COMPARTIR

Estados Unidos y aliados, con el gobierno argentino a la cabeza, atacan a la república bolivariana con distintas sanciones y amenazas de intervención militar. La guerra comunicacional, la respuesta de Maduro con la Asamblea Constituyente y el rol de las organizaciones chavistas en el futuro del país y Nuestra América.

 

Escribir sobre Venezuela hoy desde Argentina es un desafío interesante para rastrear cuánto impregna el análisis, la catarata de información desplegada por las agencias noticiosas al servicio de las corporaciones mundiales y el imperialismo. La trascendencia se halla tanto en la importancia histórica del proyecto político llamado Socialismo del Siglo XXI, como en las intenciones de Estados Unidos por derrocarlo. Conviene no olvidar cada vez que se habla de la patria de Bolívar, que bajo su suelo se asienta la mayor reserva de petróleo del planeta. Aunque parezca básico, ese dato, ayuda a elegir un lugar desde donde pararse a mirar.

“La guerra es mediática. Hay una guerra no convencional. Los medios toman en foco el lugar donde se está desarrollando un pequeño desmán y eso lo trasmiten a todos los países del hemisferio, generando la idea de una guerra civil y de que nos estamos muriendo todos de hambre”, dice Luis Kaku Carrero, joven trabajador del servicio público venezolano y uno de los 545 constituyentes electos en las pasadas elecciones.

Es cierto que existe un conflicto y es verdad que la economía y la vida cotidiana es complicada en tanto dificultades por acceder a productos de primera necesidad. Esa situación es generada por los boicots, el desabastecimiento de las empresas locales y extranjeras, así como por los bancos y los sectores financieros. Si bien se expropiaron empresas claves, tanto el gobierno de Chávez como el de Nicolás Maduro no han logrado quebrar a esos monopolios y encontrar soluciones para alcanzar la producción de alimentos y otros bienes que permitieran el autoabastecimiento. Incluso, pese a las críticas de buena parte de la base chavista, el gobierno ha intentado acercamientos hacia los sectores concentrados de la economía y con empresas multinacionales para buscar una salida a la crisis, pero ni las políticas adoptadas ni los mecanismos de control han sido suficientes para contrarrestar la especulación privada y la corrupción en sectores clave del aparato estatal y de la Guardia Nacional Bolivariana, encargada de vigilar el contrabando en la difícil frontera con Colombia.

Lo que no es cierto es que Maduro sea un dictador, ni el chavismo una dictadura. Eso es falso. En las casi dos décadas de Gobierno Bolivariano, se han desarrollado 20 procesos electorales (apenas ha perdido dos veces) valorados por la Fundación Carter como los más transparentes del mundo. Además, según datos de la CELAC de 2016, Venezuela ha pasado a ser uno de los tres países con menor desigualdad social en Latinoamérica y las movilizaciones de apoyo a la Revolución Bolivariana son multitudinarias, mucho más que las de la oposición, aunque las agencias informativas no las muestren.

La crítica más replicada se halla en “la represión de Maduro” frente a las guarimbas y los ataques con bombas y armas caseras (y no tan caseras) sobre la Policía Nacional Bolivariana y la sociedad civil identificada con el chavismo (entre otras agresiones, quemaron a 7 personas). ¿De qué manera se detiene a los jóvenes que tienen más de vándalos que de militantes y que son organizados y sostenidos por la derecha local y el paramilitarismo? La pregunta no es retórica ni tiene una respuesta. Los episodios de pasividad por parte de las fuerzas de seguridad se han alternado con hechos de represión sobre manifestaciones por parte de la Guardia Nacional. La estrategia de la oposición es camuflar la violencia golpista organizada como si fuera parte de las protestas civiles, y en ese marco el rol de la policía y la Guardia en la contención de los hechos vandálicos es complejo.  Lo que sí se sabe es que, como apunta el politólogo Atilio Borón “la inacción de la Policía Nacional Bolivariana ante los ataques, generaría un Estado corrido ante la violencia y una previsible guerra civil. Es lo que Washington hizo en Libia e Irak, y lo que ahora quiere hacer en Venezuela (…) para que finalmente reine el caos”.

 

La constituyente sí va

El escenario de conflicto y el recrudecimiento de la violencia por parte de la oposición llevaron a Nicolás Maduro a plantear la creación de una Asamblea Nacional Constituyente con la intención de lograr tres objetivos: “El primero, lograr la paz y la justicia, transformando el estado y cambiando todo lo que haya que cambiar. Lo segundo, establecer la seguridad jurídica y social para el pueblo, y tercero: perfeccionar y ampliar la Constitución pionera de 1999”.

El pasado 30 de julio, más de 8 millones de venezolanos y venezolanas votaron a sus representantes. A pesar de los bloqueos y del boicot que intentaron impedir que los vecinos salieran a votar, y de no tener el carácter de obligatoriedad, el número de participantes descolocó a la oposición y devolvió la iniciativa política al gobierno.

El flamante asambleísta Luis Carrero explica a Mascaró que “desde la Asamblea intentaremos apuntalar las soluciones para los problemas estructurales de nuestro país. La tarea es ardua, entre otras cuestiones debemos salvaguardar los derechos populares adquiridos y al mismo tiempo superar y construir una economía pospetrolera”.

Con sus vaivenes, el proceso bolivariano continúa marcando el pulso de la lucha por la emancipación de los pueblos. La experiencia política adquirida a partir de buscar opciones de participación popular, ser creativos y críticos a la hora de analizar el camino andado y por recorrer son elementos a destacar si se quiere ensayar un juicio sobre el chavismo.

 

Entrometidos

Apenas bajado del escenario donde bailó y se atribuyó la victoria electoral antes de contar los votos, el presidente Mauricio Macri recibió al vicepresidente estadounidense, Mike Pence. El segundo de Trump arribó a Buenos Aires luego de su visita a Colombia y antes de seguir viaje a Chile y Panamá.

Hombre del petróleo y la alimentación, conservador y guerrerista, Pence buscó apoyo a los dichos intervencionistas de Trump sobre Venezuela. Tanto el Mercosur, México y Brasil como el mandatario colombiano Santos, acompañaron la decisión de aislar, condicionar y sancionar a la república bolivariana, pero se opusieron públicamente a una invasión militar extranjera. Macri no se animó o no se preocupó o acompañó con el silencio la amenaza militar y el injerencismo norteamericano.

No es casual la hoja de ruta trazada por el vice de Trump, Argentina fue punta de lanza desde el momento en que Cambiemos ganó las elecciones para atacar a Venezuela y aislarla del Mercosur.

El caso de Colombia requiere una mirada particular. En términos geográficos es la frontera terrestre que comunica a Venezuela con el resto del continente.  Como explica el militante de Marcha Patriótica, David Arias Sanguino, “Colombia ha participado activamente en el vaciamiento de la economía venezolana a través del contrabando y hay que destacar el rol preponderante del paramilitarismo en las guarimbas. Todo lo que sucede en la violencia callejera está entrenado y organizado por los paramilitares colombianos, así como también el manejo del territorio a ambos lado de la frontera”.

El conflicto colombiano siempre fue la excusa de los gobiernos para sostener un altísimo presupuesto militar y del mismo modo la justificación de Estados Unidos para instalar bases en la región. Un escenario de conflicto en un país vecino sería otra excusa para sostener movilizada toda esa tropa.

Si bien se mostró en contra de una intervención militar norteamericana, Santos participa activamente en la intromisión de cuestiones ajenas a las opiniones sobre otro país soberano y desconoció públicamente a la Asamblea Nacional Constituyente.

 

El destino de la región

“Venezuela es importante para nosotros. No por nada el ataque imperial se ha vuelto tan ofensivo contra ellos. Y también por eso se vuelve más trascendental, porque el pueblo se vuelve bastión de la lucha antiimperialista”, analiza Héctor Udaeta Irrazabal, dirigente del Movimiento Guevarista de Bolivia y miembro de gobierno del MAS, y agrega que “es posible que la propia situación de resistencia imperial ayude a resolver algunas de las contradicciones y dificultades y a profundizar el proceso bolivariano”.

En relación a un balance actual regional del proyecto en el que se puede agrupar a Cuba, Venezuela, Bolivia, y en algún punto la Ecuador de Correa y la Nicaragua de Ortega, Udaeta Irrazabal observa que “tenemos una visión global de Patria Grande, de entender que la salida es continental, pero también es relativo el avance que hemos logrado al respecto, porque experiencias como el ALBA o el intento de construir una moneda única ha sido débil. La idea de la segunda y definitiva independencia está lejos aún, más allá de las transformaciones que hemos alcanzado en la gestiones del viejo Estado”.

La recuperación de derechos y el acceso a mejores condiciones de vida y de consumo no han sido suficientes ni lo serán, para que sus sociedades sean diferentes a las capitalistas.

El último congreso del MAS (Movimiento Al Socialismo, partido de gobierno en el país del altiplano) concluyó que se debe retomar el trabajo político y reforzar los aspectos ideológicos en las organizaciones. La conclusión llega tras once años de Evo Morales en el gobierno, con jóvenes que crecieron en un momento histórico diferente y con distintas condiciones a las que debieron afrontar las generaciones pasadas, “por lo que no se visibiliza al enemigo que es el capitalismo y el imperialismo, y eso es peligroso porque se puede retroceder. Es complicado porque entra el conformismo cuando uno está en el Estado y al mismo tiempo con el ensanchamiento de la clase media, se corre el riesgo del individualismo, del consumismo. Debemos trabajar para que se comprenda que se está distribuyendo la riqueza que el pueblo produce”, explica el dirigente boliviano.

Cada cual con sus características, sus contradicciones y sus avances, tanto el proceso venezolano como el boliviano está asentado hoy en las organizaciones que lo componen.

Desde Venezuela, consultado sobre los desafíos de la constituyente, Luis Kaku Carrero cuenta una tarea inmediata impulsada desde una de las comisiones: “Estamos en estos días impulsando con la universidad bolivariana una misión para que los trabajadores y trabajadoras estudiemos los valores de los habitantes de esta tierra, que son valores burgueses y que debemos transformar en valores socialistas a partir de afrontar nuestro trabajo como un trabajo consciente. Sólo de esa manera podremos modificar el eje productivo de nuestra patria, producir nuestros bienes y servicios y avanzar en la obra que nos encomendó el comandante Chávez: la construcción de una sociedad diferente”.

La situación en Venezuela es bien compleja, tanto como la magnitud de lo que allí se juega (al interior del país y del chavismo y al exterior de la región y el mundo). No es momento de mirar para otro lado.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER