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Después de tres meses de gestión donde las promesas de alegría parecen estar reservadas sólo a una parte de los argentinos, Mauricio Macri busca consolidarse como el referente de los Estados Unidos en América Latina para llevar adelante los planes del imperio.

Cansados de escuchar que en el país estaba todo bien, tal vez entusiasmados por una alianza que prometió el cambio, que prometió una Argentina unida y sin grietas, más de la mitad de los argentinos eligieron a la alianza Cambiemos para dirigir las riendas del país y de varias provincias y ciudades. A tres meses de su asunción muchos ya se vieron decepcionados y algunos aún esperan la prometida alegría para el pueblo. Mientras tanto, Macri arremete contra los salarios, contra la protesta social, contra la libertad de expresión y recibe con honores al responsable de miles de muertes en el mundo, el presidente de Estados Unidos, Barak Obama.

Tanto fue el cántaro que la fuente se rompió
Allá por el año 2007, meses antes de las elecciones nacionales el ahora presidente de los argentinos se comunicaba con el cónsul político de la embajada de Estados Unidos para presentarle su proyecto ideológico como posible candidato a presidente. En el cable, filtrado por Wikileaks, Macri se presentaba de esta manera: “somos el primer partido pro mercado y pro negocios en cerca de ochenta años de historia argentina que está listo para asumir el poder”. Un año y medio después, según otro de los cables publicado en el libro Argenleaks, un asesor de la Casa Blanca informa a su gobierno que el líder del Pro sostenía que Argentina “necesita mejorar su relación con Estados Unidos” y sugirió que se reconozca al país “independiente de sus vecinos, en vez de agruparla con países como Bolivia, Ecuador o Venezuela”. Ya en 2010, insistiendo en recibir apoyo del gobierno estadounidense a su posible candidatura presidencial y buscando entablar contactos fluidos con el entonces gobierno de George Bush, Macri se dedicó a denostar al matrimonio Kirchner en un almuerzo con la por entonces embajadora Vilma Socorro Martínez, a quien además pidió ayuda para entrenar a la Policía Metropolitana.
Una década más tarde, Mauricio no sólo consiguió el apoyo norteamericano, sino que recibe la visita del propio Obama, y hasta se anima a declarar en el Washington Post “estoy listo para ser la voz en defensa de los derechos humanos en el mundo”.

El imperio contraataca
Sobre el rol de Macri en el actual contexto latinoamericano, Mascaró consultó al periodista Osvaldo Drozd, quien opinó que “si en Suramérica, el bloque de países integrantes del Alba (Venezuela, Bolivia y Ecuador) representa tal vez la avanzada política más interesante, la dupla Brasil- Argentina es el lugar más importante en lo referido al poder económico y que, a través del Mercosur, lograran los más exitosos procesos de integración. La llegada de Macri al gobierno afecta principalmente al equilibrio regional que fuera desarrollándose por casi década y media, y que tuviera como un rasgo distintivo la negativa a formar parte del Alca en 2005, y posteriormente la constitución de la Unasur en 2008”.
En ese sentido, es evidente que el relativo fracaso de los gobiernos progresistas que no supieron aprovechar el boom de los commodities, así como la explotación de los recursos naturales para cambiar la matriz productiva agroexportadora por una matriz industrial que rompa definitivamente con la dependencia de potencias imperialistas, permitió que la aparición de la figura de Macri, diera lugar a los grandes grupos que concentran la economía del país, volver a instalarse con más fuerza que antes. Drozd cree que “hoy la política de la derecha y el Imperio en la región más que venir a cubrir los baches de la economía productiva, parecieran estar centrados en recuperar una autoridad que se sustenta en el monopolio de la dominación autoritaria. Todo ello es justificado en la existencia de enemigos como el narcotráfico y el terrorismo, de los cuales los “gobiernos populistas” harían la vista gorda con lazos de complicidad inclusive. El crecimiento de las economías sumergidas (narcotráfico, trata, contrabando) lejos de ser obstaculizados por la llegada de gobiernos como el de Macri, se ven favorecidos por medidas como la liberación del cepo cambiario, o la eliminación de retenciones. Zonas liberadas fuertemente custodiadas”.

Derechos y ¿humanos?
Ni el más cínico humorista hubiera armado semejante escena. El 24 de marzo se cumplen 40 años del golpe de Estado más sangriento que tuvo la historia argentina. A esta altura casi nadie se atreve a negar que aquella dictadura, argentina y latinoamericana, no fue otra cosa que un intento más del imperio americano por apagar las luchas revolucionarias que se encendieron por todo el continente tras el histórico ejemplo de la revolución cubana. Para celebrarlo, el presidente argentino no tuvo mejor idea que recibir al mismísimo presidente de Estados Unidos, Barak Obama. Sí, el hombre responsable de más muertes en el planeta (curiosamente premiado con el Premio Nobel de la paz) vendrá “para conversar sobre el programa de reformas del presidente Macri y reorganizar sus contribuciones para la defensa de los derechos humanos en la región”, según informa el comunicado oficial de la Casa Blanca.
Sobre la visita de Obama, Mascaró charló con Elsa Bruzzone (profesora de historia y especialista en temas de Defensa Nacional, Estrategia y Geopolítica, secretaria del CEMIDA -Centro de Militares por la Democracia Argentina-) quien opinó que “Estados Unidos ha elaborado distintas formas para la apropiación de bienes naturales a lo largo del mundo. Su interés es el libre acceso y el control de los recursos, y una de las formas es bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, o el antiterrorismo. El símbolo de esta política es el del Plan Colombia, que entre otras cosas le permitió establecer una decena de bases militares en todo el país”. y luego agregó que “a partir del Comando Sur y su diseño de políticas, dice que la línea entre las policías y las Fuerzas Armadas debe ser borrada. En Argentina no se puede hacer aún porque la Ley de Defensa impide el uso de las Fuerzas Armadas en asuntos de seguridad interior. Pues uno de los desafíos del gobierno es modificar esa Ley, porque indudablemente sabe que para seguir tomando las medidas antipopulares que está tomando debe reprimir a las organizaciones y a un pueblo que va a resistir”.
Mientras tanto, las movilizaciones son reprimidas, hay chicos baleados por gendarmería, policías sin identificación pidiendo documentos, militantes baleados por punteros, miles de desocupados, derechos avasallados, leyes que no se cumplen, y empresarios cada vez más ricos.

“Hay que cambiar futuro por pasado”

El sincericidio de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal no fue en vano. El macrismo quiere volver al pasado y cuando hablan de pasado no sólo se refieren a la década menemista. En momentos donde se intenta volver a ser el país mimado por Estados Unidos, cualquiera que se interponga supone una amenaza.

Cuando en la década del 70 los genocidas buscaban legitimar sus atrocidades la frase que más se utilizaba era “algo habrá hecho”. Eso le decían a los familiares de desaparecidos y a la población en general cuando se intentaba dar con el paradero de alguien.

En la actualidad, para justificar un despido o, inclusive, para legitimar una represión se han instalado dos conceptos: o son “ñoquis” o “son militantes”. De esta forma, no importa si la persona es competente, si tiene motivos para reclamar, si cubre un rol importante en el Estado, si tiene que alimentar una familia, o si simplemente necesita trabajar para sostenerse, si alguien determina arbitrariamente que es “ñoqui” o militante no está tan mal que se quede sin trabajo.

Bajo esta prédica, el hecho de que Milagro Sala esté detenida no está mal, porque “algo habrá hecho”, o porque es militante. Para consolidar la idea medios como La Nación informan que continúan encontrando “irregularidades en la administración de la organización de Milagro Sala”, o que “Tupac Amaru había registrado 83 cooperativas en el mismo domicilio de su sede central”, pero nunca dicen que fue detenida por realizar una protesta.

En la misma lógica, la directora de Radio Nacional, Ana Gerschenson, admitió que revisó los tuits de los trabajadores despedidos de ese medio para justificar su decisión.

El caso más grave de persecución político / ideológica lo sufrió  Darío Julián Eugenio, militante del Movimiento Popular La Dignidad, quien recibió un disparo en el pecho a manos de un puntero del PRO tras gritarle varias veces que se dejara de joder con las tierras de un barrio en el cual Darío, junto a los vecinos, había logrado frenar un negocio millonario de especulación inmobiliaria. De este aberrante hecho no habló ningún medio nacional, ninguno.

La persecución ideológica es clara, y la idea de volver al pasado se concreta paso a paso.

 De resistencias y resiliencias

Ante la necesidad de resistir, algunos proponen hacerlo “con aguante”. Hasta el momento, el “aguante” consistió en convocar a miles de personas a una plaza para escuchar a sus referentes políticos; otros decidieron resistir en las calles, en los barrios, junto a los y las trabajadores, exigiendo el cese de los despidos, exigiendo frenar con la violencia policial, exigiendo que tengamos un país verdaderamente democrático.

Bajo la forma que sea, la resistencia deberá hacerse sentir para que los esfuerzos y las luchas de tantos años no sean en vano y para que los pequeños terrenos ganados no sean arrasados. La tarea no será fácil, al equipo rival lo integran burócratas sindicales, políticos corruptos, jueces parciales, policías muy policías y, lo que es peor, lo dirige la Casa Blanca.

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