greenpeace y su aparente “apartidismo”. Dijo Sandra Russo: “cuando se dan cuenta que están en un apriete, porque algo tienen que salir a decir, [hacen] ese mensaje frío y aséptico”. Y acaso, ¿no fue así como se manejaron ellos, los medios de la crispación, en los conflictos por la megaminería contaminante, con la utilización de los agrotóxicos, con la sojización de nuestros cultivos, con la utilización del fracking para la extracción de gas y petróleo? Los medios afines al gobierno deberían advertir que nuestra ecología está en riesgo, pero no por los árboles talados para llevar adelante la obra del Metrobus (por más nefasta que sea la medida), sino por la economía extractiva que le permite una cierta estabilidad económica al gobierno, pero que poco tiene que ver con eso que llaman “desarrollo sustentable”.