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> Por Luis Brunetto

El ataque del gobierno nacional contra Scioli, endilgándole el mote de “mal administrador”, llama la atención no sólo por estar planteados en términos “neoliberales”, sino porque tal mote podría aplicarse al propio desempeño del gobierno nacional y, todavía, con más razón aun. Efectivamente, el déficit de la provincia de Buenos Aires será, durante este año, de alrededor de 15 mil millones de pesos, mientras que el de la Nación se preveía, antes del salto en el precio de la soja de los últimos días, en unos 50 mil millones. Se considera que la provincia de Buenos Aires representa un tercio del PBI nacional, con lo que su déficit se encuentra por debajo del que correspondería a su tamaño relativo al total de la economía nacional.

La cifra faltante para pagar el aguinaldo a los estatales era de 2800 millones de pesos, no mucho dinero para Nación. Por ejemplo, a principios de agosto hay que pagar el último vencimiento del BODEN 2012, por casi 3000 millones, pero de dólares… El gobierno nacional argumenta que no debe seguir cubriendo los desaguisados de las cuentas provinciales, pero ¿pagar a los acreedores externos tal cifra es correcto, mientras que asistir a una provincia con una cifra cuatro veces menor para pagar el aguinaldo a los trabajadores no lo es? Parece tratarse, más que de una cuestión de llamado al orden a un gobernador por su conducta fiscal, de una clara decisión política. La percepción por parte del kirchnerismo de que también el gobierno nacional paga ante los trabajadores el costo político parece haber sido la causa que forzó la decisión final de aportar 500 millones de la ANSES, y no la sensibilidad social hacia quienes, en su mayoría, “…trabajan 4 horas por día y tienen tres meses de vacaciones”.

¿Asistimos entonces a la batalla definitiva del kirchnerismo para bloquear la carrera presidencial del neoliberal Scioli? Parte de esto es cierto: asistimos al bloqueo del neoliberal Scioli con argumentos y medidas neoliberales. En el fondo, lo que hay es una política nacional de contención del gasto frente a la crisis mundial, que obliga a optar entre mantener los niveles de inversión social o los niveles de subsidio a la “burguesía nacional” y, a la vez, recomponer relaciones con el capital multinacional. En algunas esferas del gobierno que promueven enfrentar la crisis “a la brasilera” (contención del gasto para enfriar la economía y contener la inflación) se discutió, incluso, el efecto positivamente “enfriador” que puede tener una demora en el pago del aguinaldo.

Se trata de una consecuencia del viraje de la política económica kirchnerista, en la cual el crecimiento del salario ha dejado de ser el factor regulador.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #4

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