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Mientras los principales candidatos de la burguesía se reparten, según las encuestas, en partes más o menos iguales una torta electoral cada vez más chica, el dato político más significativo de la situación política es la consolidación y el crecimiento de la intención de voto a la izquierda, expresada en el FIT. Con un 5 % de intención de voto, la candidatura de Jorge Altamira casi triplica el resultado obtenido en 2011. Desde el oficialismo se ha insistido durante más de diez años en que a su izquierda no había nada. Los medios, tanto los oficialistas como los de la corpo, parecen haberse quedado con esa idea sin tomar nota de estos datos y han destacado, en cambio -unos eufóricos y otros desesperados- como hecho central de la coyuntura, la vuelta al centro de la escena política por parte del kirchnerismo.

Por supuesto, la enésima recuperación gubernamental de la iniciativa se apoya en motivos más pragmáticos y materiales que la inteligencia y destreza de la primera dama y su equipo: la domesticación del dólar y, con él, la de las expectativas inflacionarias. Digamos respecto a esto, sin embargo, una palabra: ya en el verano señalábamos en la edición electrónica de Mascaró que el problema de las cuevas y del dólar blue se resolvía “con cuatro patrulleros o, si se le quiere dar un tono épico, con 50 militantes”. Y, para darle una solución definitiva, con la estatización del comercio exterior. Pues bien, el gobierno ha tomado con casi un año de atraso, devaluación y rebaja feroz del salario real mediante, parte de aquellas medidas, incluyendo la tímida creación de la Oficina de Seguimiento y Trazabilidad del Comercio Exterior, con la que pretende evitar que se le caigan los dólares a los importadores y exportadores.

¿Por qué no lo hizo en el verano, evitando la devaluación y una nueva rebaja del nivel de vida popular? Porque se hallaba en plena operación de seducción del capital internacional, sin cuyo retorno al país, el capitalismo argentino es inviable. No hay que olvidar que, caída la cláusula RUFO el primero de enero, el próximo verano estará signado por la negociación con los buitres con los que, más allá de la retórica antiimperialista, el gobierno pretende llegar a un acuerdo. ¿Qué puede ofrecer la oposición burguesa frente un gobierno que vuelva a disciplinarse ante el interés superior de la sobrevivencia del régimen capitalista, sino responsabilidad y moderación a la hora de defender los sagrados intereses de la estabilidad del sistema? Es decir: defensa cerrada de las medidas antipopulares con que inevitablemente tendrán que rodear el retorno del capital financiero.

Está claro que, para el pueblo trabajador que se inunda mientras Insaurralde gasta 1 millón en su boda, o que sufre hambre mientras Lilita Carrió dinamita UNEN y Scioli con el apoyo de Massa destina 26 mil millones fresquitos para la policía que roba a los pobres y protege a los ricos, la política burguesa es una obscenidad de la que descree. En esas condiciones, es inevitable que la izquierda salga de la penumbra y empiece a ser un punto de referencia a quien se escucha, con quien se discute y a quien, incluso, se vota. El FIT tiene la virtud y el mérito de haber concentrado nacionalmente esa atención, pero a lo largo del país existen centenares de organizaciones de izquierda sin las cuales es imposible avanzar en la construcción de la herramienta política del pueblo trabajador. Es su derecho, pero también su responsabilidad, abrir el camino que permita avanzar hacia la unidad revolucionaria de la izquierda.

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