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> Por Ariel Frate

Ante el acuerdo Chevron-YPF para explotar el yacimiento de Vaca Muerta, el oficialismo hizo uso, nuevamente, de su cintura mediática y otra vez supo gambetear las criticas provenientes del campo popular, sobre todo vinculado a los pueblos originarios. Evadió ese debate y quedó solo, cara a cara, con una oposición totalmente rústica, torpe y contradictoria, el mejor contrincante que puede encontrar para lucirse un poco más.

Para empezar, nada dijeron los medios oficialistas de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación revocó el embargo de 19.000 millones de dólares que recaía sobre los activos y bienes que Chevron tiene en la Argentina, embargo dictado por la Justicia ecuatoriana por el daño ambiental que la petrolera provocó en la selva amazónica. Uno de los argumentos es que Chevron Argentina S.R.L (entre otras) y Chevron Corporation no tienen nada que ver.

El conflicto gira alrededor de la técnica de fractura hidráulica o fracking que utilizarán en Vaca Muerta y el impacto ambiental que puede acarrear. En torno a ese debate, el oficialismo sólo supo chicanear con los mismos argumentos que utilizaron en el conflicto de la megaminería contaminante, en pocas palabras le decían a los que se manifestaron en contra “si no usan taparrabos, cállense”. Más triste fue la intervención de Julia Mengolini del programa oficialista Duro de Domar, que ante un atisbo de crítica al acuerdo que intentó el periodista Mauro Federico lanzó un temerario “¿Qué me importa lo que piensan los mapuches?”

En la edición de la destacada tapa de Pagina/12 “No es una vaca cualquiera”, en la nota que lleva como título “Muge la vaca y toda la oposición ladra” no se nombra ni una sola vez la técnica del fracking, y al margen de eso, sólo nombra a la oposición para decir que muchos de los que se oponen al acuerdo fueron “responsables de la política energética de los 90”. En otra nota bajo el título “Opera YPF y eso es clave”, Página/12 recupera las palabras del viceministro de Economía, Axel Kicillof, y luego argumenta: “Por eso Chevron es clave, ya que aportará el know how necesario para realizar las fracturas hidráulicas necesarias para extraer el petróleo y el gas.”

Podría existir la posibilidad de que el fraking fuera contaminante, pero no tanto, y que poniendo de un lado de la balanza el impacto ambiental que pueda generar esa técnica y del otro la necesidad de desarrollar la industria petrolífera para el crecimiento del país y que sea el pueblo quien acepta y asume los riesgos de hacer la primera o de no hacer la segunda, la cuestión sería muy diferente.

Pero no es así y el debate se fuga por otro lado. El lobo se vuelve a vestir de abuelita y uno tiene que ver TN para que le muestren una conferencia de Adolfo Pérez Esquivel, porque a él no lo pasa el progresismo concentrado en 678 ni TVR. Porque miren qué gorila el Premio Nobel: “una cosa es la explotación, donde se privilegia el capital financiero sobre la vida del pueblo y otra el desarrollo que debe ser distributivo y equitativo para todos los sectores… El acuerdo viola el derecho de los pueblos originarios y la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU y la Constitución misma”. Claro que es mucho más cómodo dar el debate con Lilita Carrió, Redrado o Prat Gay.

La discusión con ellos se basa en que los últimos, hace algunos meses, criticaban al gobierno porque las empresas multinacionales no invertían en el país por falta de confianza. “La manera que se tiene de seducir al inversor, es apretar al inversor” decía Redrado hace un tiempo en el programa “Cuarto Día” de canal 26. Lilita Carrió, por su parte, decía “aislada de la Unión Europea, aislada de Estados Unidos, la Argentina, aislada del mundo, sólo va a conseguir inversiones de los chinos ¿entendieron?”, todo difundido por los medios anti-K. En estos días Clarín publicaba, por ejemplo: “Acuerdo con Chevron: ¿para esto querían YPF?”. Son la Gata Flora, dijo la Presidenta.

Saliéndose del común de sus títulos como “El acuerdo con Chevron, la necesidad del gobierno” o “YPF-Chevron: para los especialistas, la inversión no es suficiente”, TN llegó a publicar una nota nominada “Malvenido Rockefeller, Bienvenido Chevron” en la que resalta, que ante la visita del “principal accionista de la Standard Oil”, durante el gobierno de Onganía, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) realizaron un acto de repudio que “condimentaron con el incendio de trece sucursales de Minimax” y derivó en una muestra llamada “Malvenido Rockefeller” hecha por 62 artistas. La nota ironiza: “Herederos de aquella tradición, los revolucionarios camporistas del Siglo XXI le entregan ahora a Chevron -que tiene sus raíces en la petrolera de los Rockefeller- las banderas de la soberanía que proclaman defender. La nota de TN no recuerda la segura cobertura de Clarín de aquellos días del 69 cuando el empresario visitó el país. Nosotros tampoco lo recordamos ni la hallamos, pero no cuesta mucho imaginar que también podríamos marcar la contradicción en su análisis.

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