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> Por Daniel De Santis
Cristina Fernández, Hugo Moyano y Daniel Scioli. Las últimas semanas de junio y las primeras de julio fueron agitadas por duros intercambios verbales de dos de sus tres protagonistas centrales (el otro no dice nada). Aquí intentamos ver qué hay detrás de los insultos y los silencios.
Luego de las últimas elecciones nacionales que reeligieron como Presidenta a Cristina Fernández, algunos sectores del viejo activismo revolucionario pedían apoyar al gobierno nacional porque, si no se lo hacía, se le estaba haciendo el juego a la derecha. Pero era sabido que no le harían ni cosquillas, a un gobierno que obtuvo el 54 % de los votos, personas aisladas o pequeños grupos militantes, sino que debían preocuparse más bien por Scioli y Hugo Moyano. No había que ser adivino ni muy conocedor de la realidad para darse cuenta, sólo se necesitaba no dejarse obnubilar por la masiva propaganda oficial ni temerle a su dicotomía simplificadora.
Poniendo la basura propia en la casa del vecino
No sólo Moyano y Scioli son del partido de gobierno; también lo son o lo fueron Schoklender y De Vido; el ex secretario de Transporte que procedía del macrismo Juan Pablo Schiavi, y su antecesor Ricardo Jaime, del riñón kirchnerista; los cómplices intelectuales y políticos del asesinato de Mariano Ferreyra; el ex gobernador de Río Negro Carlos Soria y el ex ministro Aníbal Fernández; los gobernadores Insfran, Gioja, Capitanich, Urtubei, etc.; los barones del conurbado; y los socios capitalistas Esquenazi, Cirigliano… La lista podría ser interminable, es por eso que los debates se deben centrar en las ideas y las iniciativas políticas porque si es por denuncias, éstas no pararían nunca ya que la corrupción no es privativa de este o aquel gobierno sino que es consustancial a la actual etapa de descomposición ética (¿y económica?) del capitalismo hegemonizado por el capital financiero. Verdad sobre la que deberían tomar nota los dirigentes del actual modelo económico.
Las apariencias y las esencias
Entre los conflictos que tuvo el gobierno con las entidades agrarias, y el actual con la conducción de la CGT, hay varios actores y circunstancias que los asemejan: la defensa del modelo progresista vs el ataque al mismo; el alineamiento de todas las fuerzas de la derecha detrás de las entidades agrarias y el actual beneplácito de varias de ellas ante la protesta y rompimiento del ala moyanista con el gobierno; la disputa por la riqueza o pugna distributiva en ambos casos. Nos detendremos en este último punto.

Si se observa con atención se advertirá que la riqueza producida en el capitalismo se reparte entre renta agraria, ganancia capitalista y salarios de los trabajadores.

En aquella oportunidad la pelea era por la apropiación de la renta agraria extraordinaria entre las corporaciones agrarias, por un lado, y la industria y los salarios -vía los subsidios estatales a las empresas industriales y a las tarifas de los servicios, por el otro-. Al respecto, resulta instructivo recordar que en la génesis de los países de capitalismo avanzado se dio un duro enfrentamiento entre los terratenientes y los industriales que se resolvió con el avance de estos últimos sobre la renta agraria. El caso emblemático fue la cruenta guerra de secesión en EE.UU. entre el sur agrario y terrateniente y el norte industrial, ganada por este último y que posibilitó a ese país convertirse en la potencia hegemónica mundial. En Argentina siempre o casi siempre ganaron los terratenientes.

Aquí es oportuno repasar algunos conceptos teóricos. El actual Vice Ministro de Economía Axel Kicillof, en su libro de Smith a Keynes, enseña que para los economistas clásicos Adam Smith y David Ricardo hasta el mismo Lord Keynes, más allá de las diferencias entre ellos, la ganancia era de los capitalistas y el salario de los trabajadores. Ni que hablar de Carlos Marx, con quien el Vice según este libro parece simpatizar, para quien salario y ganancia no sólo que eran distintos sino opuestos, ya que afirmaba que “el trabajo no retribuido del obrero es lo que yo llamo ganacia”1, y unas líneas más adelante agregaba: “La renta del suelo, el interés y la ganancia industrial no son más que otros tantos nombres diversos para expresar las diversas partes del trabajo no retribuido”.

A este impuesto a los salarios se lo ha presentado como progresivo porque, dicen, es “solidario” con los que menos ganan. Más bien, parece tratarse de una típica medida del peronismo burgués que no avanza sobre la ganancia capitalista o la renta de los terratenientes, ya que no aumenta la masa salarial y sólo implica una redistribución al interior de los asalariados. Y lo niega el hecho de que los sectores de más altos salarios, con sus luchas, muchas veces abrieron el camino para la elevación de los del conjunto de los trabajadores.
El conflicto en el plano político
Este conflicto por el salario aparece como el emergente de otro más abarcador. Según algunas miradas, que buscan profundizar en las causas de fondo, el eje del debate sería acerca de la existencia o no de una burguesía nacional. El kirchnerismo busca apoyar su proyecto en esa clase y cree que la obrera tiene un papel subordinado en el proceso por lo que trabaja para que el protagonismo militante pase crecientemente a la juventud, de aquí la baja representatividad de la rama sindical del peronismo en las listas electorales y su casi desaparición en los discursos presidenciales.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #4

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