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> Por Daniel De Santis
Continuando la mística del Bicentenario, muchas voces desde el oficialismo presentan las medidas actuales como una continuación de aquella gesta revolucionaria. Si se afina un poco el lápiz, tal vez se vea cómo se escribe la historia.
El 3 de agosto se depositaron los 2300 millones de dólares que restaban del pago del Boden 2012. “Esto demuestra una sólida convicción del Gobierno de sostener la independencia económica, que dará confianza y permitirá mayores inversiones” se entusiasmaron desde la Confederación General Empresaria.

Es que a pesar que el 78% de esos dólares iban para los tenedores extranjeros, la Presidenta les había dado razones de sobra. En su discurso en la Bolsa de Comercio retrató las exorbitantes ganancias de los bancos y el sector financiero, aún por sobre el promedio de los 90, presentándolo como uno de los grandes logros del gobierno. Con sus gráficos explicó que el índice MERVAL que expide la Bolsa creció un 254% desde mayo 2003, mientras que durante la convertibilidad sólo aumentó un 5%. Una conquista del modelo.

La derecha gozosa

Cristina Fernández omitió decir que el pago del Boden no llegaba con sus virtudes a los ahorristas estafados por el corralito y prefirió dar esperanzas en el futuro: “Cuando regulás para que los que son pobres sean menos pobres y los que son ricos, muy ricos, pongan un cachito de esa riqueza en la rueda de la redistribución para alimentar el círculo virtuoso, bueno, yo creo que esa es la revolución virtuosa que necesita Argentina y también el mundo”.

Por su parte el ministro de economía Hernán Lorenzino afirmó que el pago de los Boden “es posible bajo una concepción de independencia económica”. No hay duda que desde esa perspectiva los 19.600 millones de dólares que se pagaron desde 2005 hubiesen tenido mejor destino fomentando la producción de bienes, financiando las inversiones de YPF, por ejemplo, que ahora anda penando en busca de crédito externo, o a alguna otra rama de la producción para palear la baja tasa de reinversión productiva, uno de los factores determinantes de la inflación.

La derecha festeja con mal disimulo y, para que este parezca genuino, critica porque se lo hizo con reservas. No lo decimos nosotros, lo afirmó la Presidenta en la Bolsa de Comercio: “Este es el dinero que debían haberle devuelto los bancos a los ciudadanos y ciudadanas argentinas”.

La derecha escandalizada

La modificación de la Carta Orgánica del Banco Central le permitió al Gobierno aplicar la obligación de prestar el 5% de los depósitos a la banca privada. Los números fríos parecen espectaculares ya que representan unos 15.500 millones de pesos, pero comparados con los préstamos personales, que son cinco veces mayores a esa suma, vemos lo limitado de la medida.

El Informe sobre Bancos presentado recientemente por el Banco Central indica que entre 2005 y 2011 las ganancias de estas entidades financieras se multiplicaron por 8,25 en pesos (es decir, crecieron el 725 %) y por casi 6 en dólares (el 500 %) y en el primer cuatrimestre de 2012 continuaron esta tendencia, aumentando otro 32,8 %.

Analizando estos datos Alfredo Zaiat, en una nota en Página 12 del día 8 de julio, da cuenta de la tendencia a la concentración de la actividad bancaria que pasó de 721 bancos en 1978, un año después que la Dictadura liberalizara el sistema financiero, a 205 en 1994 y a sólo 80 entidades en la actualidad. De esos 80, los veinte bancos más grandes concentran el 92,2 % de los depósitos. Seguidamente afirma que la banca tiene una tendencia a actuar en forma pro cíclica, actitud que ejemplifica con una máxima de un experto: “El banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando sale el sol y nos lo exige cuando comienza a llover”. Por ello, resulta ingenuo el pedido que se formula en la página siguiente: “Los bancos tienen que abandonar esa actitud de entidad financiera especulativa y convertirse en “bancos”, que bancan, que corren riesgo”. Deberían recordar la fábula de la ranita y el escorpión.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #5, septiembre 2012.