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> Por Rafael Farace
Un recorrido por varias regiones, distintas experiencias, múltiples opiniones, con un horizonte común: que la nueva YPF haga justicia con ellos y todos los argentinos.

José Palacios tenía 15 años en 1962 cuando empezó a trabajar en las oficinas de Retribuciones de YPF, en General Mosconi, Salta. Vivía con sus padres en Campamento Vespucio, pequeña localidad construida por YPF para el alojamiento de sus trabajadores, puesto que su padre era operario en los pozos petroleros de la zona. En 1991 fue desvinculado sin causa de la empresa y recibió una indemnización que, recuerda le “dieron por 30 años de trabajo lo que a Cavallo le daban por mes”.

Elio Giménez recorrió gran parte de la provincia de Santa Cruz realizando tareas de exploración, operación y refacción de pozos petroleros. Nos dice: “Hemos trabajado, hemos subido a torres, antenas, cuando las estalagmitas estaban de punta en los mismos techos”.

En 1991 se plegó al programa de retiros voluntarios que posteriormente incluirá la distribución entre los trabajadores de acciones de la empresa.

1991 no pasó desapercibido para los trabajadores ypefianos. En enero de ese año se inició el “Plan de Transformación Global” a cargo de José Estenssoro quién presidía la empresa desde 1989. “Pepe”, para los más allegados, ha sido recordado en los últimos tiempos por Cristina Fernández, quien al abrir las sesiones ordinarias del congreso éste año dijo que “pese a estar en mis antípodas ideológicas debo reconocerle que hizo una tarea en materia de producción que llevó a YPF a la producción más alta en 1998”.

Sin embargo, Estenssoro no quedó grabado en la memoria de los trabajadores de YPF como ese líder empresarial que permitió alcanzar el récord de producción de hidrocarburos en nuestro país. Para algunos de ellos, Estenssoro significa las jubilaciones anticipadas, el despido sin causa por reducción de personal, los retiros voluntarios. En fin, la falta de trabajo. Para los que mantuvieron su empleo, significa hacer cinco el trabajo de diez, perder derechos laborales, hacer el trabajo en el mismo lugar pero con salarios menores, la demolición del Club YPF.

Cuando recurrimos a los archivos para ponerle número a estos recuerdos, nos encontramos que de los 50 mil trabajadores que tenía YPF en 1991, sólo 7 mil permanecían en la plantilla de personal de la empresa para 1994. La pregunta inmediata fue, ¿cómo puede aumentarse la producción con el 15% del personal? Y entonces revisamos los datos del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas y nos encontramos que en realidad el nivel más alto de producción de petróleo en YPF fue en 1989, justo antes de que empiece el proceso de reestructuración. Ese año la empresa estatal produjo más de 26 millones de metros cúbicos de petróleo, el cual representaba el 97,58% de la extracción total de nuestro país. Pocos años después eso se redujo sustancialmente y por primera vez la producción de YPF fue menor a la del resto de las compañías privadas: en 1993 sólo el 48,25% de la extracción petrolera del país fue realizada por YPF. 4 años de reestructuración bastaron para arrasar la economía de miles de familias argentinas y garantizar el beneficio de las florecientes empresas petroleras privadas que llegaban a nuestro país ávidas de ganancias.

¿Porqué concentrar entonces las críticas sólo en Repsol? ¿Es la gestión de Estenssoro un modelo a seguir?

Hacia una nueva YPF

José Palacios es Presidente de la Mesa Coordinadora de Ex-Agentes de YPF de Salta y ante la reciente expropiación del 51% de las acciones de YPF Sociedad Anónima, se ha preocupado por conocer la opinión de sus compañeros: “La mayoría de los ex ypefianos con los que me he podido encontrar están muy contentos”. También hay alegría y expectativas en Elio Giménez que preside la Agrupación Santa Cruz Sur, de ex Agentes de YPF y Gas del Estado, en Franco y Nahuel que son trabajadores de la Refinería La Plata y en Martín Maliqueo que es habitante de Cutral-Co y werken de la Confederación de Comunidades Mapuches de Neuquén. En cada uno de ellos hay otra YPF que es posible.

Los petroleros fueron los primeros en darse cuenta que la gestión impulsada por el menemismo no traería consigo ninguna de sus promesas, por eso la YPF que anhelan se parece mucho a la que fuera Sociedad del Estado, aunque no dejan de reclamar por las deudas que ha dejado la Sociedad Anónima. Una de ellas son las acciones clase C que recibieron los ex ypefianos por medio del Programa de Propiedad Participada de las cuales no vieron ni la sombra en los últimos veinte años: estas representaban el 10% de la empresa y fueron vendidas sin su consentimiento en 1997 y en 2007 en las bolsas de Nueva York y Buenos Aires, sin recibir por ellas ni su valor ni las utilidades que les corresponden por las ganancias de la empresa. A pesar de algunos logros parciales, el reclamo sigue en pie por el resarcimiento total de los ex trabajadores de YPF y sus familias: “Ese es el reclamo que le presentamos a nuestra Presidenta y le vamos a presentar a nuestro Gerente General. Digo nuestro porque nosotros somos dueños de parte de YPF, nosotros tenemos el 10% de la empresa, ¿y usted ve que sale en los diarios que participamos de reuniones de comisiones? ¡Y somos accionistas!”, dice Elio Giménez, “Nosotros vamos a acompañar la expropiación contra viento y marea, pero también vamos a exigir que en ese acompañamiento a nosotros se nos reconozca lo que es nuestro, porque si vamos a luchar en esta etapa para que no nos reconozcan… No, eso no lo vamos a admitir”.

Quienes hoy día trabajan en YPF conocen lo que era la empresa antes por lo que cuentan sus compañeros de trabajo y sus familias, pero también porque estudian la historia. Es el caso de Franco, quien ingresó en 1996 a la Refinería La Plata cuando estaban demoliendo la planta de akilación, y de Nahuel que desde 2006 trabaja en la planta Catalítico A de la misma refinería. Ellos nos cuentan que entre los trabajadores actuales se vivió cierta alegría por la expropiación a Repsol. “De alguna manera, con este cambio esperamos poder volver a trabajar más tranquilos, a sacarnos la sobrecarga laboral y hacer ingresar de nuevo gente. Porque aparte nosotros estamos haciendo 12 horas: de 8 pasamos a 12, con la mitad de gente, o sea que la carga es mayor”. “Después están los compañeros terciarizados, ellos hacen el mismo trabajo en sector de la producción pero cobran un 20% menos que los que estamos en la empresa, y los que hacen otros trabajos diarios, como mantenimiento, esas personas están cobrando un 30% de lo que cobramos nosotros, y en la época que era del Estado eran un par de la empresa. Tenían una categoría y cobraban más o menos, pero ahora hay una diferencia atroz. Es más, no solamente es menor salario sino la inestabilidad, no saben cuándo le renuevan el contrato de nuevo y cuántos son los que entran de nuevo, si son 14 hay que ver si en el nuevo contrato hay 14”, dice Nahuel</p>

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #2

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