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En el inicio de las sesiones legislativas, la presidenta Cristina Fernández realizó el habitual balance de la gestión y la proyección del año entrante. Hay índices que se muestran y otros que se ocultan, pero a los números hay que verlos enteros.
> Por Lucas Napoliello

Llegó marzo y, tras dos meses de vacaciones, diputados y senadores volvieron a su lugar de trabajo. Como siempre sucede, la apertura de las sesiones ordinarias estuvo a cargo de la Presidenta Cristina Fernández o, mejor dicho, de los cientos de datos estadísticos que se ocupó de esgrimir durante casi cuatro horas de discurso.

Curiosa e inteligentemente, los datos aportados por la presidenta hacen la comparación de los diez años del kirchnerismo al mando del país, en contrapartida con los últimos datos estadísticos de la crisis de 2001. Brillantes por donde se los mire. Cada uno de los números es sobresaliente; creció la economía, bajó el desempleo, creció la industria, se construyeron escuelas, centros culturales, espacios de memoria, casas y mucho más. Felicitaciones, no se puede dejar de decir, se los compara con la peor crisis económica y política de la historia de nuestro país.

Los datos que se escaparon del discurso 

Detrás de cada dígito de pobreza y de indigencia, hay personas que no comen o no se educan o no se visten adecuadamente o no duermen bajo un techo. Detrás de cada “sector de la economía” que crece, hay empresas que crecen, empresarios que crecen y bolsillos que engordan. En agosto del año pasado, en ocasión del aniversario de la Bolsa de Comercio y acompañada de Macri y Scioli, Cristina remarcó que “nunca los bancos y las empresas ganaron tanto como con este gobierno”, para luego sentenciar “para eso están los empresarios, nadie quiere que pierdan plata, si pierden plata echan gente, y no hay actividad económica. Es simple la ecuación”. Y la presidenta no mentía, porque detrás de los bancos (ver recuadro), las empresas que más ganaron fueron los comodities agropecuarios y las empresas de telecomunicaciones.

Algunos datos que aportan: Telecom Argentina, reportó un incremento de 7% en su ganancia neta anual que llegó a los $2.732 millones, contra los $2.422 millones de 2011 y los $1.821 millones de 2010.

Minera Alumbrera fue la sexta empresa que más dinero ganó en 2012: 1.920 millones de pesos. Más de 5,3 millones diarios; 222.222 por hora y 3.703 pesos por minuto.

Bunge, la “empresa líder en agronegocios”, según se autodenominan, ganó 426 millones de pesos en 2012, lo que equivale a 821 pesos por minuto.

La exportadora agroindustrial Cargill ganó 298 millones de pesos durante el 2012.

Por su parte, Telefónica anunció en España sus resultados globales. En este marco, informó que su filial argentina registró ingresos por $ 24.880 millones (3.697 millones de euros), representando una suba de 18,4% frente a 2011.

¿Quién se animaría a criticar este modelo económico? ¿El mismísimo empresario devenido en Jefe de Gobierno Mauricio Macri? ¿El referente de la centro izquierda Hermes Binner, de cuya provincia se extraen las mayores ganancias de empresas como Cargill y Monsanto? ¿O el multimediático Francisco De Narváez?

¿Dónde está la…? 

Llama la atención que en un discurso plagado de datos estadísticos, de comparaciones económicas y porcentajes, porcentajes y más porcentajes, no se haya dicho una sola palabra de uno de los temas que más afectan a la población, y que es, tal vez, uno de los puntos más débiles del kirchnerismo: la inflación.

Inflación que no sólo depende del gobierno nacional, pero que es una decisión política intentar combatir. El economista Julio Gambina, lo explica de esta manera: “para resolver el tema de la inflación se necesita confrontar con el poder, con los fijadores de precios. Es una decisión política que va más allá de cualquier acuerdo de precios, una estrategia ya utilizada por la actual gestión y otras administraciones nacionales, no siempre con éxito. Para tener éxito en el control de los precios y la inflación se requiere la participación popular consciente, especialmente de los trabajadores sobre el sector con capacidad de elevar precios en el mercado, en general, los sectores económicos de mayor concentración del capital.” 

Como dicha decisión política parece no existir, las estadísticas del INDEC  no  son confiables y hasta las consultoras más oficialistas han reconocido que los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos poco tienen que ver con la realidad.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #10, abril 2013.

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