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> Por Ariel Frate

Las campañas en los medios fueron vergonzosas tanto estética como políticamente. Los spots de los diferentes candidatos parecieron una tomada de pelo al conjunto de los argentinos y las propuestas brillaron por su ausencia e incluso el mensaje iba dirigido en contra de la política misma y de los políticos.

Los que se llenan los bolsillos ocupando una banca legislativa (cuando se les canta ir a las sesiones) hablaban frente a las cámaras haciéndonos creer que sufren los problemas que sufre cualquier trabajador, haciéndose pasar por un ciudadano “común” que sufre de inseguridad pero vive en un country.

Unos chorizos desapareciendo de una parrilla porque en la Argentina se discute política y los amigos se pelean, fue parte de la patética campaña de Binner. Después, un candidato sacándose el saco para invitar a pelear a la inseguridad, a la inflación, pero sin decir exactamente de qué manera él las combatiría (al margen de que con esa cara no le puede pegar a nadie), y por último la guerra entre Argen y Tina. El colmo es que los responsables de esos spots son los mismos que hablan de la falta de libertad de expresión y cuando tienen el espacio para hablar de política se venden como si fueran un adhesivo para prótesis dental, vaciando totalmente sus discursos.

La irrupción del ex Nacional y Popular vuelto sorprendentemente en representante de lo peor del pasado, Sergio Massa, dejó un tendal de candidatos abandonados por la corpo, que adoptó al intendente de Tigre como el niño mimado, presentándolo como principal candidato a derrotar en las urnas al kirchnerismo.

Ese pequeño distanciamiento fue aprovechado por los medios ligados al gobierno. “Para Solanas, `el apoyo de la corporación mediática a Massa no es inocente (…) El fuerte poder mediático que tuvo Massa no lo ha tenido nadie´” informaba la agencia Télam. “gDe Narváez desmintió a Clarín y La Nación: ‘Soy candidato en octubre’”,  era el título de una nota de Tiempo Argentino luego de la conferencia de prensa del colombiano, aunque De Narváez evitó nombrar a esos medios.

Luego de las elecciones las conclusiones que se han sacado fueron varias y encontradas. Levantarse temprano en la mañana del 12 de agosto y ver los diarios en el kiosco de revistas para enterarse a la pasada quién ganó las elecciones, resultó una tarea más difícil de lo que parecía. “Ganó Massa y hubo un fuerte voto castigo contra el kirchnerismo” tituló largamente Clarín, y un poco más extenso fue el “Después de 10 años en el gobierno, el FpV es la fuerza más votada en la Argentina” del diario oficialista Tiempo Argentino. El corto título de Pagina/12 “Ahora, octubre” parecía más una negación de lo que había ocurrido y que, puesto al lado del “Massazo” que usó de tapa el siempre impresentable diario Muy, daba a entender que el resultado fue adverso a los intereses del gobierno.

“No está dicho, nadie lo menciona, pero el gran ganador, el enorme ganador de estas horas, es Héctor Magnetto”, citaba 678 a Víctor Hugo Morales, quien luego daba a entender que todos los candidatos de la oposición que han salido triunfantes se lo deben al desfile que han hecho repetidas veces por los medios de la corpo. Sin embargo, el informe posterior a ese, sentenciaba “El Frente Para la Victoria primera fuerza a nivel nacional” y, acto siguiente, aparece el gobernador kirchnerista de Entre Rios, Sergio Urribarri, que no desfiló ni por Canal 13 ni por Radio Mitre, y que ganó con más del 40% gracias al proyecto nacional y popular. Entonces los candidatos del kirchnerismo pueden ganar por 20 puntos de diferencia sin contar con la ayuda del Grupo Clarín, pero donde el kirchnerismo pierde tiene como principal responsable al monopolio de Magnetto y no las medidas antipopulares que perjudican a los trabajadores, entre otras cosas, que algunos sectores vienen reclamando al gobierno desde hace tiempo. Eso no existe.

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