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Las burguesías y el imperialismo lo odiaron siempre al Che.

Antes que sus balas apagaran su vida terrenal,

anunciaron mil veces su muerte,  y más…

Aún lo andan matando y rematando.

En el colmo de su odio quisieron convertirlo en mercancía,

– ese trabajo muerto que mata y mata

y se intercambia por más trabajo muerto-

Pero, como la vida, que es porfiada, al Che no lo mataron.

Desde el brillo de sus precios,

desde la plástica materialidad que lo estampó mil veces,

y más

¡El Che sigue viviendo!

Los reformistas lo odiaron siempre al Che.

Hasta sintieron alivio cuando en la Higuera cerró sus ojos.

Mejor es un Che mártir,

un Che para llevarle flores.

En el colmo de su odio quisieron convertirlo en palabras bonitas,

en un afiche políticamente correcto.

Desde la empalagosa cursilería con que adornan sus discursos,

eligieron, con criterio científico,
el mensaje más opaco que pudieron encontrar.

Pero no se dieron cuenta…

Las palabras del Che son de fuego

¡Y arden!

¡El Che sigue viviendo!

Los etapistas lo odiaron siempre al Che.

Y miraron para otro lado cuando en Bolivia sonaba ese disparo.

En última instancia sería el castigo
por transgredir las leyes dogmáticas, dijeron.

En el colmo de su odio quisieron inventar
un Che “antimperialista” a secas.

Ese antimperialismo raro,

que le hace la contra a Lenin (¡y al Che!)

donde hay burguesías progresistas y etapas bien largas para

caminar junto a ellas.

Desde su apolillado dogmatismo lo quisieron encerrar en un cuadro…

Pero el Che es la dialéctica,

¡Movimiento permanente!

¡El Che sigue viviendo!

Los espontaneistas lo odiaron siempre al Che

En verdad, hasta sintieron envidia a su coherencia.

Para ellos la cuestión del poder se resuelve con consignas.

En el colmo de su odio se inventaron un Che “aventurero”

(¡pequeñoburgués! dijeron).

Desde su espontánea inocencia

escribieron que la guerrilla está por fuera de la lucha de clases.

La burguesía, zorro viejo, nunca ha leído esos panfletos…

¡El Che es su enemigo número uno!

¡El Che sigue viviendo!

Las y los revolucionarios se enamoran siempre del Che.

Por eso nunca le creerán a la muerte,

a los arrepentidos de la autocrítica,

a los mariscales de la última moda.

Es que el Che es la revolución,

el fuego,

la dialéctica,

Nuestramérica,

la conciencia,

el pueblo en patas,

el socialismo,

la humanidad redenta,

la esperanza…

Y en el colmo del amor,

a veces la vida,

cuando entra en confianza,

le toma prestado el nombre,

y se dice a sí misma,

¡ey Che!

¡El Che sigue viviendo!

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