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Durante la última década Latinoamérica renació económica y políticamente.

Las experiencias de lucha emancipatoria proyectan la posibilidad de consolidar en el continente la segunda independencia, pero para ello la integración deberá plantearse desde el punto de vista de las necesidades de los pueblos y no en función del mercado mundial.

> Por Martín De Battista

“¡ALCA, ALCA, al carajo” tronó en el Estadio Mundialista de Mar del Plata, y estalló en júbilo la multitud reunida aquel 4 de noviembre de 2005.

Así comenzaba su discurso Hugo Chávez, sepultando el Área de Libre Comercio para las Américas que proponía la administración Bush, en un multitudinario acto internacional que sintetizaba décadas de luchas, movimientos sociales, políticos y culturales de todo el continente.

El renacimiento latinoamericanista tiene raíces en las realidades que vivió América Latina y es síntesis de las respuestas populares a las políticas de los Estados Unidos y las oligarquías locales: Consenso de Washington y el neoliberalismo. Y el incólume socialismo cubano, que supo eludir las trampas del imperialismo sosteniendo la Revolución, con los grandes costos y restricciones por todos conocidos.

A 8 años de aquel día, vale la pena hacer un balance, un poco de historia y lanzar preguntas que nos sirvan para palpar el corazón de nuestros pueblos, y cuáles son las contradicciones en un continente que se debate entre el Vivir Bien y el extractivismo, la soberanía y la producción de soja y de energía para el mercado mundial, la hegemonía yanqui, las inversiones chinas y un difuso horizonte de integración en función de los oprimidos y explotados de Nuestra América.

El contexto global

Con el derrumbe de la Unión Soviética y la clausura de las ideologías por decreto, la gran mayoría de los intelectuales y políticos eliminaron el concepto de imperialismo, por anticuado, inexacto, por incómodo.

Pero si hay algo vigente es el imperialismo, y cuando nos referimos al imperialismo no nos referimos al intervencionismo militar norteamericano que es una expresión del imperialismo, sino que nos referimos a la política que llevan adelante las clases dominantes, en una etapa histórica donde se fusionaron los capitales industriales con los capitales bancarios, logrando lo que se conoce como capital financiero. Las dos grandes guerras mundiales no son otra cosa que la puja entre los capitales financieros de diversas potencias por conquistarse mutuamente. Dos elementos evitaron una tercera guerra entre potencias: la bomba nuclear como elemento militar, pues la especie humana en conjunto se pone en riesgo, y por otro lado, la consolidación de modelos socialistas después de la segunda guerra hicieron que el eje de la conflictividad ya no fuera entre potencias capitalistas, sino que diseñaron una estrategia defensiva para que el socialismo frene su avance mundial. Y lo lograron.

La vieja Rusia cayó bajo las inversiones neoliberales, la transnacionalización económica de los países africanos, asiáticos y latinoamericanos sufrió una nueva escalada, el águila norteamericana no tenía competencia en los confines de la tierra.

China, gobernada por el Partido Comunista, hizo religión del “socialismo” de mercado, atrayendo grandes inversiones y se convirtió en el gran taller industrial del mundo superexplotando a su clase trabajadora, logrando una tasa de crecimiento promedio del 8,5% en 30 años.

El siglo XXI vio la luz con una economía global cada vez más polarizada y competitiva: por un lado las viejas potencias imperialistas, por el otro las potencias en emergencia llamadas BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), países que reúnen grandes territorios, recursos, población y tasas de crecimiento económico y desarrollo de grandes magnitudes.

Extractivismo y mercado mundial

Muchas veces hemos oído que si el mundo consumiera al ritmo de los EEUU, serían necesarios tres Planetas Tierra. Y esto es lo que se juega en medio de la crisis mundial capitalista. La puja entre las diversas potencias por el mercado mundial provocó -como afirmó el economista de izquierda Eduardo Lucita, en el Panel organizado por el ALBA de los Pueblos, el pasado 14 de septiembre- “un cambio en las condiciones de intercambio. Escases relativa de materias primas y productos energéticos, por un lado, y superproducción relativa de productos industriales por el otro. Esto subió el precio de los primeros y bajó los segundos, permitiendo que América Latina no sea epicentro de la crisis. Los países de la región mejoraron la relación deuda/PBI, mejoraron el stock de reservas en monedas internacionales y valorizaron sus exportaciones. Todos los gobiernos han desarrollado políticas de contención social y asistencialismo”, como en Argentina con las políticas de cooperativas, Asignación Universal por Hijo, Procrear, en Brasil con los programa Bolsa Familia y Hambre Cero. “La contrapartida -continúa Lucita- es una integración, subordinada al mercado mundial, lo que implica más primarización, extractivismo, y debilidad de desenvolvimiento en el sector industrial”.

Una comprobación de estas políticas es el programa Conectar Igualdad, con el cual se repartieron 3 millones de netbooks entre los escolares de nuestro país, que tiene su origen en la necesidad de equilibrar la balanza comercial entre China y Argentina, que no pudieron lograr mediante el tren bala. Así se montaron siete “industrias nacionales” donde muchachos con destornilladores y calcomanías, arman y pegatinan chips y matrices plásticas made in china.

“No es que América Latina se haya desacoplado de la crisis, o que la crisis no haya llegado, sino que llegó de modo diferente”, afirma el sociólogo José Seoane, miembro del Grupo de Estudios de América Latina y el Caribe. “Entre 2008 y 2012 América Latina recibió más del doble de Inversión Extranjera Directa -IED- que en el período 2002-2007, y esa inversión es resultado de la crisis del circuito de especulación y valorización financiera que viene a obtener ganancias y compensar la crisis. Esa IED fortalece la transnacionalización de las economías y la profundización del modelo extractivo exportador, porque por lo general es una inversión que está dirigida a la explotación de los bienes comunes de la naturaleza. El inversor más importante en el continente sigue siendo EEUU, pero China ya está ocupando el segundo lugar con más del 10%”.

Recientemente, China invirtió 720 mil dólares en una investigación de factibilidad para desarrollar un canal interoceánico en Nicaragua. La obra de ingeniería podría llegar a costar unos 30 mil millones de dólares, dinero que China está dispuesta a invertir, según avancen los diálogos del gobierno nicaragüense con los del gigante asiático. Esto cuestionaría profundamente la hegemonía comercial y aduanera norteamericana, que desde el Canal de Panamá no repara en violar legislaciones y soberanías de distintos países, por no mencionar la inmensa fuente de ganancias que es el mencionado canal para sus empresas.

China, que creció en base a una política agresiva de exportaciones cada vez gira más hacia su mercado interno, por ello la demanda afectará de modo diverso en nuestro continente. La demanda de minerales y metales está sufriendo una caída, y la demanda de proteína barata y alimentos tiende a mantenerse alta. Esto último es lo que profundiza el proceso de sojización. Al consultar a Norma Arias, ingeniera agrónoma del INTA especializada en cultivo de soja, nos confirma que en 2012-2013, los países del Mercosur -responsables de la mitad de la producción mundial de soja- sembraron con este cultivo más de 50 millones de hectáreas. Para poder dimensionar la magnitud, vale aclarar que la Argentina cuenta con un total de 33 millones de hectáreas cultivables.

Como afirma Seoane “la dependencia se construye en una doble vía: una de las vías es que el dinamismo económico se basa en la inversión extranjera, y eso genera dependencia obviamente y la otra vía que es muy importante, es que el mercado de consumo de los bienes que se producen es el mercado externo. Lo que se verifica es que hay un proceso de transnacionalización de la economía y un proceso de reprimarización.

En los 70 cuando el desarrollismo se basaba en la alianza con el capital transnacional, se abría un proceso de industrialización y crecimiento de la industria, hoy no estamos en esa situación. La aplicación de las políticas neoliberales hicieron que el corazón del dinamismo económico esté en actividades orientadas a la exportación de bienes comunes de la naturaleza.”

En los países que son parte de la Alternativa Boliviariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA), se han realizado grandes políticas de mejoramiento de calidad de vida, desarrollo humano de la población, lucha contra el analfabetismo y enfermedades curables, y cierto desarrollo económico. Por fuera del ALBA la “década ganada” es en realidad la pérdida de la gran posibilidad histórica de desarrollo económico independiente que mejore la situación estructural de los sectores populares. La interpenetración de capitales y comunidad de intereses de los grandes grupos económicos locales, y las empresas transnacionales, fusionan en una elite muy poco numerosa a los grandes ganadores de estos tiempos: los monopolios.

Contraofensiva imperialista

El fin del ALCA y el nacimiento del ALBA, supuso la conformación de un bloque de países que se integran desde el punto de vista de las necesidades de sus pueblos y horizontes políticos. Con Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Dominica, San Vicente y Granadinas, Antigua y Barbuda y Santa Lucía, es el único proyecto de integración que no tiene como condicionante y objetivo la integración al mercado mundial capitalista.

Tanto el Mercosur como la Alianza del Pacífico Sur, tienen claras orientaciones hacia la demanda mundial de materias primas, y con políticas más progresistas el primero, y más reaccionarias el segundo, forman bloques más allá de los posicionamientos políticos, pues dan respuesta a la inserción del mercado europeo, yanqui y chino en sus respectivos países. [Ver Recuadro].

Con los golpes de estado en Honduras en 2009 y en Paraguay en 2011, en los movimientos sociales de nuestro continente se comenzó a hablar de una contraofensiva imperialista en la región.

Mascaró se entrevistó con Pedro Brieger, director del sitio Noticias de América Latina y Caribe -NODAL- quien sostuvo que “Estados Unidos no ha abandonado a América Latina a su suerte, si bien en 2005 fracasó el ALCA, EEUU siempre apuesta a evitar que se consoliden bloques regionales con políticas contrapuestas a la Casa Blanca. En ese sentido EEUU no estaba interesado en la creación de UNASUR , que se refuerce Mercosur o que surja la CELAC. Han sido algunos golpes para la política exterior de EEUU”. Si bien “hay países que tienen una visión mucho más cercana a la visión estadounidense en lo político y en lo económico y eso se lo puede ver con Chile, Perú, Colombia y México, con lo que se llama la Alianza del Pacífico.”

Quizá el avance de la injerencia norteamericana no esté tan pautada por un cambio de estrategia de su parte, sino de un lapsus de tranquilidad y aletargamiento de las grandes luchas sociales y políticas en nuestro continente. Pero tampoco podemos hablar de quietismo e inmovilización, la realidad es que los grandes procesos de lucha de masas de Bolivia, Ecuador, Venezuela, tienen otros ritmos relacionados con haber alcanzado el gobierno, y tener la dificultad de hacer avanzar al conjunto de un país contra las imposiciones del imperialismo.

Tampoco podemos hacer caso omiso de las movilizaciones brasileras, de las luchas estudiantiles y mineras en Chile, desconocer la resistencia al extractivismo en el sur de México y de las recientes movilizaciones contra el paquete de medidas neoliberales que está imponiendo Peña Nieto. O el Paro Indígena Amazónico de 2009 en Perú que el gobierno de Alan García frenó mediante la Masacre de Bagua. Son estas las nuevas resistencias al aumento del extractivismo, nos señala José Seoane.

UN PUEBLO SIN PIERNAS PERO QUE CAMINA

Decía el viejo Carlos Marx que “del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.” Estas contradicciones fueron las que gestaron los movimientos sociales y políticos que protagonizaron el renacimiento latinoamericanista y del ideal del socialismo. Y a su vez, las grandes luchas de masas que tensan las contradicciones con los intereses del gran capital imperialista generan las condiciones para el desarrollo de ideologías revolucionarias y el avance de propuestas políticas anticapitalistas.

Así podemos ubicar el origen de la Revolución Bolivariana en la insurrección del 89 conocida como Caracazo, y la afirmación de este proceso en la lucha contra el golpe que en 2002 dieron los reaccionarios en Venezuela con la orientación y participación de la injerencia norteamericana.

También podemos en Bolivia encontrar los orígenes del gobierno popular de Evo en la lucha de masas contra la dictadura militar, y los hechos conocidos como Guerra del Agua -2000- y Guerra del Gas -2003- donde las grandes mayorías bolivianas enfrentaron directamente a las corporaciones transnacionales.

En Ecuador hubo grandes convulsiones sociales en los años 97, 98, 2000, 2002 y 2005, en los que las mayorías populares protestaban, se insurreccionaban, mientras sectores del congreso, militares, y partidos políticos burgueses buscaban capear la crisis para ofrecer una respuesta política favorable a los monopolios norteamericanos. Sin tener en cuenta esa historia es difícil comprender el gobierno de Correa.

Así también podemos sacar conclusiones de los golpes de estado pro norteamericanos en Honduras y Paraguay, y afirmar que si esos golpes oligárquicos tuvieron éxito, es en parte porque tanto el pueblo hondureño como el paraguayo no tienen en sus últimos 30 años ninguna experiencia de rebelión o insurrección de masas que por un lado haga avanzar la conciencia general de la población, y por el otro, establezca un piso de correlación de fuerzas más favorable a los sectores populares.

El sueño inconcluso de Bolívar despertando

Los periodistas, el progresismo, la “opinión pública” censuran la existencia de Colombia cada vez que pueden, evitando reconocer lo que pasa en el sufrido corazón del continente. Para quienes buscamos la unidad latinoamericana y la independencia del imperialismo hablar de Colombia es un dolor y una esperanza. El dolor de un pueblo desgarrado por la guerra, el paramilitarismo, el narcotráfico, la invasión yanqui, el genocidio, y la esperanza sostenida por la capacidad de lucha de sus campesinos, trabajadores y estudiantes.

Colombia fue el único país -con la excepción de Cuba- donde los revolucionarios y socialistas de la década del 60 y 70 no fueron derrotados. En Colombia las fuerzas insurgentes y organizaciones políticas revolucionarias sufrieron muchos reveses, grandes matanzas, pero siempre la llama revolucionaria se mantuvo encendida, y eso le da a cualquier proceso de lucha en ese país un carácter particular.

“El presidente Santos realmente se sienta en la mesa de negociación de La Habana porque sabe que el pueblo colombiano está harto de tanta violencia y no le queda más alternativa que negociar con las FARC”, sostuvo el politólogo Atilio Borón en diálogo con Mascaró, y agregó: “los avances son muy lentos, porque hay límites y porque EEUU no quiere la paz, una situación de guerra en Colombia es la excusa para mantener el apoyo militar y las siete bases. El pueblo colombiano anhela la paz. Pero ni EEUU ni -en su fuero íntimo- Santos y mucho menos Uribe están dispuestos a avanzar por el camino de la paz”.

El 19 de agosto pasado se inició el Paro Nacional Agrario y Popular convocado por miles de organizaciones campesinas, productores agropecuarios, mineros, camioneros, estudiantes y trabajadores, “y el gobierno por torpeza ayudó a politizar y masificar el paro -afirma Marietta Toro, integrante del movimiento colombiano Marcha Patriótica- pues en un principio desconoció la realidad del paro, y por otro lado respondió con represión. La gente se indignó al ver cómo la ignoraba el Gobierno y las empresas de información, y estamos hablando de un paro del cual en 30 días hicieron parte más de 3 millones de colombianos y colombianas”. Las reivindicaciones económicas sectoriales encontraban unidad en la lucha contra el Tratado de Libre Comercio con EEUU.

El 25 de mayo de 2014 habrá elecciones en Colombia, y las restricciones legales a candidatos, líderes populares y partidos políticos, y la siempre presente amenaza de repetir el genocidio que hicieron a la Unión Patriótica en la década del 80, hace que las nuevas y pujantes fuerzas políticas y sociales que en Colombia han tomado un nuevo impulso desde 2008, tengan paciencia y tranquilidad a la hora de jugarse por el poder.

“No hay garantías democráticas para ser oposición política en Colombia, durante el paro tuvimos más de mil heridos, más de 500 presos judicializados, entre ellos Huber Ballesteros, dirigente de la Marcha, acusado de terrorismo. Lo que sí sabemos es que vamos a participar desde las Constituyentes por la Paz, desde las cuales generamos todo un poder popular y pensamos el derecho a la paz como un derecho fundamental, y desde allí apostamos a convocar una Asamblea Nacional Constituyente”, concluye Marietta Toro.

Seguiremos el camino junto al alba

La pérdida física de Hugo Chávez, dejó a los movimientos sociales de Nuestra América sin el gran arquitecto de políticas globales. “Siempre se dice que hay gente irremplazable, en el caso de Chávez esto es cierto” sostiene Brieger.

“Fue un golpe muy duro -reflexiona Borón- yo creo que Evo y Correa pueden hacer muchas cosas, pero ninguno de los dos tiene esa cosa tan especial que tenía Chávez, que lo hacía capaz de convencer a gente como Néstor Kirchner y Lula de que había que pegarle una bofetada a Bush en la propia casa, en Argentina. Me constan las grandes vacilaciones que tenía Néstor Kirchner, de llevarlo a Mar del Plata y ahí poco menos escupirle el asado, porque eso, hablando en criollo, fue lo que pasó con el ALCA, y Chávez tuvo la enorme capacidad de convencerlos de que había que hacer eso”.

La historia, sin duda, la hacen las grandes masas, pero los dirigentes talentosos y capaces como Chávez, dejan un vacío difícil de llenar. La ausencia del Mariscal de Campo del ALBA, obliga a reflexionar profundamente a todos los movimientos sociales, organizaciones políticas y personas honestas que queremos la segunda y definitiva independencia. Pero sobre todo nos obliga a actuar, pues no hay soluciones mágicas, como dice Borón “sin organización del pueblo, sin organización de las clases explotadas y subordinadas no tenemos cómo luchar. La organización es nuestra única arma, y junto con la organización hay que desarrollar un gran trabajo de concientización, porque es muy importante dar la batalla ideológica contra el imperialismo.”

Hugo Chávez murió hace 6 meses, ahora cada uno tendrá que ver qué hace con su muerte, o dicho de otro modo, cada quien tiene que mantenerlo vivo, porque su ejemplo, su lucha y su ideal están más vigentes que nunca, y desde el Estadio Mundialista sigue iluminando su pregón: “nuestro planeta, el único que tenemos a la mano para vivir nosotros y las futuras generaciones, está siendo destruido en nuestras propias narices por el modelo capitalista del desarrollismo destructor. ¡Esto es tan evidente! Pero los principales líderes del mundo y de los países desarrollados no quieren ver la realidad, la mayor parte de ellos porque el mundo está gobernado por los intereses económicos de las grandes transnacionales y sabemos bien cómo la ambición capitalista ciega, la ambición capitalista borra los sentidos y la conciencia.

En verdad, no es una exageración, está en riesgo la vida futura en el planeta. De eso debemos convencernos y convencer cada día a más personas en el mundo, porque sólo la conciencia y la acción de los pueblos salvarán la vida en el planeta, yo sí estoy seguro de que salvaremos la vida para las futuras generaciones y que tendremos un mundo mejor, nuevo y distinto, estoy seguro de que lo lograremos, pero nos toca a nosotros la batalla.”

Que así sea.

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