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Cristina Fernández regresó a su cargo tras el forzoso reposo y planteó un enroque ministerial, tal como se esperaba luego de la derrota en las elecciones legislativas. Mientras la oposición habla de transición, una mirada a las señas que pueden adivinarse en el camino a las presidenciales de 2015 y el futuro del país.

> Por Rafael Farace

Al igual que en 2009, luego de las elecciones legislativas de octubre muchos analistas de izquierda y derecha se esfuerzan por cerrar el período del kirchnerismo en el poder. Christian Castillo en la revista Ideas de Izquierda sostiene que hay un largo fin de ciclo desde la crisis de 2008 y, Mariano Grondona en La Nación, afirma que el único interrogante de cara al 2015 es si el gobierno terminará de una manera “republicana” o con un “empecinamiento autoritario”. Más allá de las voluntades, la gran derrota de octubre no es asimilable a la de 2009: el kirchnerismo sigue siendo la primera fuerza del país con el 33,4% de los votos, aumentó su bancada en Diputados y retuvo el quórum propio en las dos cámaras legislativas. Los recientes cambios en el Gabinete muestran también que el gobierno conserva algunas cartas para seguir en su juego. Además, a esta altura del año la Ley de Emergencia Económica ha sido prorrogada y el Presupuesto para 2014 ya está aprobado, de manera que dos leyes claves para el año próximo se encuentran aseguradas.

Con una derecha fortalecida pero fragmentada y una izquierda en ascenso pero minoritaria, el principal enemigo del gobierno sigue siendo su propia tibieza para realizar cambios y la convulsionada economía mundial que no da tregua. De manera que más que intentar demostrar cómo se cierra el ciclo kirchnerista, interesa aquí dar cuentas de las dinámicas políticas recientes para pensar las posibilidades de un cambio por izquierda.

El regreso

Luego de 40 días de licencia forzosa, en la tarde del 18 de noviembre la Presidenta Cristina Fernández retomó sus actividades. Saludó a Michelle Bachelet por la elección en primera vuelta, se reunió con ministros de su gabinete en Olivos y publicó un video en YouTube donde presentó a su perro Simón. Los anuncios fueron realizados por el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, el mismo que hasta entonces venía informando la evolución de la salud de la Presidenta.

Dos importantes cuadros del gobierno fueron desplazados sin rumbo (Juan Manuel Abal Medina y Mercedes Marcó del Pont); Hernán Lorenzino dejó su lugar al frente del Ministerio de Economía para que sea ocupado por Axel Kicillof, mientras él se hace cargo de la recientemente creada Unidad Ejecutora de Reestructuración de la Deuda Pública; Jorge Capitanich ascendió a la Jefatura de Gabinete de Ministros; Norberto Yauhar fue reemplazado en el Ministerio de Economía por Carlos Casamiquela que dejó su lugar en el INTA; finalmente, Juan Carlos Fábrega y Juan Ignacio Forlón, dos cuadros técnicos del kirchnerismo sin inventiva propia, dirigen desde el mes pasado el Banco Central y el Nación. Como si fuera poco, un día después Guillermo Moreno presentó su renuncia a la Secretaría de Comercio Interior.

Este enroque ministerial despierta más dudas que certezas, pero de ninguna manera es un cambio cosmético. Un primer objetivo seguramente esté centrado en la homogeneización de la política económica que en estos años estuvo tensionada por las iniciativas no siempre unívocas de cuatro ministerios (Economía, Industria, Planificación y Agricultura), el Banco Central y la Secretaría de Comercio Interior. Con Kicillof como Ministro de Economía, sin Marcó del Pont en el BCRA y sin Moreno en Comercio, el gobierno espera poder resolver la acuciante falta de dólares en las arcas del Tesoro, pero sobre el cómo, hasta ahora hay más especulaciones que anuncios.

Por otra parte, Capitanich asume al frente de un cargo con gran exposición mediática y de gran responsabilidad en las negociaciones al interior del kirchnerismo. El flamante Jefe de Gabinete ya había ocupado ese cargo durante la presidencia de Duhalde y fue también un breve Ministro de Economía en los días de Rodríguez Sáa al frente de la Casa Rosada, pero es más conocido por su gestión como gobernador de la provincia de Chaco donde es responsable político de 84 casos de desaparición, muerte, asesinato y tortura realizados por la policía provincial en los últimos años, la autorización de desmontes masivos en bosques nativos y la promoción de una base norteamericana en el aeropuerto de Resistencia. El “Coqui”, como le dicen sus allegados, venía siendo presentado como un presidenciable para 2015 en medio del creciente protagonismo de Scioli durante la campaña electoral y ante debates candentes como la inseguridad y el narcotráfico. Si el ascenso de Kicillof da cuenta de la necesidad de responder a problemas urgentes, este retorno de Capitanich a la Jefatura de Gabinete agrega nuevos interrogantes al  futuro recambio presidencial aunque confirma la orientación hacia el núcleo del Partido Justicialista.

La economía no da tregua

Luego de un 2012 marcado por el estancamiento económico, en los últimos meses Argentina ha visto crecer su PBI nuevamente, pero las perspectivas siguen siendo poco claras. Estados Unidos y Europa siguen sin repuntar luego de la debacle de 2008, mientras China sigue desacelerando su nivel de crecimiento.

Aprovechando los altos índices de crecimiento económico, el gobierno multiplicó sus recursos financieros preparándose para hacer frente a posibles crisis económicas. Esto le permitió administrar con cierto equilibrio las dificultades atravesadas en 2008-2009 y 2012-2013, pero ante la continuidad de un inestable panorama internacional, el gobierno debe optar por realizar transformaciones estructurales o acudir al financiamiento externo. Si desde que se reiniciaron los pagos de deuda externa parecía que existía más voluntad por lo último que por lo primero, los pasos dados en los últimos meses confirman esta sensación.

Durante el mes de noviembre se avanzaron en las negociaciones con los fondos buitres, el Club de París y empresas que demandaban al país ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI). De esta manera Argentina intenta recomponer su imagen ante los capitales internacionales, presentándose como “pagadora compulsiva” y respetuosa de la “seguridad jurídica”, facilitando así el acceso del país al endeudamiento externo.

Ante la falta de dólares para hacer frente a las crecientes compras externas, el gobierno viene desarrollando una estricta política de control sobre la moneda extranjera, pero durante el último año ha recurrido con más intensidad a préstamos de organismos descentralizados del Estado (AFIP, PAMI, Banco Central, Banco Nación) como organismos multilaterales de crédito. Según informó la Secretaría de Finanzas de la Nación, la deuda pública ascendió a 196.143 millones de dólares al cierre del primer semestre de 2013, 13.402 millones de dólares más que en junio pasado. De esta manera, las acreencias netas del Estado Nacional pasaron del  41,5% del PBI a mediados de 2012 al 43,6% en la primera mitad de este año, un dato netamente incompatible con la política de desendeudamiento que el gobierno dice promover.

Por otra parte, luego de arduas negociaciones en Estados Unidos, el ex Ministro de Economía, Hernán Lorenzino, pudo mostrar en octubre un acuerdo con el Banco Mundial para otorgar préstamos al país entre 2014  y 2016 por 1.000 millones de dólares anuales, los cuales se destinarían a proyectos de salud, educación y desarrollo rural. En noviembre, el ex Ministro también anunció  un acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo por 24 millones de dólares en el marco del Programa de Innovación Tecnológica destinada a la formación de capital humano.

Sectores del oficialismo esperan que Kicillof a cargo del Ministerio de Economía revierta este giro hacia el mercado financiero, pero no señalan cuál sería la alternativa del gobierno para hacerse de dólares en medio de un gran fracaso de iniciativas como los bonos Baade y Cedin que pretendían canalizar el ahorro interno. Además, la llamada política de “desendeudamiento” ha sido ratificada con Lorenzino al frente de la Unidad Ejecutora de Reestructuración de la Deuda Pública.

No parece fácil revertir el rumbo en este contexto y luego de haber pasado tanta agua bajo el puente. En lo que va del año, el Banco Central pagó más de 8.000 millones de dólares en deuda externa, un monto equivalente al gasto en educación que el gobierno de la Provincia de Buenos Aires prevé realizar en todo 2014. Esta deuda que crece a pesar de los exuberantes pagos anuales reproduce los ciclos de endeudamiento para pagar deuda y patea hacia adelante las transformaciones estructurales que requieren los trabajadores para tener un empleo y un salario digno.

Cuando todo indicaba que el gobierno seguiría corriéndose hacia la derecha, acordando con los capitales financieros internacionales, dando apoyo a las políticas de ajuste y seguridad impulsadas por Scioli y promoviendo al gobernador bonaerense como sucesor presidencial, los cambios paralelos en la conducción económica y la Jefatura de Gabinete de Ministros parecen indicar que el kirchnerismo está dispuesto a fortalecer de la misma manera la mano izquierda y la mano derecha del Estado. Quizás esto permita fortalecer la imagen del gobierno y mejorar su performance electoral de cara al 2015, pero a la hora de elegir candidatos presidenciales las opciones se cierran cada vez más sobre gobernadores del PJ que posiblemente motiven rupturas al interior del campo oficialista.

El desafío de la izquierda, más que nunca, es estar a la altura de las circunstancias presentado propuestas claras a todos los que esperan un cambio radical del país. Para eso, primero habrá que reconocer las fortalezas del adversario y ampliar las fuerzas aliadas para dar una batalla política de primer nivel con eje en un programa de gobierno anclado en medidas transitorias que refunden el país sobre nuevas bases. Más de un millón de argentinos lo reclama.

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