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Por Andrés Carminati

Hay un hilo histórico que aparece cortado:

es el que une las luchas de los pueblos

con las conquistas de derechos.

Cuando la espuma de la lucha baja

siempre llueven los milagros y buenas voluntades

de repente todos los gobiernos despiertan de buen humor.

En el mar del pueblo no hay memoria única

la fragmentación organizativa

es también de las miradas.

Todas las experiencias son parciales

y están incluso los que la vieron por TV.

Distintas organizaciones

(cuando las hay)

reclaman porciones pequeñas

de pequeñas luchas

(cuando las hay)

Entonces no hay una visión del conjunto

se pierde el hilo que une Cutral-Co con Avellaneda

que une el Santiagueñazo con diciembre de 2001

sin hablar del Cordobazo y más atrás…

Ese hilo histórico aparece cortado.

Pero hay quienes conocen el arte de la tijera

y el de trenzar otros hilos:

que siempre subrayan milagros

solitarias voluntades

de los que pueden hacer todo
por nosotros.

Los milagristas siempre nos convocan al silencio

– pues al parecer la crítica es sólo provecho para el enemigo.

Siempre nos quieren en casa y (cuando hay) en el trabajo

– porque la movilización fortalece al enemigo.

Para ellos

si hemos de avanzar será por la voluntad divina.

Recuperar el hilo

anudar sus retazos dispersos

enlazar las experiencias

es una tarea política

y de organización

Sólo la visión de la totalidad

nos permitirá asestar el golpe mortal a la injusticia.

Y mientras que en el mismo pueblo estén

los adoradores de milagros,

los eternos agradecidos,

los subrayadores de voluntades,

seguiremos expropiados de la historia

y por tanto expropiados del sentido,

de la voluntad

y de la certeza que al futuro

o lo amasamos con nuestras propias manos

o seguiremos siendo harina

de los dueños del molino,

de la imprenta

y el papel donde se imprimen

sus historias, sus periódicos
y sus votos.

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