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El 2 de abril de 2013 será, para la mayoría de los platenses, una marca que estará siempre impregnada, como la del agua.

Pero esta fecha, además de traer los más trágicos recuerdos y las más lindas imágenes de solidaridad, trae, inevitablemente, un aprendizaje.

Cuando el agua se fue, empezó la reconstrucción del desastre, pero además, la búsqueda de responsabilidades. Así fue que, entre quienes encontraban en la cuestión climatológica el factor fundamental de tamaña inundación, y quiénes culpaban a los vecinos que sacaban la basura fuera del horario establecido, había un protagonista ineludible: el Estado.

La falta de infraestructura, la poca preparación a la hora de afrontar un desastre climático y el desborde de los arroyos fueron sin dudas ejes que atravesaron las culpabilidades estatales, pero, a nivel local, hay un ítem que sobresale y está en boca de todos los platenses: el Código de Ordenamiento Urbano. El COU, es la normativa que fija, entre otras cosas, las condiciones en las cuales se debe desarrollar la construcción en la ciudad. A pesar de las presiones populares y, aún bajo las consecuencias de  semejante tragedia, este código, diseñado por y para los grandes grupos inmobiliarios, y votado por concejales de todas las fuerzas con mayoría en el Concejo, no fue siquiera rediscutido y la destrucción de la ciudad, en pos de la riqueza de unos pocos, crece día a día bajo la connivencia del poder político, económico y mediático.

PRO CRE AR más negocios

Como dijo la presidenta Cristina Fernandez, el plan PRO.CRE.AR. es, sobre todo, una herramienta con la que se pretende reactivar el mercado de la construcción. Sin restarle importancia al hecho de que hoy miles de argentinos pueden pensar en tener por primera vez un techo, el plan PRO. CRE.AR. muestra algunas deficiencias si se lo pretende presentar como una política social.

En La Plata, la Municipalidad “hace bandera” de una reciente medida para que muchos adjudicatarios de los créditos, puedan acceder a un terreno para la construcción de su casa. Como muchos de los beneficiarios hoy no pueden acceder a la tierra que les permita construir (el tope que se les otorga es de $150.000 y hoy es imposible conseguir un terreno que valga menos de $200.000), el municipio local decidió crear un registro de terrenos de grandes hectáreas, para que sus dueños puedan hacer la subdivisión y, de esta manera, las pequeñas nuevas parcelas puedan ser vendidas a los que recibieron el crédito bancario.

Estas nuevas zonas a dividir están ubicadas en las afueras de la ciudad, en lugares catalogados como zonas rurales.

Mascaró consultó a Mariano Sage, miembro de Arquitectos para la Comunidad sobre las consecuencias de esta medida: “por un lado es real que la única manera que hoy tienen los adjudicatarios del plan para acceder a un terreno es comprando estas parcelas, pero lo que no se dice es que, por un lado, esto es un gran negocio para los que concentran la tierra en la ciudad, porque el Municipio no compra estas tierras para subdividirlas en forma planificada, sino que son los propios dueños los que subdividen sus hectáreas. De esta manera alguien que tenía una hectárea por un valor, supongamos, de 400 mil pesos, hoy la subdivide en 40 o 50 lotes y los vende a 150 mil cada uno y se terminan llevando una cifra millonaria que, además, hace elevar (aún más) el valor del suelo en toda la ciudad y beneficia a los grandes grupos inmobiliarios”.

Al mismo tiempo que el negocio crece, la “solución” que aporta el municipio trae graves consecuencias estructurales. Las nuevas zonas a habitar, expanden cada vez más los límites de la ciudad y acortan las zonas rurales. Al respecto, Sage profundiza: “los nuevos barrios que puedan surgir con esta expansión de la ciudad no tienen planificación alguna. Cada vez hay menos suelos absorbentes, no se tienen planificados zanjeos ni desagües y, si algo se supo luego de las inundaciones es que hay muchos estudios que demostraron que esta ciudad podía sufrir un catástrofe como la del 2 de abril y, lejos de estar pensando en mejorar las condiciones en las cuales la ciudad pueda crecer sin riesgo, el municipio sólo sigue pensando en los negocios inmobiliarios”.

Habitualmente se dice que siempre se espera que ocurra una tragedia para que se empiecen a buscar soluciones a los problemas. Evidentemente, en el caso de las inundaciones que sufrió La Plata, ni siquiera eso.

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