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> Por Camilo Napalpí

En las sociedades modernas donde las fuerzas productivas y la realidad material se ha complejizado a niveles inimaginables hace 100 años atrás, la ‘Energía’ necesaria para sostener estas sociedades se ha convertido en un tema de una importancia tan vital que hoy en el planeta se desarrollan guerras neocoloniales por el control geopolítico de recursos energéticos (Guerras de invasión de EEUU y “aliados” en Afganistán, Irak y Libia). Cuando además se intenta avanzar progresivamente en un desarrollo de las sociedades y su calidad de vida, es mucho más dramático el problema, ya que es fundamental planificar con qué energía se va a realizar el objetivo de desarrollo.

En un contexto mundial de recesión, sobreproducción y crisis sociales, el gobierno Nacional lanzó el año pasado un plan de desarrollo industrial y agro-industrial con el objetivo de duplicar el PBI y la producción de granos para el año 2020. Esta es una meta audaz en el contexto de crisis capitalista mundial. Lo que sigue en discusión es quiénes son los actores fundamentales de un plan industrializador: ¿El empresariado o los trabajadores? En este caso nos interesa analizar los déficits y potencialidades en términos energéticos para dicho plan.

¿Es real el problema de desabastecimiento energético?
El problema de desabastecimiento energético, es tanto con el gas, la electricidad y el gasoil. Es un problema generalizado de falta de inversión. Para satisfacer su demanda necesita de inversiones anticipadas con largos períodos de maduración que demoran entre 7 y 9 años en el mejor de los casos. En ese sentido, ese es un punto nodal de la matriz energética y su capacidad de afrontar cualquier desafío de desarrollo.

¿Cuál debería ser la tasa de crecimiento de energía por año para suplir la demanda actual y futura?
Respecto a las necesidades de crecimiento energético, el área de la generación eléctrica es central. Se requiere un aumento de la potencia de 1000 MW por año. Apenas se está alcanzando a lograr con algunos emprendimientos y con un retraso importante ya que, en el mejor de los casos, la puesta en marcha definitiva de una nueva central de envergadura puede ser de hasta 24 meses. El Estado Argentino a través de la Sociedad Anónima ENARSA (Energía Argentina S.A.) ha sido la principal inversora en desarrollo de nuevas centrales de energía eléctrica, pero aún muchas de ellas tienen demoras importantes en la puesta en marcha.
Los pocos nuevos emprendimientos privados en el sector de generación eléctrica han sido bajo la tutela del Estado. Varios de estos empresarios invirtieron a partir de deudas que tenían, siendo incentivadas a que -a modo de pago de esas deudas- inviertan en nuevas centrales de generación. O sea que el Estado de manera indirecta financia también.
El otro tema es que las nuevas centrales son con combustibles fósiles, principalmente Gas Natural y Diesel. Esto es un punto crítico para el gobierno que ha visto afectadas sus finanzas debido a los volúmenes de importación de estos combustibles para sólo la generación. Los subsidios energéticos con impacto presupuestario el año pasado treparon a $ 50.000 millones.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #2

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