COMPARTIR

Pasó de todo en este movido mes de octubre: las fuerzas de seguridad salieron a la calle, desapareció Alfonso Severo, las centrales sindicales opositoras se unieron contra el gobierno. Una derecha escuálida se organiza y el gobierno algo debilitado se defiende como puede. Pero hay algo más que un conflicto entre oficialismo y oposición.
> Por Rafael Farace

Se pusieron de acuerdo en octubre. Gendarmes, prefectos, suboficiales de la armada, trabajadores enrolados en la CTA y la CGT opositora, caceroleros, mafiosos al servicio de Pedraza y la UTA. Todos y todas promovieron la ingobernabilidad y la desestabilización. Atentaron contra la democracia.

En este mes de octubre, tan distinto al de 1945, el gobierno recurrió a una retórica cercana a la de junio de 1955. Esa dualidad entre golpistas y demócratas, oligarcas y pueblo, reapareció con el conflicto agrario de 2008 y cuatro años después ya es reiterativa. Pero aunque mucho no convenzan con el posible retorno de las botas, el principal efecto de esta prédica parece ser una máxima convertida en sentido común de las mentes progresistas: no hay alternativa al gobierno. Lo que está por fuera es sustancialmente peor.

Con las botas en la calle

El martes 2 de octubre la Unidad Cinturón Sur 24 de Gendarmería, situada en el barrio porteño de La Boca, decidió auto acuartelarse en protesta por un recorte salarial. Rápidamente el reclamo obtuvo el apoyo de la Prefectura y la Armada, se expandió a distintos puntos del país y la movilización llegó a Plaza de Mayo, encendiendo la alarma en vastos sectores de la población. Los pronunciamientos del oficialismo fueron unánimes: “Empieza a parecerse al intento de golpe en Ecuador”, afirmó D`Elía, mientras los diputados del kirchnerismo reclamaban a la “subordinación a las autoridades lealmente constituidas”.
No debemos subestimar la utilización política que sectores de la derecha escuálida intentaron hacer del conflicto, pero no por ello habrá que dejar de lado el complejo entramado que parece llegar hasta el núcleo duro del Ministerio de Seguridad.

En el marco de las políticas de “sintonía fina”, el Ministerio pretendió terminar con el cobro de sobre sueldos a través de una mecánica que unía la administración de las fuerzas de seguridad con la justicia. Así sancionó en septiembre el decreto 1307 que modificaba la liquidación de los salarios de las fuerzas de seguridad.

Antes de que saliera a la luz, ese mismo decreto había sido causa de una dura polémica al interior del Ministerio de Seguridad, motivando que el Secretario de Seguridad Sergio Berni pusiera a disposición de la Presidenta su renuncia en disconformidad con la medida. El Mayor retirado del Ejército, mucho más cercano a sus colegas uniformados que la Ministra, había sido puesto en esa secretaría clave como posible figura de recambio ante la tensa relación que Nilda Garré mantiene no sólo con las fuerzas de seguridad, sino también con las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa. El tema de la discordia no es otro que la promoción de políticas de “seguridad democrática” que pretenden establecer cierta regulación civil a las tareas represivas.
El kirchnerismo, siempre pragmático, pone una de cal y otra de arena.

Dónde está Severo

El miércoles 3 de octubre alrededor de la medianoche los familiares de Adolfo Severo perdieron contacto con el ex gerente de mantenimiento de la empresa Ferrobaires. Al día siguiente la noticia de su desaparición se expandió velozmente, agregando una cuota de temor al clima enrarecido generado por el acuartelamiento de las fuerzas de seguridad.

Luego del asesinato de Mariano Ferreyra, Severo se había presentado por iniciativa propia a declarar en el caso. Señaló el accionar de la patota de la Unión Ferroviaria y sus lazos con Alberto Trezza, hombre que Duhalde puso a cargo de Ferrobaires desde su creación y que en opinión del testigo sigue siendo su gestor desde las sombras. “Nos persiguen por ser kirchneristas” aseguró Severo ante las cámaras la noche del 4 de octubre. “El mensaje no fue para mí, fue para la Presidenta”, dijo también la misma noche.

Aún en el estado de shock propio del secuestro, las confusas declaraciones que Severo realizó a la prensa al salir del Hospital Finochietto de Avellaneda despertaron muchas sospechas. “Está denunciando un hecho gravísimo para amedrentar a la Presidenta, al Gobierno y al Parlamento para que no avancen en un acto decisivo como es dar por cumplido al proceso de desinversión…

Nota completa en edición impresa. Mascaró #7, noviembre 2012.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER