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> Por Agustín Santarelli
El Día de la Independencia y la disputa por los símbolos en la política de nuestros días. Cacerolazos, banderas y el himno cantado a lo rugbier. Patria, soberanía y camionazos en la disputa por la profundización del modelo Nacional y Popular.
Lo complicado en la escuela cuando se acercaba el 9 de Julio, o el 25 de Mayo era no errarle en cuál era el Día de la Patria y cuál el de la Independencia. Lo mismo con los años, qué cosa había pasado en 1810 y qué cosa en 1816. En el ping-pong de preguntas y respuestas de Feliz Domingo siempre había alguno que le pifiaba. Sea como fuere siempre se canta el himno. Por la Patria y por la Independencia se canta el himno. El problema es cuando no se sabe muy bien de qué se trata tanto la Patria como la Independencia.

Hace unos días, durante la sesión de la legislatura bonaerense donde se determinó un incremento en el impuesto rural, hubo enfrentamientos entre algunos ruralistas y militantes de la agrupación La Cámpora. En el bando encabezado por el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati, volvieron a aparecer las banderas argentinas, una de ellas llevaba la consigna “el Campo es la Patria”. Cuando la tensión se agudizó y La Cámpora y los ruralistas quedaron cara a cara, a la gente del campo se le ocurrió cantar el himno nacional.

En paralelo comenzó una seguidilla de cacerolazos porteños. La primera de las manifestaciones fue convocada en las redes sociales y amplificadas por el grupo Clarín “en contra de la corrupción”. Pero ninguno de los presentes supo explicar muy bien en esa ni en ninguna de las demás marchas, el motivo de la protesta. Por las dudas, luego de expresar su odio hacia la presidenta Cristina Fernández, de calificar como dictadura al actual gobierno, de añorar otro tipo de dictadura, de amenazar y golpear algún que otro periodista, se cantó el himno (siempre lo más parecido que se pueda a la forma en que lo hacen “los Pumas” en cada test match).

¿Cómo llamar a esta gente? En Venezuela, a los opositores, que tienen tan pocos argumentos y se les parecen tanto a esta derecha argentina, se los denomina “los escuálidos”. Más de un cacerolero vip ha remarcado que este país va a terminar como Venezuela. Pues bien, en todo caso habremos empezado por la derecha opositora, que es tan escuálida como la venezolana.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #3

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