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La explicación que dio el presidente Mauricio Macri en persona sobre las empresas offshore en las que está involucrado fue bastante curiosa: intentó dejar en claro la legalidad de la operación. Su participación como director en por lo menos dos sociedades de ese tipo se conoció luego de la filtración descomunal de documentos del estudio jurídico internacional Mossack Fonseca, el responsable de gestionar empresas de cartón en Panamá para un diverso abanico de clientes que incluye a millonarios, políticos, famosos, deportistas y personajes más turbios también.

“En el caso particular de lo que a mí me compete, es una operación legal hecha por otra persona constituyendo una sociedad offshore para invertir en Brasil, inversión que finalmente no se hizo y en la que yo estaba puesto como director (…) dejó de operar en el 2008 porque no hizo la inversión, por lo cual está todo perfecto”, dijo el presidente sobre la sociedad Fleg Trading Ltd, que se presupone ligada al Grupo Sociedades Macri (Socma), cuyos integrantes están implicados en por lo menos otras 8 empresas fantasma.

El argumento del presidente se completa con el hecho de que su padre Franco Macri habría declarado la sociedad al fisco nacional, lo cual para Ricardo Augusto Nissen -inspector en la Inspección General de Justicia de 2003 a 2005- es una contradicción en sí misma, ya que ese tipo de sociedades se conforman para ocultar la titularidad de las acciones y evadir impuestos sobre sus ganancias.

La información del llamado Panamá Papers fue dada a conocer por el diario alemán Süddeutsche Zeitung, el cual la compartió con el Consorcio de Periodistas de Investigación. En el caso de los documentos relacionados con argentinos, los datos quedaron a cargo a fin de cuentas del diario La Nación y el grupo Clarín, lo cual explica el blindaje mediático que están teniendo Macri y algunos funcionarios del PRO también implicados -como el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj y el secretario de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido.

Considerar esta práctica difundida en el sector donde más concentrada es la riqueza -corporaciones y particulares- como legal y cotidiana dice bastante de lo que piensa Macri y su gobierno sobre el mundo y más dice sobre el sistema capitalista que rige ese mundo. El objetivo inmediato de constituir empresas en paraísos fiscales es evadir impuestos, esconder ganancias y su origen ilícito o turbulento, lo cual tiene como consecuencia pérdidas multimillonarias para los estados nacionales.

“La corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico”, dice el filósofo Slavoj Zizek. El procurador general de Estados Unidos, Eric Holder, defendía hace un par de años la impunidad de la banca internacional luego de la crisis financiera de 2008 con estas palabras: “estas instituciones son tan grandes que es difícil llevarlas ante la Justicia y, si se hace, nos daremos cuenta de que, efectivamente, inculparlas por sus actividades criminales podría tener repercusiones negativas para la economía nacional, incluso mundial”.

Algunos de los paraísos fiscales donde pululan las empresas fantasma están radicados en las entrañas de Estados Unidos, Inglaterra y Europa, en lugares como Delaware o las Islas Vírgenes, reductos protegidos por sus respectivos gobiernos. Es lo que quiso recrear Macri en Buenos Aires, luego de asumir su primer periodo como jefe de gobierno, impulsando una ley luego frenada por la justicia, iniciativa que ahora retoma con ahínco el  actual jefe porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

“La sola idea de liberalizar la actuación de sociedades pantalla amenaza el tejido social y el Estado de Derecho, a la vez que conduce a descargar el peso tributario sobre la gente más pobre (la evasión elevada lleva a gravar el consumo) y sobre los que no tienen facilidades para recurrir a los sofisticados tipos societarios que permiten ocultar las rentas”, sostenía en su presentación contra la ley macrista la -actual aunque quién sabe por cuánto- procuradora Gils Carbó en 2009. Precisamente esa, ilegal o legal, es la matriz de funcionamiento del capitalismo, en el centro o la periferia, en Panamá, Delaware o Buenos Aires.

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