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Esta historia ya es muy conocida. Arranca cuando los salarios atrasados sin pagar empiezan a acumularse. El patrón promete ponerse al día y, a costa de mucho esfuerzo, los trabajadores siguen bancando la situación, amparados en el sacrificio suyo y de sus familias. Después el patrón ya no da la cara. Corre el rumor del cierre y, tan repentina como rápidamente la empresa resulta abandonada, no sin antes ser saqueada en lo que en ella quedaba de valor. Los trabajadores quedan en la nada. Pierden lo que han construido con el fruto de su trabajo o, lo que es prácticamente lo mismo, quedan enfrentados a la casi imposible tarea del reclamo por vía judicial, que sólo garantiza mucho tiempo de espera y pocas posibilidades de éxito. El patrón se borra o, mejor dicho, evade sus obligaciones, simplemente llevándose el capital acrecentado por sus ex trabajadores hacia otro negocio que le resulte más rentable. Para él se trata de un simple cálculo financiero. Para los trabajadores se trata de una condena a la miseria.

Pero esta historia, por ser un clásico, no es parte del pasado. No es algo que pasaba sólo en otras épocas. Es una historia que se sigue repitiendo en nuestra Argentina de hoy. Pero, también hay que decirlo, es una historia que no siempre tiene el mismo final. Porque puede pasar lo que en estos mismos momentos está pasando con los trabajadores de la cadena porteña de comidas rápidas Nac & Pop que, siendo víctimas de la misma estrategia patronal de explotación y robo y, aunque acosados por la falta de pago de sus salarios, sus aguinaldos y los aportes patronales a que tienen derecho, decidieron organizarse, adelantándose a lo que suele ocurrir, y optaron por tomar el control de los locales, manteniéndolos abiertos y en funcionamiento bajo el modelo de autogestión propio de las fábricas recuperadas. Pues es precisamente ese modelo el que ha servido de ejemplo a los trabajadores de Nac & Pop para adelantar la resistencia ante los múltiples embates del empresario que les adeuda sus salarios y que busca a toda costa cerrar, ante las amenazantes apariciones de hombres armados en las inmediaciones y dentro de los locales, y hasta las maniobras para entorpecer el normal desarrollo de las ventas que adelantan funcionarios de distintos entes.

El modelo de control obrero ha contagiado también a los trabajadores de Nac & Pop de la conciencia de la organización y articulación con otras experiencias similares. Instancias de asesoramiento prestadas por compañeros de otras fábricas recuperadas, así como la construcción de una red de proveedores dentro de otros emprendimientos o cooperativas manejadas por sus trabajadores resultan ahora cruciales para el éxito de este paso dado por los primeros 2 locales de la cadena, a los que seguramente seguirán sumándose algunos otros de los 18 existentes en la Capital Federal. Si ese es el rumbo y el otro final para una historia que ya se había repetido, Nac & Pop dejará de ser el MacDonald’s criollo con nombre copado, para pasar a ser una alternativa real de trabajo digno y sin explotación, además de otra fuente de inspiración, concientización y ejemplo de la lucha de los trabajadores por su liberación. Hace falta mucho valor para atreverse a romper el curso de la historia, pero nadie lo va a hacer por nosotros si no nos decidimos a la acción.

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