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Poco más de un año pasó desde que la Presidenta obtuviera ese rotundo triunfo electoral que envalentonó el sueño de Cristina for ever. Hoy sus defensores deben recordarlo permanentemente ante las multitudes que salen a la calle con demandas sectoriales y políticas mientras que el gobierno parece no saber cómo recuperar el apoyo perdido. ¿Qué cambió en este año?
> Por Rafael Farace

Pasado el mediodía del 10 de diciembre de 2011, Cristina Fernández salió del Congreso de la Nación para dirigirse a la Casa Rosada. Había asumido su segundo mandato luego de dar un discurso premonitorio frente a la Asamblea Legislativa. A paso lento transitó por una Avenida de Mayo atestada de jóvenes que cantaban su alegría por la continuidad de un modelo ratificado con el 54,11% de los votos en octubre. La Presidenta recorría el mismo camino por el que desde febrero circulan incesantemente manifestantes de distinto tipo para reunirse en la Plaza de Mayo en protesta contra el gobierno nacional.

Cambió el viento, giró el timón

Hasta 2011 se hablaba de un viento de cola favorable al gobierno nacional, pero ya a fines de ese año la modificación de algunos indicadores económicos alertó a los diagramadores de la política oficial. Eso no fue suficiente y el año nuevo trajo una menor expansión económica, un mayor aumento de precios y un leve crecimiento de la desocupación. El leve giro de la política económica debió entonces acentuarse y ser acompañado con un movimiento aún más abrupto en las provincias.

Poco después de asumir, Cristina Fernández definió las características del nuevo período gubernamental. Invitada al cierre de la conferencia anual de la UIA, la Presidenta definió los próximos años de su gobierno como “la etapa de la sintonía fina” y criticó la ley de reparto de ganancias propuesta por Moyano. Días antes había anunciado la quita de subsidios a los servicios públicos a empresas y hogares de altos ingresos, que posteriormente irá avanzando en forma menos clara y visible hacia el conjunto de la población. En diciembre frente a la Asamblea Legislativa insistió en estos conceptos que vinieron a darle contenido al slogan de campaña “Profundizar el modelo”. Luego de eso Moyano renunció a sus cargos en el Partido Justicialista generando la primera gran ruptura del kirchnernismo con fuertes implicancias para sus bases sociales.

Esa sintonía fina significó, entre otras cosas, la búsqueda de equilibrio entre las compras y ventas al exterior, el ingreso y los gastos del Estado nacional, el consumo y la producción local de energía; fundamentalmente a través de medidas como el mayor control a la compra de dólares y las importaciones, la expropiación del 51% de las acciones de YPF, la quita de subsidios a servicios públicos, limitaciones a los aumentos salariales, postergación del aumento del mínimo no imponible al impuesto a las ganancias. El caso de YPF se debe incluir también en la lista de políticas de largo plazo del gobierno, junto a la reforma en la Carta Orgánica del Banco Central, la Ley Antiterrorista, la promoción de créditos a la vivienda a través del PROCREAR, la nueva ley de ART y la reciente modificación del sistema regulatorio del mercado de capitales.

El gobierno escribe ahora con trazo fino sus políticas, ahorrándose algunos gastos y destinando otros con fines más selectivos. Pero en su diversidad, cada una de estas medidas, con sus pro y sus contras, tienen un común denominador: los principales beneficiarios son los grandes empresarios locales que necesitan blindar sus ganancias ante un mercado que consume menos sus productos por la caída de las ventas y por la competencia de empresas extranjeras.

¿Y el pueblo dónde está?

El 2012 arrancó con un verano ardiente de protestas: el mismo 2 de enero los vecinos de Chilecito y Famatina cortaron la ruta 11 dando inicio a la expansión de la lucha contra la megaminería que en febrero llegaría a las puertas de la Casa Rosada en medio de una jornada nacional de protesta. La tragedia de Once el día 22 de ese mes vistió de luto a millones de argentinos …

Nota completa en edición impresa. Mascaró #8, diciembre 2012.