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Desde la Ley de Medios a la Ley de Telecomunicaciones, lo que se hizo y lo que falta en materia de comunicación en un país que vio nacer a grandes comunicadores comprometidos con la sociedad y hoy sigue buscando la tan ansiada libertad de expresión.

“Nosotros, que sufrimos el monopolio de las noticias, de la información, de la opinión pública que creaban las agencias yanquis, de la no información, el ocultamiento y la distorsión, sentimos también la necesidad de crear una agencia noticiosa”.

La cita es del periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, y está extraída del texto fundacional con el que, junto a Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez y otros tantos escritores y periodistas destacados de Latinoamérica, se daba forma a la agencia de noticias Prensa Latina.

Esta idea, que partió de la mente siempre inquieta de Ernesto Guevara, fue pensada como una herramienta de lucha que sirviera para cortar la mentira del imperio; al servicio de los pueblos de América y el mundo que quieren contar su verdad, y con el objetivo final no sólo de contrarrestar, sino de desplazar definitivamente a las grandes maquinarias periodísticas que respondían a los intereses políticos y económicos de las potencias mundiales, principalmente de Estados Unidos.

Las huellas de Walsh, Conti y Masetti, lejos de borrarse, hoy son fuente de inspiración de miles de comunicadores que en Argentina, como en el resto de Latinoamérica y el mundo, buscan crear nuevos canales informativos que ayuden a hacer circular la otra realidad. Para eso, las radios comunitarias, las revistas independientes y los colectivos de comunicadores siguen luchando contra los “monstruos” multimediáticos, ante la atenta, muy atenta e ineficiente (¿cómplice?) mirada del Estado.

Ley de Medios

“La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones”. Roberto Arlt

Después de 5 años de sancionada la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, 4 años de su reglamentación y 2 desde que la Corte Suprema aprobara el polémico artículo que obligaba a los grupos monopólicos a adecuarse a la desinversión, poco y nada ha cambiado en el mapa empresarial y los reyes de la comunicación siguen siendo los mismos.

Mientras Martín Sabbatella sigue levantando la bandera de la pluralidad de voces en cada rincón oficial u oficialista que le preste micrófono, la realidad muestra que, una vez más, el gobierno nacional intentó que Telefónica y Telecom se metieran de lleno en el negocio mediático a través de un artículo del proyecto de Ley de Telecomunicaciones que contradice a la propia Ley de Medios y les daba la posibilidad de tener servicios de televisión digital. En el mismo sentido, aún no se explica por qué la AFSCA aún no convalidó el plan de adecuación presentado por Telefe en marzo, en el cual argumenta no tener contacto con Telefónica, por lo que se niega a desprenderse de los medios que responden a la empresa española. Gerardo Milman, uno de los directores de la AFSCA por la oposición, consideró que el caso de Telefónica “fue cajoneado a la espera de la aprobación de la Ley de Telecomunicaciones”.

Como dijera el periodista Carlos del Frade en Mascaró #8: “La ley no va a cambiar la realidad. Ninguna ley lo hace”.

Argentina digital

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”. Rodolfo Walsh

Hablar de 3G o 4G en un país donde aún hay personas que juntan el papel de los periódicos a modo de salario resulta al menos inapropiado, sino vergonzante. Pero en la era del consumo, todo vale, y mientras muchos no saben qué vestir porque el precio de la ropa les es inalcanzable, otros compran celulares, televisores y computadoras a precios irrespetuosos, y para todos hay una ley. La nueva Ley de Telecomunicaciones que será aprobada antes de fin de año en el Congreso de la Nación tiene como objetivo que “todos tengan acceso a las comunicaciones”, según el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.

Algunos puntos importantes:

_Servicio público en competencia: se declara el carácter público esencial y estratégico de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

_Tarifas: las tarifas de interconexión serán reguladas por el Estado Nacional, permitiendo que todos los licenciatarios de TIC, ya sean Pymes, cooperativas, cableros, puedan acceder a la red a un precio justo y equitativo.

_Acceso a las redes de telecomunicaciones: se establece que los licenciatarios de servicios TIC tienen la obligación y el derecho de interconectarse entre sí. La apertura de las redes, garantiza el acceso a los licenciatarios que no cuentan con red propia y quieren brindar un servicio, entre ellos cooperativas, pymes y cableros.

_Un cable, todos los servicios: permitirá que a través de un mismo cable el usuario pueda recibir todos los servicios de su hogar. Asimismo, podrá elegir para cada servicio que quiera contratar al proveedor que más se ajuste a sus necesidades.

Si bien estos puntos son de trascendencia, existen algunas observaciones no menores respecto al proyecto presentado por el kirchnerismo. Uno de los más importantes tiene que ver con la Autoridad de Aplicación de esta ley, ya que no se explicita en ningún momento otro tipo de control que no dependa del Ejecutivo Nacional (en la Ley de Medios, por ejemplo, la Autoridad de Aplicación está integrada por diputados oficialistas y opositores, para garantizar un manto de democracia). Otro aspecto importante es la prohibición a las telefónicas de brindar el servicio de televisión satelital, algo que contradice a la propia Ley de Medios. Sin embargo, con este punto que resulta legítimo y que responde al pedido de PYMES y cableoperadoras pequeñas del interior del país, también resulta un gesto importante para la empresa AT&T (dueña de DIRECT TV) que continuará siendo la única proveedora de televisión satelital en nuestro país.

No hay dudas de que se trata de una disputa entre empresas que sólo quieren quedarse con la porción más grande de la torta. Sin ir más lejos, cuando se conoció de la existencia del proyecto, los medios del grupo Clarín lo denominaban “la ley Telefónica” y semanas después, cuando se eliminó el artículo que impedía la competencia de las telefónicas en la televisión satelital, los medios amigos/socios de Telefe comenzaron a llamarla “la ley Cablevisión”.

Entretanto, el economista Julio Gambina aportó un dato que casi no fue nombrado por ningún medio: “en noviembre se cerró la licitación para la ampliación de frecuencias 3G y 4G y el Estado obtuvo propuestas por 2.223 millones de dólares que ingresarán al fisco antes de fin de año, a las que se sumará una cifra similar en inversiones en infraestructura. Las empresas que participaron de la licitación son Movistar (Telefónica), Personal (Telecom), Claro (del magnate Carlos Slim) y Arlink (Grupo Vila-Manzano). Se consolida la dominación monopolista y transnacionales en el negocio de las telecomunicaciones”.

Papel o tijera

“Los directores del periódico colocan a los reporteros en la escala de los aprendices, y cuando de veras aprenden y su lenguaje deja de ser pobre, los asientan a arreglar el mundo en un escritorio, desde donde es más fácil llegar a ser diputado que escritor”. Gabriel García Márquez.

La “guerra” que el kirchnerismo le declaró al Grupo Clarín tras el conflicto con “el campo” en el 2008 tuvo varios capítulos, entre los cuales se destacan la Ley de Medios y la nueva Ley de Telecomunicaciones. Sin embargo, es curioso que hasta el momento el kirchnerismo no haya “atacado” al sector gráfico del grupo monopólico.

Al igual que con la Ley de Medios, los primeros en movilizarse por democratizar la industria gráfica son los propios medios alternativos que, conformados en AReCIA (Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina) elaboraron un proyecto de Ley de Fomento de Revistas Culturales Independientes y Autogestivas. Lo que se pide principalmente es que se reduzcan los impuestos para los medios autogestivos, que se declare la utilidad colectiva de las producciones independientes, y un impulso en la difusión a través de las instituciones del Estado. Además, la pauta oficial que se destina a las revistas independientes es absolutamente inferior a lo que reciben los grandes medios, por la que se pide también la creación de un fideicomiso que reciba el 20% del presupuesto oficial destinado a las emisoras de radio, televisión, y los periódicos más conocidos.

Si bien en junio de este año la presidenta Cristina Fernández anunció una importante reducción impositiva para el sector, desde AReCIA consideran que este es un paso adelante, pero que si no se trata prontamente la ley (ingresada en Diputados en mayo de 2012), muchos de estos medios corren el riesgo de dejar de existir. Si se tiene en cuenta que todos estos medios gráficos autogestivos tienen un potencial de 1.400.000 lectores y que aportan a la industria gráfica (principalmente PYME) $ 1.750.000 pesos mensuales, el camino de la libertad de expresión y de oportunidades, como el de la economía de las pequeñas y medianas industrias, estaría poniéndose en riesgo sólo por falta de una decisión política.

El compromiso como oficio

Sin lugar a dudas, el divorcio entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín produjo un antes y un después en cuanto a la credibilidad del monopolio dirigido por Héctor Magnetto. Antes de este divorcio, lo que salía de la pantalla de TN era una verdad certera, absoluta, indiscutible. Hoy los argentinos y argentinas ya no miran de la misma forma la tapa de los diarios ni confían ciegamente en lo que sus periodistas estrella comentan desde la TV. Esto es un paso adelante, una pequeña victoria coronada por el divorcio, pero impulsada y puesta en escena por miles de periodistas que, desde distintas trincheras, venían combatiendo la ferocidad del monopolio.

Hoy el desafío es avanzar, superar la barrera. Ya no hay un monopolio absoluto, una monarquía de la información, pero tampoco hay multiplicidad de voces y verdadera libertad de expresión. Se trata de luchar, de organizarse, de seguir escribiendo y hablando, de no callar. Como lo hicieran Masetti, Conti, Walsh, como lo sigue haciendo Osvaldo Bayer, y tantos otros y otras de los que tal vez nunca sepamos sus nombres.

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