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La maniobra de sembrar la interna del PJ- FPV de opositores a Scioli amenazaba con dar lugar a cifras ridículas de pretendientes, a saber: Florencio Randazzo, Julián Domínguez, Sergio Urribarri, Jorge Taiana, Aníbal Fernández. A todos ellos se los dejó correr, se les palmeó la espalda, con tal de cascotear las aspiraciones del gobernador bonaerense y dificultarle el acceso a la Casa Rosada. Pero Griesa y Compañía patearon el tablero y hubo que modificar la táctica: fue necesario marcar la cancha y anunciar la continuidad, no sólo electoral sino también política, del proyecto kirchnerista.

Ese es el sentido final del acto de La Cámpora y del discurso de Máximo Kirchner. Ese acto debe entenderse en el marco del mismo contexto que dio origen a criaturas impensadas tan sólo semanas atrás: la Ley de Pago Soberano y el paquete de leyes “chavistas”. Tales leyes simplemente intentan mejorar las condiciones de las relaciones entre las pymes y las grandes empresas en favor de las primeras, pero profundizan las diferencias en el seno de la clase dominante. Como la Ley de Medios, no resuelven el problema de fondo, pero revelan la profundidad de la crisis del capitalismo argentino.

La proliferación de candidatos kirchneristas que prometían pureza y fidelidad para enfrentar y morigerar las pretensiones del sciolismo debía pues, ser contenida. La procesión había sido planeada y habilitada en otro contexto, marcado por la continua cosecha de éxitos en el proceso de retorno a los mercados. Se trataba entonces de disputar el control de la sucesión con el gobernador bonaerense y condicionar su actividad futura, en un marco de crecientes coincidencias ideológicas con el ex motonauta.

Ahora bien, el giro del gobierno, ¿es una simple puesta en escena? La verdad es que el problema es un poco más complejo. El kichnerismo no representa ni la misma fracción ni la misma política burguesa que Macri. Representó una política de resistencia al capital imperialista que, incapaz de rebasar los límites del capitalismo, ha fracasado. De aquí que haya mutado hacia una política de asociación con el capital extranjero, pero una asociación que pretende contemplar el interés del capital local pequeño, mediano y grande. Macri, en cambio, representa a la fracción más concentrada del capital nacional, interesada en regresar a los mercados a cualquier costo. No es casual que, a la quiebra fraudulenta de Donnelley le haya seguido la decisión de American Airlines de no vender pasajes más allá de tres meses, y el anuncio de IMPSA de verse en la imposibilidad de pagar un vencimiento de bonos de la empresa. Se trata, en este caso, del gran capitalista nacional Enrique Pescarmona, propietario de una empresa industrial de origen nacional, pero de envergadura mundial.

El fallo de Griesa dinamitó el plan de reconciliación entre el kirchnerismo y la gran burguesía tradicional porque la aceptación de sus condiciones de pago implica la liquidación del universo pyme. La supervivencia de este grupo social es la que está detrás de la reorientación de la política del gobierno. Lo que hay en esto de “puesta en escena” está condicionado a la vez por las condiciones reales en que se desarrolla esta disputa y, si bien es cierto que la voluntad del gobierno es la de esperar a que caiga la cláusula RUFO para arreglar con los bonistas que entraron al canje, el diablo puede volver a meter a cola.

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