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Tras seis meses fuera del gobierno, el peronismo, en sus siempre diversas vertientes, busca retomar el protagonismo político. El nuevo reagrupamiento del PJ y el “frente ciudadano” propuesto por Cristina se ofrecen como las dos opciones de los herederos de Perón y Evita.

Desde los primeros días del año, aprovechando las escandalosas medidas antipopulares tomadas por el gobierno de Macri, fueron los propios militantes de La Cámpora quienes salieron a afiliar al PJ y, semanas después, convocaron una nutrida cantidad de gente frente al Congreso para repudiar el acuerdo con los fondos buitres mientras, dentro del recinto, el propio Máximo Kirchner pedía al oficialismo que se debía “negociar mejor”.  Entre tanto, Diego Bossio, uno de los soldados más firmes, demostraba que la verdadera lealtad es para con sus intereses. Pichetto y otros aprobaban la entrega a los buitres y por su parte Abal Medina y Moreno cerraban filas con Scioli, Gioja, Insfrán y Espinoza (entre otros), para armar una sola lista de cara a las elecciones partidarias. De esta manera, lejos de ofrecer una “resistencia con aguante”, los diversos espacios peronistas parecían escapar cada uno para su ratonera sin construir una alternativa clara al macrismo, sembrando un panorama sombrío para quienes creyeron que el kirchnerismo – peronismo había llegado para pelear por las necesidades populares y no por meros lugares de poder.

Ante semejante escenario, la siempre inteligente expresidenta, aprovechó la tribuna armada por el juez Bonadío para “ordenar la casa” e intentar que el barco kirchnerista no termine de naufragar. Es que, más allá de aclarar que “pertenezco a otra organización, la del Partido Justicialista”, la expresidenta continuó la frase diciendo “pero bueno, bueno, amplitud” y llamó a sus seguidores a conformar un gran frente ciudadano en el que puedan sumarse los más diversos sectores de la sociedad enfrentados a las políticas de la aplanadora neoliberal macrista. Ante estas declaraciones no es descabellado creer que Cristina busca distanciarse de los sectores que rápidamente buscaron rearmar el PJ sin su figura y sin La Cámpora, pero también sabe que sin la estructura partidaria de su lado sería muy difícil pensar un retorno mediato al poder. La propuesta del frente resulta seductora y alentadora, pero habrá que aclarar algunos puntos para saber si será transformadora.

 

“Cristina, Cristina, Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación”

Entre otros tantos, ese fue uno de los cantos escuchados en el acto de Cristina en su presentación en Comodoro Py. Lejos de aspirar a una liberación, la expresidenta siempre dejó muy en claro sus intenciones y sus determinaciones capitalistas aliada a distintos sectores de la burguesía. Pero por sobre todas las cosas, el canto encierra un grito de apoyo, de incondicionalidad, de “acá estamos para lo que mandes”.

Sin embargo, buena parte de los miles de argentinos y argentinas que se vieron encantados por las políticas del kirchnerismo, también han mostrado su descontento a la hora de tener que votar por Daniel Scioli o aceptar la presencia de hombres como César Milani. El resultado electoral en manos del macrismo es una clara muestra de la pérdida de apoyo de la población y, el reciente acto en Comodoro Py, aunque logró una convocatoria masiva, lejos estuvo  de aquel 9 de diciembre pasado, donde la Plaza de Mayo se vio desbordada de seguidores de Cristina.

Ese amplio sector al que la principal referente del frente busca seguir conquistando o pretende reconquistar es el que no tolerará que en el posible frente ciudadano aparezcan nombres que ya han demostrado ampliamente estar en las antípodas de cualquier gestión popular. Scioli, Insfrán, Gioja, Moyano,  Monsanto, Barrick, Barrionuevo y Milani, entre otros, no pueden caber en un frente que busque ser apoyado por quienes hoy sufren los embates del macrismo.

El desafío del kirchnerismo será entonces definir si será parte de un gran frente ciudadano alejado de los enemigos del pueblo, o si la propuesta de la expresidenta se limitará a buscar rearmar su plataforma electoral-clasemediera para volver a poner al justicialismo a la cabeza de la oposición porque, como bien aclaró Cristina, también es parte del Partido Justicialista.

 

Palabras menos

Después de varios meses de silencio, las expectativas sobre el discurso de Cristina Fernández eran grandes, tan grandes que hasta los medios monopólicos que tanto se quejaron de las cadenas nacionales transmitieron por completo su discurso de poco más de una hora.

Ante una propuesta política como la expuesta por Cristina, bueno hubiera sido escuchar una reflexión autocrítica para cerrar una etapa, o al menos para cambiar de página. Durante la alocución, la expresidenta criticó duramente al gobierno actual y a la situación en la que están hoy miles de argentinos, pero nunca hizo alusión a la situación política que llevó a su gobierno a la derrota en manos del macrismo ni a las medidas que, en la actualidad, diputados y senadores de su bancada decidieron apoyar aun sabiendo el efecto que se produciría en la sociedad, tal como fue la aprobación del pago a los holdouts para un futuro endeudamiento con organismos internacionales.

Así mismo, hizo referencia a la entrega de la soberanía nacional llevada adelante por la dictadura de la llamada “década infame” y los posteriores gobiernos de facto, pero no habló de la depredación de recursos suscitada durante su gestión que generó no sólo desastres ecológicos, sino que pone en juego la salud de buena parte de la población actual y de generaciones venideras. Además, nada se escuchó sobre las provincias o los municipios en los que aún gobierna el kirchnerismo y donde también hubo despidos, ajustes y represiones.

Nota completa en edición impresa Mascaró #35, Mayo – Junio de 2016.

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