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El problema de la tierra gira en nuestros días, como casi siempre ha girado, en torno a dos proyectos y dos actores: por un lado, la asociación entre el acceso a la tierra y los intereses del gran capital; y por el otro la relación entre el acceso a la tierra y el trabajo.
 La realidad de los trabajadores de la tierra en Latinoamérica encuentra puntos y realidades cercanas. La diferencia entre país y país (o entre región y región) acaso se halle en las bondades que determinado suelo tiene de interesante para las necesidades y el mercado internacional.

No por casualidad existen tantas bases de Estados Unidos en nuestro continente. No por casualidad el primer punto exigido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) al gobierno de Santos (principal aliado estadounidense) en los acuerdos para alcanzar la paz, fue la demanda por la tierra. Allí se puso el eje en la soberanía alimentaria, el buen vivir y la justicia social.

Para apoyar ese proceso de diálogo en Colombia, se realizó en Porto Alegre a fines de Mayo el Foro por la Paz en Colombia, en donde se expuso la situación de cada país en relación a la tierra y los avances de las corporaciones transnacionales en materia de recursos sobre la región.

Diego Vedobato, miembro del Movimiento de los Sin Tierra (MST)-Vía Campesina de Brasil, explicó a Mascaró que en la región existe “un proceso colonizador y neocolonizador que se ha consolidado en los últimos años, y como contrapartida, necesariamente los movimientos campesinos y populares y los pueblos originarios debemos resistir y no podemos resignarnos a bajar la histórica bandera de la Reforma Agraria”.

En Venezuela, tras 14 años de chavismo y producto de las demandas de los pueblos originarios y campesinos chavistas hacia el propio Chávez, se han recuperado cerca de 2 millones de hectáreas para más de 330 comunidades y se apuesta fuertemente a lograr la soberanía alimentaria y el autoabastecimiento.

El campesino brasilero sostiene que los trabajadores de la tierra “en este momento, estamos resistiendo en la lucha de clases de América Latina. Y tenemos la tarea de encontrar un modo diferente de producción al propuesto por los grandes capitales y que tenga como horizonte la soberanía alimentaria tanto de las poblaciones campesinas como urbanas. De esa manera vamos a demostrar que nuestra propuesta puede resolver los problemas de alimentación que el sistema capitalista no puede resolver”.

Los límites del (neo) desarrollo

Tras los años de marcado neoliberalismo, la tierra y  los proyectos políticos y económicos que en torno a ella se definen nos llevan a un importante debate en nuestros días, definiendo claramente diferentes bandos: por un lado quienes promueven la concentración y acaparamiento, incluso a manos de transnacionales, y por otro quienes demandan equidad y democracia en el acceso a la tierra para dar respuesta a problemáticas como el hambre,  la desigualdad, la concentración y  la destrucción de la naturaleza. En esa última intención se instalan propuestas como la de la soberanía alimentaria y Buen Vivir (o Vivir Bien).

Es necesario considerar estos proyectos para romper definitivamente con el neoliberalismo, pero también para superar transformadoramente los proyectos neodesarrollistas que sostienen buena parte de los países de la región y que presentan como ejes el extractivismo concentrado en empresas agroalimentarias, mineras e hidrocarburíferas.

Ecuador y Bolivia han incluido el Suma Qamaña o Sumak Kawsay, que en aymara y quechua significan “Buen Vivir” o “Vivir Bien” en sus respectivas constituciones como el objetivo social a ser perseguido por el Estado y por toda sociedad. Se trata de destacar un aspecto fundamental de la cosmovisión de los originarios, que vincula la actividad productiva y humana en general no como una carrera de dominación de la naturaleza, sino de vida en equilibrio con la Pachamama, que no es la tierra, en un sentido occidental, sino también todas sus formas de vida.

De cualquier manera, aún en estas naciones donde las leyes son más avanzadas y la línea de la reivindicación de derechos se traza más alto, algunos permisos a emprendimientos mineros pusieron en disputa a los gobiernos de Evo Morales y Rafael Correa con comunidades y campesinos.

El buen vivir constituyente interroga al debate sobre la tierra desde proyectos de sociedades distintas, construidas con horizontes de equidad, democracia, economía social y solidaria, plurinacionalidad, y derechos de la naturaleza.

Como sucede con cada proyecto, con cada ley, más allá de la letra, la suerte del “Buen Vivir” dependerá del grado de conciencia y de la fuerza de los sectores que lo impulsen. Hoy se trata de avanzar en un objetivo de integración y desarrollo económico en cuatro líneas y sectores: Estado, sector privado, cooperativo y comunitario. Si se permiten las frases hechas, los lugares comunes, y se entiende que de lo que se trata es de la supervivencia del planeta y de quienes lo habitan frente a la gran crisis capitalista, una vez más se puede decir -también a modo de vaticinio- que solo el pueblo salvará al pueblo.

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