COMPARTIR

A la dictadura contra revolucionaria (1976-1983) la desvelaban los delincuentes subversivos. Y, ¿quiénes eran tales “delincuentes”?: los militantes, y si luchaban por el socialismo mucho peor, como aclaró Videla estando preso.

Los tiempos han cambiado pero las ideologías se mantienen. Hoy el poder de la clase capitalista no se ejerce por medio de un gobierno de fuerza, sino por medio de la democracia burguesa. Por lo tanto se han visto en la necesidad de hablar bonito y endulzar las palabras, así han reemplazado a delincuente subversivo por militante.

En cambio, para los que militamos por el socialismo hay algunas palabras que tienen una profunda significación. Una de ellas es compañera o compañero, otra es militante, las que juntas y sumándole el objetivo del socialismo dan una tercera que es revolucionaria o revolucionario. Esta idea, por sí sola, alcanzaría para dejar en claro por qué a Macri y a la clase capitalista les preocupa tanto esta palabra. Pero veamos el origen más profundo de su odio: el odio de clase.

Un o una militante es quien lucha por un ideal, que entrega sus momentos de descanso y su tranquilidad personal a una causa justa. Quien en sus horas de trabajo tiene la palabra pronta para desalojar un casillero de la ideología individualista, inculcada por el capitalismo, en la mente de un compañero de trabajo o de estudio, construyendo los cimientos de la organización social y política revolucionaria.

Militante es aquel o aquella que una vez finalizada la jornada va a un barrio popular a llevar el mensaje de esperanza de un mundo mejor, que le roba tiempo al ocio o al placer para asistir a una reunión, o realizar una pegatina de afiches o pintadas, quien comparte una volanteada, un acto, un debate o una marcha.

Pero lo más sublime de la militancia es que no espera nada, ninguna contraprestación. Y esto puede ser posible porque su corazón y su mente han roto con la ley fundamental del capitalismo: la ley del valor por la cual todo tiene precio.

Los burgueses no forman organizaciones de militantes porque su ideal es la Ley del valor. Ellos forman organizaciones de mercenarios, es decir gente que percibe un dinero. Entre ellos algunos llegan a tener trascendencia como  Jorge Lanata, o convertirse en grandes capitalistas, tal el caso de Héctor Magneto, un hijo de trabajadores.

El desprendimiento de los valores materiales es a lo que le temen los capitalistas porque saben que hace poderosa a la militancia. En este sentido la militancia es más excelsa que el apostolado de la Iglesia Católica (y nótese que no digo de los cristianos), porque ella ofrece una recompensa en el más allá. Para el o la militante la recompensa es el bienestar y la felicidad del pueblo trabajador, sin pedir nada más y estar dispuesto a darlo todo, hasta la propia vida, como hicieron miles de nuestros compañeros y compañeras.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER