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De todas las frases célebres pronunciadas tras conocerse el indefinible raid nocturno del ex secretario de Obras Públicas de Cristina Kirchner, José López, la cita del título parece la más arriesgada, por su carácter profundo, incluso “antropológico”. En la misma entrevista en que Héctor Recalde, presidente del bloque del Frente para la Victoria, pronunciaba este aserto de magnitud ilimitada, aseguraba con justa razón ser él mismo una víctima de López, apoyándose en su recordada negativa a recibir una coima de 20 millones de dólares por parte de las empresas de ticket canasta. Es decir, negaba su propia aseveración, salvo que se excluya a sí mismo del género humano.

Recalde entonces podría ser incluido en la lista de los seres humanos no corrompibles. “Si no te vendés por 20 palos, no te vendés por nada”. Los seguidores de Lenin y el Che Guevara, sabemos perfectamente que existen los incorrompibles. Pero Recalde, como los nacionalistas populares en general, para los cuales el límite de su imaginación política no puede sobrepasar la “recreación” de una burguesía nacional, necesita aliarse con grupos empresarios que pongan la torta, que banquen el aparato, etc. Y entonces, aunque su propia conducta los contradiga, no pueden evitar pensar que “la corrupción es inherente al género humano”.

Es que para crear una burguesía nacional hace falta plata. Plata para comprar empresas y plata para hacer política para bancar el proyecto de comprar empresas. Entonces yo, nacionalista popular honesto, me vuelvo ciego, sordo y mudo y ni escucho ni veo ni digo que mis propios dirigentes son ladrones. Consiento esa especie de “acumulación primitiva” nacional que hasta puedo recubrir con alguna analogía marxista: ¿al fin y al cabo no fue el gran Carlos Marx quien dijo que el capitalismo nace echando sangre y lodo por todos lados? El problema es cuando se me viene todo abajo y yo no puedo imaginarme nada fuera del capitalismo nacional.

Porque en las actuales condiciones, con las finanzas y la técnica concentradas en las naciones imperialistas, es imposible que sea exitoso cualquier programa de desarrollo capitalista. De manera que estos proyectos conducen al fracaso y a la consolidación de la única forma posible de capitalismo, que es la que representa Macri.

En definitiva, no es verdad que la corrupción sea inherente al género humano. La corrupción, en todo caso, es inherente al capitalismo, como a todo régimen social en que la riqueza privada sea el principal objetivo a alcanzar. Por eso, quienes promueven un proyecto capitalista, del carácter que sea, tarde o temprano terminan salpicados por la corrupción, aunque no caigan ellos en la misma, (y encima teniendo que explicar la conducta de un tipo que lanza 6 bolsos con 9 millones de dólares por encima de la tapia de un convento).

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