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Cuando el capitalismo evoluciona y la conciencia no, los trabajadores y las trabajadoras sufren. Salarios indignos, precarización, despidos y presiones de un pueblo asfixiado bajo el manto neoliberal.

 

Entre la casa y el trabajo hay un mundo. Un mundo hermoso. Un espacio lleno de cultura y arte que el trabajador y la trabajadora merecen ver y merecen ser.  En ese mundo y en ese espacio que todavía es de muy pocos, la obrera, el peón, el albañil o la colectivera quedan casi excluidos. En tiempos de crisis, el pueblo vive preocupado por el trabajo. Y los empresarios… Bueno, ellos sólo quieren  ganar más y en esa fórmula el resultado siempre es negativo para los que ponen la mano de obra.

 

Se armó el bondi

“Las trabajadoras de trolebuses estamos orgullosas de nuestro trabajo, nos encanta, y nos duele mucho el vaciamiento de nuestra empresa”, cuenta Sonia Virginia Beas, delegada de Tamse Trolebuses, de la provincia de Córdoba. Desde los primeros días de junio, Sonia, junto a miles de trabajadoras y trabajadores nucleados en la Unión de Tranviarios Automotor (UTA) realizaron un paro que se extendió por 10 días para protestar contra el aumento salarial del 8% que Roberto Fernández (Secretario General del gremio) y el ministro de Trabajo Jorge Triaca habían acordado para los choferes de todo el país. Lejos de mejorar la oferta, las empresas que operan en Córdoba decidieron despedir a un total de 161 trabajadores que habían protagonizado el reclamo, lo que encendió aún más las llamas.

“Soy operadora de trolebús hace 25 años y te puedo asegurar que desde los 18 años ya empezás a sentir las secuelas en el físico, los dolores de columna, los problemas en los brazos, en los hombros, las tendinitis… y todo tiene que ver con las condiciones de trabajo. Más de la mitad de las unidades tienen 28 años de antigüedad y eso lo sentimos en el cuerpo las trabajadoras”. Además de su jornada laboral y de salir a la calle para reclamar por sus derechos, Sonia es madre. Sin embargo no siente que esté haciendo nada extraordinario: “es parte de la vida común de muchas mujeres”. Si bien han logrado algunos avances están peleando por otras condiciones: “queremos que se incorporen el día femenino y las guarderías, por ejemplo, porque el convenio de la UTA está pensado para los hombres solamente”.

Mientras espera una respuesta del gobierno y los empresarios (que habían firmado un acuerdo de reincorporación de los despedidos pero que luego dijeron que no iban a llevarlo adelante), Sonia tiene que ver cómo la burocracia sindical le llena la cabeza a muchos de sus compañeros  y compañeras aconsejándoles que “no se metan en líos”. Pero pese a todo asegura que “a pesar de que estén pidiendo nuestras cabezas, tenemos confianza en que vamos a poder revertir esta situación, no sólo por nuestros trabajos, sino porque esta empresa estatal tiene que tener las mejores unidades y el mejor servicio para los vecinos”.

 

Las deudas son de nosotros

O al menos eso es lo que asumieron los representantes de ATILRA (Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina), los empresarios y el gobierno Nacional al momento de firmar el “salvataje” a la empresa SanCor. ¿De qué consta el acuerdo? Muy simple, el gobierno pone unos 450 millones de pesos a cambio de que se estudie el convenio laboral y se lo reemplace por uno “modernizado”. Mientras se “moderniza”, es decir, mientras se flexibilizan las condiciones laborales, hay una parte del acuerdo que ya están pagando los trabajadores: “nosotros recibimos un descuento de un 15% de sueldo durante 6 meses para que no haya despidos en ese lapso”, cuenta a Mascaró Ricardo Urga, trabajador de SanCor en una de las dos plantas que la empresa tiene en la localidad de Chivilcoy.  Como si fuera poco un descuento del 15%, la empresa además les da “jornada libre” ante la falta de leche para el normal desarrollo de la planta, pero les descuentan esos días que no asisten. Ricardo agrega que “esto se podría haber evitado, pero no se hizo porque los directivos sabían que llegado el caso la plata no la iban a poner ellos”.

¿Qué saben los empresarios de la vida de un trabajador? ¿Qué sabrá Triaca de lo que es estar cinco, ocho o diez horas frente a una máquina? Ellos sólo miran números, pero Ricardo, como tantos otros, está ahí todos los días y se da cuenta de que la cosa ya no es igual: “ahora la cosa está distinta… Sin haber acosos ni maltratos, la cosa cambió. Antes uno podía decidir si hacer horas extras o no, ahora te lo exigen; antes vos hacías siempre la misma tarea, ahora ante la falta de compañeros te mandan a hacer cualquier cosa aunque nunca lo hayas hecho, y no podés elegir”.

Como tampoco saben, porque nunca les pasó, lo que es no tener plata para afrontar la vida cotidiana. Dice Ricardo que en enero la cosa se puso difícil: “cuando empezaron a demorarse los pagos muchos de nosotros nos vimos haciendo malabares para pagar las cuentas, para pasarle plata a nuestros hijos que están estudiando, y en muchos casos hubo gente que tuvo que pedir plata prestada a familiares o amigos para poder morfar hasta que les depositaran el sueldo, y eso es injusto porque vos trabajaste todo el mes y tenés que seguir yendo a tu trabajo”. Tan injusto y tan claro como lo describe Ricardo, las deudas de SanCor la pagan los laburantes, pero las vaquitas son de los otros.

 

Expo vergüenza

“Lo que te levanta la autoestima, lo que te hace ser quien sos, es tu trabajo”, dijo, cual humorista cargado del peor humor negro, Mauricio Macri a los cientos de chicos y chicas que lo escuchaban en la apertura de la Expo Empleo Joven. En principio porque en Argentina son muchas las personas que viven de algo que no les gusta y entonces se vuelve complejo tener la autoestima alta y, en segundo, porque su gobierno se está ocupando de destruir cualquier posibilidad de trabajo digno. La cuestión es que, mientras que se flexibilizan las condiciones y se reducen los costos laborales a lo largo y ancho del país, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires organizó la “expo” donde cientos de empresas iban a ofrecer puestos de trabajo a los más jóvenes. Fiel al estilo Durán Barba, el jefe de Gobierno Rodríguez Larreta también utilizó el cinismo al abrir la jornada diciendo: “nos pone muy contentos ver que este año se anotó mucha más gente”. Claro que las más de doscientas mil personas que asistieron lo hicieron, según Larreta, por “el entusiasmo que generó la del año pasado, y las ganas de muchos de repetir la experiencia”. No es chiste, lo dijo.

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