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Foto: La Brújula Comunicación

Por Loana Barletta

El número de femicidios y abusos en la Argentina aumenta año a año. Ante un Estado ausente, la organización de miles logró que se llevara a cabo el primer paro nacional para pedir que no haya ni una mujer menos por violencia de género. 

Octubre de 2016. Te levantás, desayunás, salís a trabajar, volvés a tu casa, mirás televisión o leés un libro, salís, volvés a entrar. Mientras todo eso sucede, mientras pasa un día de tu vida, en algún lugar del país están asesinando a una mujer. En los 17 primeros días del mes de octubre, hubo 19 femicidios en la Argentina, uno cada 21 horas.

En una especie de paradoja, cuando en Rosario se llevaba a cabo el 31 Encuentro Nacional de Mujeres, en Mar del Plata violaban, torturaban y asesinaban salvajemente a Lucía Pérez. El caso se hizo conocido unos días después y fue el último desencadenante para que mujeres de todo el país realicen el 19 de octubre el primer paro nacional en contra de los femicidios y la violencia de género. Se colmaron las plazas y calles de todo el país y hasta se replicó en 154 ciudades de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Miles y miles gritaron “vivas nos queremos”, dejando en claro que no pretenden quedarse calladas ante un Estado que no garantiza sus derechos.

En simultáneo, el presidente Mauricio Macri decía a periodistas uruguayos que “es un debate muy constructivo el que estamos teniendo en la Argentina” y planteó que los femicidios se combaten “denunciando, llamando a que la mujer reaccione”.

 

Lo personal es político

La desigualdad entre hombres y mujeres es mundial. Tan mundial como son el sistema capitalista y la cultura del patriarcado que necesitan de esa desigualdad para sostenerse. La ecuación es simple, para que haya dominadores tienen que existir dominadas. Y en la cultura machista que lleva años de existencia, las mujeres son las débiles y por consiguiente las que deben ser dominadas por los hombres. En el medio del relato aparece el Estado a garantizar que la desigualdad se mantenga y el sistema conserve su orden. He aquí la respuesta a por qué los distintos gobiernos han realizado mínimas intervenciones en las políticas relacionadas a la protección de las mujeres.

En la Argentina se denuncian 50 ataques sexuales por día. La Oficina de Violencia Doméstica, que se creó en 2006 dentro de la Corte Suprema de Justicia, recibe unas 900 denuncias por violencia cada mes. Por femicidios mueren cada año alrededor de 235 mujeres y, según datos del Ministerio de Salud de la Nación, por embarazo, parto o puerperio 290 (43 como consecuencia de abortos clandestinos). Es decir que en Argentina mueren por el sólo hecho de ser mujeres, y sólo según cifras oficiales, 525 al año.

La idea de un paro nacional tuvo que ver, entre otras cosas, con evidenciar qué sucedería en el sistema productivo sin la presencia de las mujeres. Según datos difundidos por el INDEC, en el segundo trimestre de 2016, el desempleo promedio en el país alcanzó el 9,3% pero la diferencia entre géneros es notoria: mientras que la tasa de desempleo en varones es del 8,5%, en el caso de las mujeres llega al 10,5. A su vez, en los casos en que sí tienen empleo, las mujeres ganan en promedio 22 mil pesos menos al año que lo que ganan los hombres, la participación sindical de las mujeres es muy baja por lo tanto los reclamos en políticas laborales con perspectiva de género en donde se contemple la falta de trabajo, el acoso sexual, la desigualdad salarial y la falta de licencias parentales, entre otras cosas, son prácticamente nulos. A los gremios no  les interesa incorporar a las mujeres a la vida sindical así como el Estado no reconoce su importancia dentro del proceso productivo. Y en una lógica de no valoración de la mujer, tampoco se respetan sus derechos ni su cuerpo, ni su capacidad de elegir ni su libertad de ser.

Entre 2008 y 2015 se registró en Argentina un aumento del 78% de los femicidios. Y en el último año (sin contar el desagradable número de octubre) se produjeron 40 muertes más en comparación con el mismo período del año anterior. En momentos de crisis políticas y sociales, los índices de violencia aumentan. Según Miriam Maidana, psicoanalista, investigadora en consumos problemáticos y columnista de Cosecha Roja “existe una fractura del lazo social, pérdida de palabra, contención y detección por parte del Estado de situaciones de violencia. Con tres o cuatro generaciones que no han ingresado al trabajo formal, con un crecimiento del embarazo adolescente, con una educación cada vez más expulsiva, con consumos cada vez más peligrosos, la vida humana no suele ser un bien, ni hay proyecto más allá del corto plazo”.

La responsabilidad estatal va mucho más allá de la resolución del conflicto o del hecho una vez que estos ya fueron consumados. No se trata solamente de que se haga justicia con los femicidas, que las denuncias sean recibidas en tiempo y forma en las comisarías de la mujer (o en cualquier comisaría, como debería ser) o que existan planes de apoyo a las víctimas. Se trata, también, de garantizar que esa conflictividad política, económica y social desaparezca y que eso ayude a generar las condiciones para que cada vez sean menos los delitos, los ataques contra las mujeres y las muertes. El mayor problema con el rol del Estado es que no está garantizando ni lo uno ni lo otro.

Desde la Ley 26.485 para erradicar las violencias que no se aplica como debiera, hasta el aborto legal, seguro y gratuito, pasando por las inequidades en el mundo laboral, la falta de respuestas del Poder Judicial en los casos de abuso, la connivencia policial con los victimarios, la no implementación de la Educación Sexual Integral en los colegios y la estigmatización  y mercantilización de las mujeres en los medios masivos de comunicación, el Estado ayuda sistemáticamente y desde hace años a reproducir la violencia de género.

Consultado por medios extranjeros a partir del paro nacional de mujeres, Macri contó que uno de los avances de su gestión es el Plan Nacional de Lucha Contra la Violencia de Género que presentó el Consejo Nacional de las Mujeres. Si bien se supo poco sobre de qué se tratará dicho plan, el presidente explicó que va a estar centrado en “la prevención, la asistencia y la erradicación de ese flagelo”. Uno de los problemas es que comienza en 2017 y mientras tanto siguen ocurriendo ataques y femicidios. Problema que se agrava ya que Mauricio hablaba sobre la importancia de la prevención, horas después de que se aprobara en el Congreso el proyecto de modificación del Ministerio Público Fiscal que elimina la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM).

Luciana Peker es periodista del suplemento Las 12, especialista en género, y explica que “el proyecto de reforma consideró otras fiscalías especializadas como las de Informática y no consideró la continuidad de la UFEM que tiene una labor tremendamente valiosa. La fiscal a cargo que es Mariela Labozzetta ha logrado que se investigue la muerte de Diana Sacayán, que se consiga detener a los imputados por el femicidio de una madre y una hija en Barrio Constitución y que las víctimas de violaciones o de amenazas puedan ir a la fiscalía y sentirse bien tratadas a diferencia de lo que pasa en la mayoría de los lugares de la justicia. Por eso es necesario garantizar que esa fiscalía continúe y con la misma fiscal”.

La UFEM es la única unidad en el país especializada en la investigación de violencia de género. Su eliminación en este contexto social de crímenes contra mujeres que cada vez adquieren matices más complejos no sólo es preocupante sino que habla de una ausencia en la agenda oficial de políticas destinadas a la persecución de la criminalidad de género.

 

Acá estamos

Octubre de 2016. Como desde hace 30 años, en una ciudad de Argentina se reúnen miles de mujeres a debatir y analizar las problemáticas que las atraviesan cotidianamente. Durante tres días se llenan aulas de colegios y plazas. Durante tres días mujeres que muchas veces se sienten solas y desprotegidas, se encuentran acompañadas y fortalecidas. Durante tres días se comparten experiencias que ayudan a conocer las distintas realidades que viven las mujeres a lo largo y ancho del país. Durante tres días se avanza, siempre se avanza. Y, también, en esos tres días los medios de comunicación deciden ignorarlas.

La historia es conocida: más de 70 mil mujeres se reúnen, finalizan el Encuentro Nacional en una histórica marcha. Los grandes medios de comunicación se mantienen en silencio hasta que se reprime a las mujeres (que ahora sí importan a los medios que las catalogan de vandálicas por las pintadas en las paredes) y las pantallas se llenan de imágenes de disparos y gases lacrimógenos y gente corriendo bajo el título de “Incidentes” o “Disturbios”.

Dos días después del Encuentro de Rosario cuando todavía se discutía si está bien o mal pintar las paredes, se conocía la muerte de Lucía y se replicaba la información en todos los medios. Para Luciana Mignoli, periodista, docente e investigadora, “la repercusión de cada femicidio suele variar con la identificación de los medios y de la sociedad con la víctima. El caso de Lucía irrumpió en la escena mediática, entre otras razones, por la cantidad de detalles que dio la fiscal María Isabel Sánchez sobre lo macabro de su muerte. Fue desgarradora, murió de dolor. Pero no es la única. Todos los días tenemos ‘Lucías’ que mueren quemadas, degolladas, torturadas, empaladas. Construirla como un ‘caso excepcional’ es negar la sistematicidad con la que ocurren femicidios en nuestro país”.

En menos de un mes las calles se colmaron de mujeres pidiendo por sus derechos, mujeres cansadas de ser violentadas. Cuando la televisión elige no mostrar ese reclamo masivo no es porque no sea “noticia” sino porque está decidiendo ocultar la potencia política que hoy tienen las mujeres, que paran un país mientras la burocracia sindical todavía teme a tomar las calles.

La lucha por la igualdad de género no se resuelve con mayores cupos femeninos en lugares de toma de decisión. De hecho, fue una presidente mujer la que se opuso al aborto legal y es una gobernadora como María Eugenia Vidal la que ejecutó sólo el 2% del presupuesto para prevención de violencia de género. La desigualdad se resuelve con políticas de Estado que modifiquen desde cada ámbito la matriz machista de la sociedad.

Las mujeres están pidiendo que no se las mate más, están diciendo que están cansadas. Y ya es hora de que el Estado escuche que esto se acabó. Por todas las Lucías, por las que ya no están y por las que siguen peleando.

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