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Cuando se dice que la polarización es funcional al macrismo, se dice una verdad absolutamente evidente. Tal verdad vale no sólo para el presente, sino para el pasado: la polarización fue funcional al macrismo también bajo el kirchnerismo. Aunque Cristina Kirchner atribuyera a esa estrategia un carácter genial, producto de su preclara mente, los hechos no han hecho más que desmentirla: la polarización es lo que explica que el gran empresario Mauricio Macri ocupe hoy el sillón de Rivadavia.

Pero la polarización no es un mecanismo “elegido”, su uso tiene algo de obligado. Polarizo para tapar lo que en verdad propongo, los límites de mi programa. Polarizo para que la gente siga creyendo que soy de izquierda, porque Macri es la derecha, aunque mi programa solamente apunta a que mi empresariado amigo reemplace al empresariado amigo de Macri en la dirección del país.

Por eso, a la pregunta que muchos se hacen, acerca de la idea de si la polarización entre Cristina y Macri sirve para frenar el monstruoso ajuste neoliberal, la respuesta es un rotundo no: la polarización no hará más que dar a Cambiemos la oportunidad de concentrar y mantener el voto antikirchnerista, mientras el voto antimacrista se dispersa.

El razonamiento es elemental: ¿cómo podrían dos fuerzas enemigas recurrir a la misma estrategia en su lucha entre sí? Los kirchneristas deberían aplicar en este caso el mismo razonamiento con que juzgan los hechos según los apoye o no Clarín o La Nación: si Clarín, La Nación y Macri promueven la polarización, seguramente esa táctica los beneficia. Alguien acá está equivocado…

En todo caso: ¿Puede  Cristina ofrecer algo serio a los heroicos choferes de colectivos (de cuya protesta se pretendió colgar) cuando ella como presidenta les mandó la gendarmería dirigida por sus “ex empleados” Aníbal Fernández y Sergio Berni? No es a través de la reconstrucción del kirchnerismo que el pueblo trabajador avanzará en su camino al gobierno y al poder. Y el macrismo lo sabe. Por eso apunta a la polarización.

La enorme voluntad de movilización que las masas han demostrado es una señal de futuro. Su deseo de tomar en sus manos el desarrollo de las luchas y de los procesos que se desencadenan, no encajan dentro de práctica bonapartista en la que el kirchnerismo querrá encorsetarlas. Pero eso es el pasado, aunque saque todavía unos cuantos votos.

Por supuesto: la verdadera salida es la construcción de una alternativa política del pueblo trabajador. Pero eso es, por ahora, una frase. Habrá que ver si las fuerzas políticas que dicen expresar los intereses obreros y populares son capaces de canalizar electoralmente las luchas que recorren el país de punta a punta.

Visto desde los intereses del pueblo trabajador, el mejor resultado para octubre es el mantenimiento del triple empate que se produce, recurrentemente y no casualmente, desde el 2009 (excepción hecha del 54% de Cristina en el 2011). Es ese triple empate el que impide la hegemonía parlamentaria de cualquiera de las fuerzas burguesas, y traba por lo tanto el desarrollo de los planes de ajuste. La polarización, por el contrario, no hará más que abrir el camino a la victoria del macrismo nuevamente.

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