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Cuestionar el género ya no es sólo cosa de mujeres. Ellos también se definen feministas y se organizan para deconstruir la masculinidad y renunciar a los privilegios patriarcales.

El feminismo lleva años de aclarar que su fin no es ejercer un machismo al revés, ni dar vuelta las opresiones históricamente dirigidas hacia las mujeres, y enfocarlas hacia los varones; sino el lograr una sociedad más justa y equitativa para que ni el género, ni la clase, ni la pertenencia étnica nos condicione o someta.

En una sociedad patriarcal son los mismos lugares y roles de privilegio otorgados a varones los que se vuelven opresivos para ellos: la presión de ser el sostén económico de sus familias, de competir y demostrar fortaleza y virilidad constantemente. Por eso no es de extrañar que entre los motivos que llevaron a los varones que hoy militan y se definen antipatriarcales aparezcan este tipo de relatos. Lisandro Rodríguez Cometta, de La Plata dice que cuando se sumó a VA “buscaba y trabajaba personalmente para dejar atrás vínculos, entornos y prácticas que me generaban malestar, que me encorsetaban, que me limitaban y donde aparecía la violencia machista de múltiples modos, sobre todo conmigo mismo”.

La Plata es la ciudad donde en 2010 nació el colectivo de Varones Antipatriarcales, donde se formularon las primeras preguntas sobre la construcción de la masculinidad y a modo de taller itinerante, la experiencia se hizo extensiva a las provincias de Santa Fe, Mendoza, Córdoba, San Luis, Neuquén y también a Capital Federal y otros puntos de la provincia de Buenos Aires.

Ese cuestionarse y poner en jaque su modo de ser varones, fue de la mano con identificar la necesidad de “dejar de ser opresores oprimidos” como menciona Lisandro, para “mutar y en colectivo”. Para esto fue crucial lo que relata Diego Zubiaurre también de La Plata, “haber caído en la cuenta de que la masculinidad es cultural y constitutiva de un sistema opresivo, gracias a las luchas de las mujeres, especialmente, y de diferentes organizaciones LGTTBIQ. Muchas veces nos hemos acercado, sintiéndonos en falta, porque entendimos racionalmente que ser machista es contradictorio con pretender un cambio social emancipatorio, que es necesario realizar un trabajo profundo para erradicar el patriarcado que hemos internalizado en nuestra socialización de género”.

Ni machos ni fachos

Alejandro, de Capital Federal, comenta que “Desandar colectivamente el camino del patriarcado es lo que nos fortalece” y para eso el trabajo en taller permitió compartir experiencias personales desde la sensibilidad y el afecto, terrenos también vedados para todo macho que se precie de tal, “siempre existe un motivo por el cual uno no puede llegar a ese modelo y termina siendo un puto (dicho de modo descalificante)”.

Luego de decenas de talleres en todo el país, en 2012 se realizó en Haedo el primer encuentro nacional de varones, que siguió en Mendoza en 2013 y se prepara el tercero para noviembre en La Plata. Esto demuestra la concreción de un camino que empieza a esparcirse, como el encuentro de mujeres, en todo el ámbito nacional.

“Cada vez que se le pregunta a algún compañerx sobre cuáles son o podrían ser los aportes de los varones antipatriarcales al feminismo, entendemos que es importante decir que la agenda política antipatriarcal o feminista (que no son sinónimos) no es exclusiva de las mujeres, y que el compromiso contra toda forma de dominación debe ser un compromiso colectivo, más allá y más acá de nuestras identidades sexo genéricas”, dice Diego.

Ademas de la búsqueda personal, del debate y la participación en talleres, Varones Antipatriarcales participa de los reclamos históricos del movimiento de mujeres, como comenta Lisandro: “por el aborto legal seguro y gratuito, en las consejerías pre y post aborto, contra la violencia de género, los femicidios, la homo-lesbo-trans fobia y tantas otras luchas para construir un horizonte igualitario”.

Es interesante y movilizador ver latir estas inquietudes en varones que encuentran en el feminismo “reflexiones que ponían palabras y conceptos al proceso que venimos transitando, que estiran y tensionan nuestros límites y evidencian nuestras resistencias a abandonar privilegios y profundizar el cambio, que nos reconocen como compañeros de lucha, y nos convidan y demandan retroalimentando búsquedas compartidas”. Es el desafío de estos varones seguir mostrando que varón no es sinónimo de macho y que no es condición excluyente para ser feminista, ser mujer.

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