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> Por Mario Mazzitelli

Con las aprobaciones de las dos cámaras legislativas, el pasado 22 de agosto se convirtió en ley el proyecto que declara de utilidad pública y sujeta a expropiación a la Compañía Sudamericana de Valores, conocida como la exCiccone. La medida que permitirá al Estado recuperar  la capacidad de producir su moneda, se vio envuelta en la polémica por las acusaciones de corrupción y vínculos entre la empresa y el vicepresidente de la nación Amado Boudou.

“Llegó el momento de imprimir billetes de 200 y 500 pesos. (…) La inflación llevó a que el billete argentino de mayor valor haya quedado reducido en su capacidad de compra. Hace 15 años 100 pesos equivalían a 100 dólares. Hoy con un dólar internacional devaluado, nuestros 100 pesos no alcanzan a 25 dólares. Si a esto agregamos el fuerte crecimiento económico de los últimos años descubrimos que la cantidad de papel moneda necesario se incrementó considerablemente”, sosteníamos en 2010, en el marco de la escalada inflacionaria y la falta de billetes

Continuábamos: “esta simple verificación muestra la urgencia de solucionar el problema de los usuarios amentando la denominación de nuestra moneda….En pocos meses y con una inflación anual superior al 25% esta necesidad será aún más aguda”. Y concluíamos: “queda entonces de manifiesto que la tarea por realizar es el sinceramiento de todos los índices y poner en sintonía el papel moneda con las nuevas exigencias de la economía”.

¿Por qué se evitó imprimir billetes de mayor denominación? ¿Por qué frente al crecimiento de la economía y la inflación siguió siendo el billete de mayor valor el Julio Argentino Roca de 100 pesos?

Sencillo, porque detrás de esta decisión “política” giraba un negocio magnífico.

¿Quién estaba en conocimiento de la cantidad necesaria de nuevos billetes? ¿Quién sabía que la Casa de Moneda no estaba en capacidad de satisfacer esa demanda? ¿Quién estaba al corriente que Ciccone calcográfica era la “solución nacional” al problema (después de haber mandado imprimir billetes en el extranjero)? ¿Quién estaba en conocimiento del quebranto de la empresa?

¿Quién pidió su quiebra para luego levantarla? ¿Quién se reunió con los antiguos dueños para avanzar sobre el negocio? ¿Quién presionó a la empresa que gestionaba la imprenta para correrlos de la conducción? ¿Quién levanto la quiebra? ¿Quién puso la plata? ¿Quién asumió la dirección?

Sí, todos los nombres conducen a Amado Boudou el vicepresidente de la Nación. Él es el centro de esta maniobra. Eso esta claro. En cambio no esta claro si es el responsable intelectual del ardid o un simple mandadero de sus mandantes políticos o banqueros.

La expropiación de la Compañía de Valores Sudamericana (ex Ciccone Calcográfica), tiene una complicación extra: “nadie sabe quien es el dueño”. ¿Alguien cree que el gobierno no sabe quién es el dueño? Lo que debería quedar claro es que la expropiación bajo la figura de la “soberanía monetaria” no tiene sentido. Con solo imprimir billetes de 200 y 500 pesos la cuestión está resuelta. La palabra que le quedaría mejor es impunidad. Y de eso los argentinos sabemos bastante.

*Secretario General del Partido Socialista Auténtico (PSA)