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Por Nacho Saffarano*

 

Al momento de terminar de escribir este artículo, El Día, el diario de mayor tirada de la región que componen La Plata, Berisso y Ensenada, tituló lo siguiente: “Nueve de cada diez travestis que salen a la zona roja platense venderían droga”. No es casual. Este grupo mediático es quien lleva con mayor vehemencia un ataque frontal contra el colectivo de travestis y transexuales en La Plata. Claro que no lo hacen solos, el Intendente Julio Garro y el Arzobispo Héctor Aguer son férreos agresores de los derechos de las personas TTT. Desde hace varios meses, las razzias y las persecuciones nocturnas son la punta de lanza de estos ataques trans-odiantes, con el objetivo de amedrentar y aleccionar a las trans que se encuentran ejerciendo la prostitución en la vía pública.

En este sentido, poder hablar del Cupo Laboral Trans, es una oportunidad para que cada vez más sectores se incorporen a esta lucha.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de Cupo?

Las políticas de cupo se inscriben dentro de lo que se conoce como discriminación positiva o acciones afirmativas. En nuestra legislación, estas medidas tienen arraigo constitucional, ya que así las consagra el artículo 75, inciso 23. Tienen como objetivo garantizar la igualdad real de oportunidades y trato, y el goce pleno de los derechos consagrados por la Constitución. Son varios los ejemplos de legislaciones que se han acogido a esta figura. Entre las más destacadas podemos hablar del cupo femenino para cargos legislativos (reforzada hoy en día con la ley de Paridad); y del cupo para personas con discapacidad, que entre otros fines, obliga al Estado a darle trabajo en la administración pública, teniendo en cuenta un porcentaje mínimo y ciertos requisitos de idoneidad. El cupo laboral trans se inscribe dentro de estas medidas.

El  conjunto de personas trans-travestis es uno de los sectores más  golpeado del sistema capitalista hétero-patriarcal. La exclusión y discriminación desde temprana edad en los espacios educativos, la negación constante para acceder a trabajos formales y la violencia de las instituciones represivas, son moneda corriente. Sin embargo, la organización cada vez mayor del colectivo, junto con la apropiación de esta lucha por un sector relevante de la militancia popular, ha logrado instalar el tema y comenzar a arrancarle al Estado una serie de derechos fundamentales. La Ley de Identidad de Género sirvió, entre muchas otras cosas, como puntapié para exigir a las instituciones y sus representantes, cada vez más. Ejemplo de esto, es la sanción de la Ley de Cupo Laboral Trans “Diana Sacayán” en la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, las leyes se transforman en derechos, cuando son plausibles de ser ejercidas. Hoy en día, el cupo trans es un logro a medias: el Ejecutivo bonaerense sigue sin reglamentar la ley y determinar cuál va a ser la forma en la que miles de personas accedan a un trabajo que les permita gozar de una obra social y de la posibilidad de jubilarse. Esto no es para nada menor si tenemos en cuenta que la expectativa de vida de las personas trans es de 36 años. La disputa también implica garantizar un acompañamiento a las personas que empiecen a trabajar, al igual que generar un mecanismo inclusivo en relación a la idoneidad y los antecedentes penales, así como el acceso de las personas migrantes.

En un momento en que el vaciamiento del Estado y la flexibilización laboral están en boga, la lucha a fondo por este derecho, se vuelve fundamental para todo el movimiento popular.

* Abogado. Integrante de la Colectiva por los derechos de las personas Travestis, Transexuales y Transgéneros.

 

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