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A poco más de un año de las elecciones de una nueva presidencia que marcará la dirigencia del país por otros 4 años, las opciones de la Argentina que se avecina no parecen ofrecer grandes cambios al actual modelo kirchnerista.

En agosto de 1974, el máximo dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (P.R.T.) Mario Roberto Santucho, redactaba uno de sus textos más importantes: “Poder Burgués/Poder Revolucionario”. Ya en sus primeras líneas Santucho es claro y contundente: “La razón fundamental por la que pese a la enérgica lucha de nuestro pueblo, las clases dominantes no han visto peligrar su dominación política ha sido la ausencia hasta el presente de una opción revolucionaria de poder que ofreciera a las masas una salida política fuera de los marcos del sistema capitalista”.

El año 74 encontraba a la Argentina ante una nueva caída del modelo democrático burgués. Los partidos políticos tradicionales ya no tenían respuestas para una población que, harta de ver como su historia era decidida una y otra vez por gobiernos democráticos antipopulares y dictaduras militares cada vez más sangrientas, se volcaba masivamente hacia fuerzas revolucionarias, con Montoneros y el PRT-ERP como sus principales espacios de participación. La respuesta militar fue contundente: casi toda una generación que pensaba y actuaba por un modelo de país diferente fue brutalmente asesinada y desaparecida.

A 40 años del texto de Santucho, el país sigue en busca de una opción política que ponga fin a las injusticias que se siguen repitiendo a lo largo y a lo ancho del mapa.

De la democracia neoliberal al “modelo” kirchnerista

Luego de que los intentos revolucionarios de la década del 70 fueran aplastados por una dictadura que no perdonó que, con aciertos y errores, se pusiera por primera vez en la historia al pueblo trabajador como protagonista, la vía democrática encontró su tiempo de estabilidad y las opciones políticas volvieron a ser las mismas de casi toda la historia: peronismo o radicalismo.

Diciembre de 2001 marcó un quiebre. Ningún político y ninguna política a partir de ese momento podría dejar afuera al pueblo. Se esperaba algo nuevo, algo distinto y por fuera de las tradicionales estructuras partidarias. Así fue que de la mano de Eduardo Duhalde y con el apoyo del PJ, apareció la figura del hasta entonces poco conocido Néstor Kirchner y varios años después comenzó a hablarse del “modelo K”.

“El modelo” supo valerse de banderas por las cuales la sociedad venía luchando históricamente y, de esta manera, se impulsaron novedosas políticas como la Ley de Medios, el matrimonio igualitario, la Asignación Universal por Hijo, la nacionalización de las AFJP y la nacionalización parcial de YPF, y se derogaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que permitieron el enjuiciamiento de los responsables de la dictadura del 76.

Sin embargo, su modelo económico siempre fue un punto de gran debate. Desde los primeros años se habló del “capitalismo nacional” y tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández recorrían el país de la mano de empresarios como Paolo Rocca y Gregorio Pérez Companc, dos de los más grandes empresarios vernáculos. De la mano de estos y otros empresarios, el kirchnerismo apostaba a la colaboración de una burguesía nacional progresista para no depender más de las grandes inversiones y presiones extranjeras. Sin embargo, se pagó rigurosamente cada una de las deudas que Argentina tenía con algún organismo internacional

La “primavera” kirchnerista parecía no detenerse, la recaudación fiscal batía records, los índices de desempleo bajaban considerablemente, pero la industrialización del país no se consolidaba y Argentina seguía dependiendo económicamente de lo que sucediera con los países desarrollados. En el año 2008, cuando el gobierno nacional buscó mediante la Resolución 125, modificar el régimen de retenciones a las exportaciones del sector agropecuario, sufrió su primera gran tormenta. “El conflicto del campo” fue el revés político más duro para el oficialismo, que veía como uno de los sectores que más beneficios económicos había obtenido desde el inicio de su gestión, le daba la espalda y lo dejaba aislado política, mediática y socialmente.

La crisis financiera internacional que llevó a los principales países capitalistas a atravesar su peor etapa en muchísimo tiempo (algunos especialistas indican que sea quizá la peor crisis del sistema capitalista en la historia) comenzaba a “atacar” a los pilares fundamentales de la economía nacional como lo eran el rubro de la construcción, el automotriz y la exportación de materias primas.

El modelo económico del kirchnerismo nunca fue criticado por la oposición, las medidas progresistas sí.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #24 de Agosto 2014.

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