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A los burócratas sindicales, parafraseando a Borges, “no los une el amor sino el espanto”, y el espanto no hacia Macri, ni entre ellos: los une el espanto a las bases trabajadoras y su tendencia al desborde, a los 17 de octubre, a los cordobazos, a los rodrigazos, a los 2001. Por ejemplo, el ex kirchnerista Antonio Caló ya está sintiendo el repudio de la base metalúrgica ante el miserable 22% pactado en paritarias (los cálculos más conservadores indican una inflación de 15% como mínimo en los últimos 4 meses, y se habla de un 8% para abril). El argumento con que justificó semejante  acuerdo es miel para los oídos de Macri y de los empresarios: moderados aumentos para cuidar los puestos de trabajo. Las insensatas bases metalúrgicas no se quieren tragar el sapo y reclaman 47%.

Pero no sólo la burocracia tradicional está complicada. En el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático de Argentina (SUTNA) se avecinan elecciones en las que existen importantes posibilidades de derrotar al kirchnerista Pedro Wasejko. Las bases docentes protagonizaron el 19 de abril una jornada ejemplar, parando numerosas seccionales junto a ATE, a pesar de que la dirección celeste de Yasky y Baradel se negó a unirse al paro nacional de los estatales. La preocupación de la dirección fue tal que, para evitar la adhesión, salió a difundir por las redes sociales que los docentes bonaerenses del SUTEBA no adherían al paro. Es llamativo que los burócratas más moderados  a la hora de oponerse al macrismo sean los aun y los ex kirchneristas.

En el marco de este panorama las cinco centrales sindicales (tanto las dos CTAs, como las tres CGTs) planean un congreso de unificación para agosto. Desde las bases, uno puede pensar que la unidad de los burócratas, al fortalecerlos, perjudica las posibilidades del desarrollo de las luchas obreras desde las bases. Es cierto que los burócratas se unen para limitar y controlar la protesta, pero también es cierto que la unidad de las organizaciones sindicales concentra la potencia de toda la clase trabajadora y, con ella, la presión de la clase sobre sus dirigentes. Bien mirada la cuestión, hay que decir que la unidad es ella misma el resultado de la presión de las bases.

El fantasma de la clase obrera y su rebelión sobrevuela las conciencias atormentadas de burócratas y políticos burgueses. No otra cosa está detrás del proyecto de ley de prohibición de los despidos, retroactiva al 1° de diciembre, consensuado por integrantes de todos los bloques excepto Cambiemos, sobre la base de un proyecto original del FIT. No otra cosa está detrás de la propuesta kirchnerista del Frente Ciudadano, que intenta desviar la protesta de la calle para canalizarla hacia las urnas, en busca de resucitar por enésima vez el fracasado y extinto proyecto  del capitalismo nacional.

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