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Como medidas proselitistas desesperadas o como acciones políticas concretas, las decisiones del kirchnerismo se asemejan cada vez más a las que pudiera tomar Macri, De Narváez o Massa.

> Por Lucas Napoliello

“Temblamos, lloramos, gritamos, no podemos más. Tenía 9 años, de luz, de risa, de paz.” Con esta frase comienza el comunicado con el que, desde el barrio Zavaleta, en Pompeya, los familiares y amigos de Kevin Molina informaban/gritaban al mundo sobre su asesinato. Kevin era menor, un muy menor alcanzado por las balas de la injusticia. Un menor pobre, claro, del que pocos se atrevieron a hablar, porque para hablar de Kevin, habría que hablar de la inseguridad, la inseguridad diaria, la que no se transmite por TV. Para hablar de Kevin, habría que hablar de la policía, la justicia y el poder político, que es donde se origina el crimen organizado.

(Des)medidas

En ediciones anteriores de Mascaró se analizó, por un lado, una preocupante escalada represiva frente a las protestas sociales a lo largo y ancho del país y, por otro, las posibles perspectivas del kirchnerismo frente a la derrota electoral sufrida por su principal candidato en la Provincia de Buenos Aires. Hoy estos dos puntos parecen ser parte de un mismo eje.

En plena recorrida de campaña por el conurbano bonaerense, Martín Insaurralde declaró que el oficialismo presentaría un proyecto de ley para impulsar la baja en la edad de imputabilidad de delitos. Horas más tarde, Daniel Scioli anunció el desdoblamiento del Ministerio de Justicia y Seguridad, dejando a Ricardo Casal al frente del primero, y designando a Alejandro Granados como principal responsable del segundo. Ambos hechos, en el marco de la “pelea” contra la inseguridad.

Es curioso que, el mismo Scioli dijera en Mar del Plata, en el Foro Internacional sobre los Derechos de las Mujeres, que estaba orgulloso de la presencia de Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez  Esquivel, porque “son ejemplares representantes de la lucha por la no violencia, la paz y la tolerancia social”, cuando su flamante ministro Granados, se hizo mediáticamente conocido en los noventa tras celebrar la designación de Aldo Rico como ministro de Seguridad en épocas de Ruckauf, y declarara públicamente (luego de evitar un robo en su casa), que les gritó a los delincuentes: “¡Te voy a tirar a la cabeza, la concha de tu madre!” y agregara, “Ojalá les hubiera pegado. Lamentablemente tuve mala puntería”.

Desde que se reabrió el debate sobre la edad en la que se puede imputar a menores que cometan delitos, las opiniones son muchas y diversas. Sin demasiados argumentos, el Secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, dice que hay que “dar un fuerte debate sobre el tema” porque “en casi todos los delitos participan menores”. Mauricio Macri, sólo tiene un pésimo argumento: “¿Por qué tenemos que hacernos los raros? El mundo entero ha bajado la imputabilidad, hay que bajarla”. Una de las voces más progresista fue la de Florencia Arietto, abogada penalista y presidenta de la ONG “Arde la Ciudad” que trabaja con chicos de barrios marginados; Arietto argumenta que “hay que dar un debate profundo, porque detrás de cada menor inimputable hay un mayor que organiza” y que bajo las actuales leyes “los pibes igual están encerrados pero como las causas se cierran no se puede investigar a quienes los mandan a cometer delitos.”

 “Hoy, cerca de las 19, cinco camionetas de Gendarmería cayeron en la redacción de La Garganta, estacionaron enfrente y abrieron sus puertas para que bajaran decenas de gendarmes armados hasta los dientes, sin identificación y en muchos casos encapuchados, con sus escopetas en mano. Justo en ese momento, la maestra de Kevin compartía una charla con nosotros y sus hermanitos jugaban en la redacción”, describe Paola Vallejos (prima del chico asesinado y redactora de La Garganta Poderosa) la desgraciada escena que tuvieron que vivir en la redacción de su medio, horas después de haber denunciado la inacción de Gendarmería el día del asesinato de su primo Kevin.

Más tropas

Pensar que el giro en la política de seguridad del oficialismo tiene mucho que ver con la campaña electoral post derrota de las PASO, no es azaroso. Fue el mismísimo intendente kirchnerista de La Matanza, Fernando Espinoza, quien declaró que el resultado negativo de las elecciones de agosto “tiene que ver en un 70% con la inseguridad”.

Si lo que nació primero fue la intención de endurecer las políticas represivas para con los sectores más vulnerables o las medidas de carácter electoralista, no es trascendente, lo concreto, lo material, es que la “mano dura” no tardó en llegar.

Aunque para los medios ya no es noticia, el 29 de Agosto un policía de la Bonaerense asesinó a Nélida Soledad Bowe, de 18 años, tras disparar sin ningún sentido a 4 personas que habían cometido un asalto en un restaurante de la ciudad de La Plata.  A pesar del gran esfuerzo por parte de muchos medios de justificar el accionar de Mauricio Aguirre, los testigos aseguran que los delincuentes nunca mostraron un arma, que el policía actuó en forma desesperada y que disparó a más de 40 metros de distancia en una zona muy transitada por esas horas.

A casi una semana de este hecho se produjo el asesinato de Kevin Molina, quién se refugiaba de una balacera producida entre supuestas bandas narcos. A los 9 años descubrió para siempre que cuando las fuerzas de seguridad tuvieron que cuidarlo, no lo hicieron.

En la mañana del 20 de septiembre, un grupo de vecinos de City Bell, denunció que dos gendarmes les apuntaron con sus armas reglamentarias  tras una discusión en la que los uniformados tenían como fin que dejaran de tocar la guitarra. Tras la denuncia, los gendarmes fueron detenidos y puestos a disposición del fiscal Marcelo Romero.

¿Entienden que no estamos jugando a las elecciones? ¿Entienden que nos mataron a mi primo? ¿Entienden que tenía 9 años? A nosotros, la politiquería berreta nos chupa bien un huevo. Y el tiempo “pre-eleccionario” nos chupa bien un ovario. A nosotros nos importa Kevin; Kevin y todos los pibes de nuestro barrio, que no vivirán en paz mientras uno o cien giles de gorra puedan llevarse puestos nuestra vida o nuestros derechos, como lo hicieron hoy. 

Datos no menores

Pese a lo que digan Berni, Scioli, Granados o Macri, las estadísticas, que a veces son simples números, muestran que la realidad real se aleja mucho de la realidad mediática y de campaña.

Según datos de la Procuración General de la Corte Suprema de la provincia de Buenos Aires, sólo el 4,3% de los delitos investigados en 2012 tienen como sospechosos a menores.

Según un informe elaborado por Unicef Argentina, en base a los datos siempre desconfiables del INDEC, durante el 2012 el 10, 3% de los menores de 18 años estaban bajo la línea de pobreza y el 2% estaban por debajo de la línea de indigencia, o sea que apenas si tenían para comer.

Sobre esta realidad Mascaró se contactó con Julián Axat, Defensor Penal Juvenil de La Plata, quién dijo que “existen niños y jóvenes que son reclutados para cometer delitos, pero existe todo un proceso previo de vulneración de derechos sistemático”. Luego agregó que “la impunidad de los reclutadores permite ampliar las estrategias de captación de niños y jóvenes donde el reclutador pocas veces se expone. Si la situación lo compromete, se las ingenia para dejarlos solos frente a la justicia, o bien se los libera a casos de gatillo fácil”.

En el año 2008, tanto Axat como el Juez Luis Arias denunciaron públicamente estas maniobras delictivas y agregaban que los circuitos del delito organizado tenían como principal objetivo el narcotráfico y que muchas veces implicaba a la mismísima policía bonaerense.

Mientras nadie niega esta realidad, tampoco nadie la asume. No existen siquiera propuestas electorales que apunten a terminar con la pobreza y la marginalidad de los menores. Mucho menos existe un plan de gobierno ni propuestas de ninguno de los candidatos que busquen desmantelar el delito organizado o las relaciones de las cúpulas policiales con los negocios del narcotráfico que, muchas veces, obligan a los jóvenes a cometer delitos y, en caso de que a alguno se le ocurra resistirse, le pasa como a Luciano Arruga.

Recalculando

Entre los anuncios que buscan acaparar la atención de quienes piden “mano dura”, y los debates dentro de sus mismas filas, el kirchnerismo también intenta, cada vez con menos éxito, tomar medidas de tinte progresista para no perder el apoyo de quienes siguen creyendo en “el mo delo”.

En ese sentido, el 27 de agosto la propia presidenta Cristina Fernández anunció la suba del mínimo no imponible del “impuesto a las ganancias” a un piso de $15.000 pesos. De esta manera, los trabajadores registrados que no superen ese monto no pagarán dicho impuesto al salario. Si bien la medida sigue siendo injusta, porque el salario no es una ganancia, suba del piso mínimo no imponible es una medida bien vista por buena parte de la clase media, sector al que el kirchnerismo apuesta a reconquistar de cara a los comicios de octubre. (leer “economía para transeúntes”).

Como parte de esta misma estrategia de anuncios para conformar a todos para que no cambie nada, el 12 de septiembre, el Ministro del Interior y Transporte anunció, mediante un documento, el traspaso de las líneas de ferrocarriles Mitre y Sarmiento, a manos de la Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado. De esta manera, se retomó la administración de estos dos ramales que funcionaban bajo las autoridades de Metrovías y Ferrovías. Si bien nuevamente la medida resulta insuficiente, es un paso adelante en pos de un sistema de trenes en manos del Estado para, como dice el comunicado oficial “profundizar el proceso de reordenamiento ferroviario”.

Con los candidatos paseando por televisión, los gendarmes por las veredas y las balas por casas indefensas, el panorama de septiembre se cosecha con olor a podrido. Sin embargo, la calle resiste, y avanza, pasó otro 18 sin Julio López y miles y miles volvieron a marchar por él, a recordarlo en murales, centros culturales, charlas, espacios radiales, fotografías y más. Aunque quieran borrarlo de donde no se puede, porque en López persiste el “Nunca Más” y en López persiste el “ya basta”. Nunca Más un López, ya basta de Luciano Arruga, nunca más un Kevin, ya basta de Nélida Soledad… ¡Basta Ya!

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