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Escribo estas líneas después de presenciar la entrega a los directivos, por parte del Centro de Estudiantes, de las instalaciones de mi Escuela Normal Antonio Mentruyt (ENAM) de Banfield. Quiero aclarar: digo mí ENAM porque fue mi colegio secundario y porque en él trabajo hace años como profesor de Historia; glorioso por su tradición de lucha y compromiso con la defensa de la educación pública: 31 desaparecidos entre alumnos y ex alumnos.

Finalizada la toma de 5 días en rechazo del Plan Evaluar- Aprender, el edificio fue entregado en perfectas condiciones. La toma del ENAM y de numerosos colegios secundarios, junto con otras medidas como la negativa a permitir el ingreso de los “aplicadores”, la entrega de las pruebas marcadas en todas las opciones, y otros tipos de boicots, reveló un grado de conciencia y politización entre los estudiantes secundarios que asombra. Si tuviera más espacio describiría, como ejemplo, la disciplina, la responsabilidad, el compañerismo y el espíritu democrático que rigió aquí estos días. Muchos de los chicos son, fueron o serán mis alumnos, a muchos los he retado y los seguiré retando, los mandaré a agarrar los libros que no muerden, pero sepan, por este instante al menos, que se han ganado mi admiración. Nos hemos hecho compañeros.

Esta voluntad de lucha contrasta con la actitud vacilante y conciliadora de las direcciones de los sindicatos docentes. CTERA se limitó a solicitar la suspensión del examen, pero no tomó medida alguna. UDOCBA directamente apoyó la evaluación. Por suerte, aunque no por casualidad, la acción conjunta del movimiento estudiantil y de las 9 seccionales opositoras del SUTEBA (Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires) que pararon, hirió de muerte a la encuesta. Entre esas seccionales se encuentra nada menos que La Matanza, que representa más del 10% del sistema educativo provincial. Por supuesto, tanto el ministro de Educación, Esteban Bullrich como el presidente Macri van a salir a defender el éxito del operativo, pero el pueblo trabajador va a saber que esos resultados no serán más confiables que los números de inflación que daba el INDEC kirchnerista.

En fin, el mismo contraste entre voluntad de lucha de las bases y vacilación, conciliación o directamente traición que percibimos en el movimiento obrero. El día en que finalizaba exitosa la lucha de los estudiantes, de la que los dirigentes sindicales no dijeron ni pío, como si el problema de la educación pública no afectara al pueblo trabajador, la CGT “imponía” el bono de 2 mil pesos de “referencia” para los privados, a negociar con cada cámara.

Por su parte, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME)  ya anunció que no lo va a pagar. Mientras se suceden suspensiones, despidos y el salario real sufre una pérdida de más del 10%, los burócratas, operados por el Vaticano, garante centenario del régimen burgués, nos venden por un plato de lentejas. Y capaz que ni eso.

Pero, como en el caso de este nuevo movimiento estudiantil, la vida te da sorpresas: las bases rugen bronca y descontento. Las huelgas parciales, muchas impuestas desde abajo, se suceden y buscan orientarse y encontrar un cauce común. La proscripción y los manejos turbios y antidemocráticos para impedir que surjan comisiones internas que expresen esta voluntad de lucha están a la orden del día, como lo prueba la proscripción por la UOM- Avellaneda de la lista opositora en SIAT- Tenaris, nada menos que del grupo Techint. La CGT no hace más que poner una barrera nacional a un movimiento que pugna por salir a la luz. ¿Hasta cuando podrá contenerlo?

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