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Las banderas por los derechos humanos ante un nuevo aniversario del golpe, nos hacen pensar qué pasó social y políticamente para que hoy los 24 de Marzo sean de diversificación y no de unidad.
> Por Lucas Napoliello

*_Vas a la marcha el 24?

x_Sí, obvio, vos a cuál vas?

Parece mentira, pero no lo es. Años y años luchando por los derechos humanos, por el juicio y castigo a los responsables, por la identidad de los nietos, por la memoria, la verdad y la justicia, y cuando las cosas se empezaban a ver con más nitidez, las aguas se dividieron.

El 24 de Marzo de 2004, Néstor Kirchner inauguraba el espacio Memoria y Derechos Humanos, en el predio donde funcionó la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) y parecía que una nueva etapa se abría en la lucha de tantos años de tantas organizaciones políticas y sociales.

Convertir un espacio de horror en un lugar para la reflexión y la creación, era sólo el primero de varios pasos hacia adelante en la búsqueda de reparar el histórico daño cometido por el Estado en manos de la dictadura del ‘76. La nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, dieron lugar a los primeros Juicios por la verdad, a las primeras condenas a militares desde que se realizara el Juicio a las Juntas en 1985.

Por estos motivos, organizaciones como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas, Hijos, y otros organismos de Derechos Humanos, se vieron profundamente conmovidos por el rápido accionar del kirchnerismo y, como nunca antes, dieron abiertamente su apoyo a un gobierno.

En una presentación en Chubut de su libro “Alejandro, por siempre amor”, Tati Almeida, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, declaraba que “después de tantos años de lucha de los organismos de Derechos Humanos, familiares y militantes, hemos logrado hoy los juicios y las condenas, a partir de la decisión política de nuestro hijo Néstor Kirchner”.

Contradicciones de una gestión

Pero lo que parecía un lecho de rosas, empezó a parecerse a un mar de espinas y, las diferencias que desde años atrás fragmentaban a las distintas organizaciones, se empezaron a sentir con mayor énfasis.  Las limitaciones de un modelo que se rige bajo los parámetros del capitalismo, llevaron a las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner a verse en la necesidad de contradecir, en los hechos, lo que pregonaban en palabras. Nilda Eloy, representante de la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos, integrante del colectivo Justicia Ya, habló con Mascaró y dijo: “la cárcel efectiva de los responsables es sólo una de las causas porque uno marcha, no son sólo los responsables de la etapa 76-83, sino que también hay responsables por la desaparición de Luciano Arruga, la desaparición de Jorge Julio López, la matanza de tantos compañeros de los pueblos originarios, los responsables de la enorme cantidad de casos de gatillo fácil, por todo esto nos dan motivos para marchar con otras consignas que van más allá de decirle No al golpe”. No podemos dejar de nombrar también, el asesinato del maestro Carlos Fuentealba.

Ante cada uno de los casos antes nombrados, la respuesta del gobierno fue idéntica: silencio. El más llamativo tiene que ver con Julio López, a quien desde el oficialismo ni siquiera se lo menciona al cumplirse aniversarios de su desaparición.

Detrás de Fuentealba está la lucha de los docentes disconformes con su salario y sus condiciones de trabajo; la ausencia de López marca también la ausencia de un necesario desmantelamiento del aparato represivo estatal; que Luciano Arruga hoy no esté con su familia es otra muestra de la directa implicancia de la policía bonaerense en los llamados casos de inseguridad (Luciano se encuentra desaparecido luego de haberse negado a colaborar en robos para la policía de Lomas del Mirador, y luego de haber sido detenido y golpeado en más de una ocasión como forma de amenazas); los pueblos originarios no son perseguidos por cuestiones de raza o discriminación como quieren hacernos creer algunos medios de comunicación, sino que además, son torturados y asesinados por pelear por sus tierras, por oponerse a que los grandes negociados con las empresas trasnacionales le quiten su único bien, que es de todos, el suelo, la pacha; el crimen de Mariano Ferreyra vuelve a demostrar cómo la burocracia sindical, socia y cómplice de los gobiernos de turno, es capaz de cualquier cosa cuando los trabajadores se hartan de ser explotados.

Por todo esto calla el gobierno, por todo esto se pretende hacer historia con los derechos humanos y no presente. Eloy sentencia: “nos quieren hacer creer que por este modelo lucharon y desaparecieron 30.000 compañeros, y yo te puedo asegurar que las generaciones del sesenta y del setenta no era con esto con lo que soñábamos; soñábamos un país sin opresión, sin explotación y sin represión”. Se luchó (y se lucha) por un mundo donde se terminaran las injusticias, y no por un país donde se repitieran como farsa.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #9, marzo 2013.