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> Por Agustín Santarelli

Si usted vive en alguna ciudad grande, fundamentalmente en el conurbano de una ciudad grande, no necesitará que se le cuente que una invasión de oficiales vestidos de verde superpobló calles, puertas de colegios y centros comerciales desde los primeros días de septiembre.

La presencia de los gendarmes a las calles llegó tras la derrota electoral en las PASO y acompañada de otra serie de medidas y anuncios, fundamentalmente en la provincia de Buenos Aires, donde las “ideas” de Daniel Scioli volvieron a merecer consideración por parte del kirchnerismo.

Al margen del revés electoral, la salida de Gendarmería se percibía desde los días de la inundación de La Plata, a comienzos de abril de este año. Durante los días de emergencia desde el oficialismo se insistió en la “gran actuación” de los uniformados.

La propia presidenta Cristina Fernández enfatizó en recobrar la imagen del Ejército colaborando tras el temporal. En la televisión, diarios y redes sociales se festejaban las fotografías entre militantes de La Cámpora, Unidos y Organizados, junto a gendarmes.

En ese clima, Agustín Rossi asumió su cargo en el Ministerio de Defensa.      Al cumplirse 100 días en su nuevo cargo Rossi explicó que “es una nueva etapa en la que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner nos encomendó construir puentes entre Fuerzas Armadas y sociedad civil”.

La iniciativa de sacar a los 5 mil gendarmes a caminar las calles encontró buena recepción en la oposición de derecha y la crítica pasó por el plazo que marcaba el fin del denominado “Operativo Centinela”. Rápidamente y para que no parezca que la medida podía tener un trasfondo electoral (habida cuenta de que la fecha de caducidad del operativo está pautada para un par de días después de la votación del 27 de octubre), el flamante ministro de Seguridad bonaerense, Alejandro Granados, afirmó que “los gendarmes vinieron a la provincia de Buenos Aires para quedarse toda la vida”. Todavía nadie desmintió a Granados.

El próximo 2 de octubre se cumplirán 6 meses de la catástrofe de La Plata. Ese día se presentará un informe realizado por el Colegio de Trabajadores Sociales de la Provincia de Buenos Aires, a raíz del relevamiento socio-sanitario realizado inmediatamente después de la inundación. Entre las conclusiones a las que se arriba, se sostiene que la Gendarmería y las FFAA efectivamente estuvieron presentes en la ciudad durante los días de la emergencia.

Según adelantó a Mascaró la presidenta del Colegio de Trabajadores Sociales, Valeria Redondi, “El relevamiento recoge testimonios de vecinos que se vieron amedrentados por la presencia de las Fuerzas Armadas, y que se sintieron violentados. La realidad es que el Estado, pudiendo implementar una estrategia desde distintos sectores y organismos  y convocar a médicos, trabajadores sociales, psicólogos, que pudieran atender distintos aspectos, decidió utilizar a las Fuerzas Armadas para esa tarea, cumpliendo un doble objetivo. Porque en la presencia de los militares en los barrios, realizando la administración de la asistencia, también hay una intencionalidad del control social”.

Esta militarización de la asistencia no es contemplada en el balance de los lobbistas del verde oliva, como tampoco lo es el “trabajo” de la custodia a los grandes supermercados platenses en horas en que la población no tenía qué comer. O su tarea de cerco en la puerta de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social para contener a los vecinos que se agolpaban en las puertas del edificio Néstor Carlos Kirchner, durante los días jueves 4 y viernes 5 de abril, cuando entraba gran cantidad de “ayuda” de Nación pero poco se repartía. La asistencia y la solidaridad recién salieron a la luz durante el fin de semana, cuando el grueso de la militancia kirchnerista y las cámaras llegaron para mostrar y registrar la mancomunión sociedad civil-militancia-Fuerzas Armadas.

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