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El desafío de los trabajadores sociales en un momento de rupturas y continuidades en materia de políticas sociales: universalidad, condiciones dignas de trabajo, y la necesidad de no abandonar la lucha por la transformación de la sociedad en que vivimos.

> Por  Valeria Redondi

Presidenta del Colegio de Trabajadores Sociales de la Provincia de Buenos Aires

Sin dudas la política social tiene un lugar central para el actual gobierno, a diferencia de lo que fue el período de los noventa, pues existe una intención clara en la formulación y puesta en marcha de un conjunto de programas sociales. No obstante, como característica heredada, perdura la focalización como principio rector de la intervención del Estado.

A excepción de la Asignación Universal por Hijo, política que se mantiene en el tiempo,  la gran mayoría de los programas sociales tienen un tiempo de caducidad, además de un sinnúmero de criterios y burocracias para su acceso, entre las cuales se destaca el hecho de tener que dar cuenta de la situación de pobreza o necesidad. Es decir, que no todas las familias trabajadoras que lo necesitan reciben una asistencia directa por el derecho mismo que les corresponde, sino que hay requerimientos que cumplir. No se garantiza igualdad y efectivización de ese derecho.

La continuidad neoliberal se expresa en la individualización de los problemas y en que no se tiene una perspectiva de integridad. Las políticas de vivienda, políticas de salud, de educación, van poniendo distintos paliativos a problemáticas de una complejidad mayor.

Además se mantiene la lógica de los trabajadores empleables y los inempleables. A estos últimos se los ubica dentro del conjunto de los programas sociales.

Por otra parte, no se hizo ruptura con los organismos internacionales. A pesar del discurso de un Estado con soberanía en sus decisiones, existe una presencia constante de entes como el Banco Mundial o el BID, a los que no sólo se los tiene en cuenta a la hora de implantar una política social, sino que está regida por ellos.

En estos días persiste una lógica de refilantropización, bajo la cual, el tratamiento de los problemas se deja en manos de diversas organizaciones no gubernamentales. (Ver nota “Políticas y organizaciones sociales…”, de Laura Riveiro).

Las más pequeñas efectivamente realizan un trabajo ligado a la protección y la promoción de derechos (fundamentalmente en niñez), pero por otro lado aparecen las grandes fundaciones y sectores muy poderosos financiados por multinacionales que lavan dinero con supuestas donaciones. En ese terreno el Estado claramente se desresponsabiliza y deja en manos de ONGs o privados las tareas que le correspondería garantizar a él, y que son nada menos que la prevención y la promoción de derechos.

Trabajadores sociales

Es en la  esfera de la reproducción social donde  intervenimos, en el cotidiano de hombres y mujeres, en su búsqueda incesante por condiciones de vida dignas. La ley de promoción y prevención de niños, niñas y jóvenes, por poner sólo un ejemplo, no se materializa en la realidad; el Estado, en ésta como en otras áreas, no da cumplimiento a la conformación de equipos interdisciplinarios, no garantiza los recursos necesarios, las condiciones de trabajo son precarias e incluso se registran casos de maltrato laboral.

En un estudio que desarrolló en el año 2011 el Colegio de Trabajadores Sociales de la Provincia de Buenos Aires -asociación que reúne a más de la mitad de los matriculados en todo el país-  da cuenta de las condiciones precarias e inestables en que desarrollamos nuestra práctica profesional.

Entre los resultados más significativos se puede resaltar que existen una multiplicidad de modalidades de contratación de la fuerza de trabajo profesional. Sobre un total de 995 trabajadores sociales encuestados, el 46, 9 % son empleados en condiciones de precariedad.

Se evidencia la existencia de pluriempleo y si bien la mayoría posee una sola inserción laboral, el 38 % de los trabajadores sociales encuestados tiene dos o más empleos.

Otro dato importante es que predomina la inserción laboral en dependencias provinciales, seguido por las municipales y en tercer lugar las instituciones de dependencia nacional, dando cuenta del avance del proceso de descentralización de la política social. Otro rasgo distintivo de las políticas neoliberales.

Hasta que logremos construir otro tipo de sociedad, continuaremos luchando por defender la generación de políticas universales  y de calidad junto a condiciones dignas en el ejercicio profesional.

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