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Por Santiago Stavale

 

El 11 de julio pasado el Senado brasilero, a instancias del golpista Michel “Fora” Temer, aprobó una de las reformas laborales más brutales y anti obreras que hayan conocido los trabajadores latinoamericanos en su historia reciente. En el marco de una crisis política e institucional sin precedentes, y con la ventaja de contar con un presidente descartable (Temer sólo cuenta con el 5% de aprobación popular por lo que no debe pagar ningún costo), el capital nacional e internacional arremetió contra los derechos más básicos de la clase trabajadora. Así, a pesar de las dos huelgas generales y de las miles de protestas en todo el país, a partir de noviembre de este año los hermanos brasileros sufrirán las consecuencias de la nueva legislación que, entre otras cosas, supone: 1- que los acuerdos por sector, empresa e incluso individuales tengan preeminencia sobre la legislación vigente, es decir que no sólo se eliminen virtualmente las negociaciones colectivas sino que, por ejemplo, un empresario pueda lograr negociar condiciones de esclavitud con sus empleados y que ello valga por sobre cualquier derecho contemplado en las leyes nacionales e incluso en la propia constitución; 2- que los patrones puedan dividirle las vacaciones al trabajador hasta en tres períodos y exigirles jornadas laborales de hasta 12 horas (sin superar las 44 horas semanales); 3- que la empresa pueda contratar por hora o por jornada, no estando obligada a pagar un salario mensual, haciendo uso y desuso del trabajador a gusto y piacere; 4- que la contribución sindical pase a ser voluntaria, con el expreso objetivo de debilitar a las organizaciones gremiales; 5- que se amplíen las posibilidades de tercerizar todas las tareas, incluso la principal de la empresa; 6- que ésta última pueda negociar las condiciones de trabajo con una comisión no sindical, es decir que invente comisiones fantasmas con trabajadores pro-patronales; 7- que las mujeres embarazadas deban trabajar en ambientes insalubres si así lo dijera el “cuerpo médico” de la empresa;  8- que se flexibilicen las condiciones de despido; etc.

Es necesario entender que toda esta batería de reformas medievales corresponde a un rediseño de la arquitectura jurídica para un nuevo ciclo de acumulación del capital que tiene dimensiones regionales y no sólo puramente verdeamarelas. En la Argentina de Macri, desde inicios de 2016 los principales medios de información vienen insistiendo en la necesidad de una reforma laboral para “volver a darle competitividad al mercado”, “incorporar al país al siglo XXI”, “atraer a las inversiones”, etc. Por otro lado, la reforma trabalhista también oficia de excusa ya que, según los “ilustrados” analistas, ahora que los empresarios pueden explotar sin restricción al obrero brasilero no querrán invertir en una Argentina donde, como asevera Diego Coatz –director de la UIA-, “tenemos salarios altos para ser un país en vías de desarrollo” (RT, 11/8/17), o, como resaltó Macri, una poderosa “mafia de los juicios laborales”.

Que el objetivo del gobierno nacional será imitar al país vecino no caben dudas, la gran incógnita está en si podrá hacerlo con la brutalidad con que lo hizo Temer en Brasil. Varios analistas coinciden en que el poder del sindicalismo argentino sumado a los niveles de conciencia y participación de gran parte de nuestro pueblo en las luchas contra el gobierno no le permitiría a éste último aprobar semejante paquete de reformas. El camino adoptado sería entonces el de Vaca Muerta y SanCor, el de la Ley de ART o de “empleo joven”, es decir, reformas parciales y por sector. Sin embargo los últimos resultados electorales y la condescendencia explicita de la CGT con el gobierno parecieran darle al establishment un aire con el que no pensaba contar, por lo que podrían lanzarse a conseguir una reforma más integral. Nuevamente, y como siempre, recaerá la responsabilidad histórica en la movilización que logre nuestro pueblo y sus organizaciones para frenar esta avanzada del capital sobre nuestras vidas. Las calles y no las urnas serán las que puedan frenarle la mano a Macri. Quizás sea la oportunidad para comenzar con el contragolpe.

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