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Atravesar el proceso de externación de la mano del arte o de aprender un oficio, tiene el poder de devolverle a las personas su capacidad creativa de ser autónomos. Recorremos tres experiencias de externación que buscan devolver autonomía y dignidad.
Lejos de la reproducción sistemática de estereotipos frente a la locura y a la forma de lidiar con ella, existen grupos que trabajan por dignificar la vida extramuros.

El Cisne del Arte

Este taller funciona en la casa de Pre Alta del Hospital Korn, un dispositivo de externación fundado en 1987. Laura Lago, profesora de Juegos Dramáticos cuenta que desde este espacio no sólo se busca acercar a las personas a la posibilidad de crear una obra artística, sino que también se intenta abarcar en sentido amplio un diálogo y un acercamiento concreto al campo cultural.

“El año pasado ganamos una beca del Fondo Nacional de las Artes con el proyecto de realización de un documental y la idea es estrenarlo a fin de este año, así que estamos trabajando en eso”. El film se llamará “Los fuegos internos” y mostrará las historias de tres personas en sus procesos de externación. Los externados no sólo son protagonistas, como actores, sino que participan en las decisiones y creación del rodaje.

Laura Lago explica que la internación en el manicomio no sólo vulnera los derechos humanos, sino que priva a las personas de “disfrutar y producir bienes culturales” y esto tiene que ver con un encuentro colectivo “donde no se trata de aceptar a un distinto o discapacitado sino de entrar todos en el mundo múltiple y social del arte y la comunicación. Nosotros no tomamos la cuestión del arte y la locura como que el loco es el vocero de un sistema, queremos que sean conscientes de que después tendrán que enfrentarse a un otro social”.

Alberto Justo, jefe del Servicio de Psicología del Hospital Alejandro Korn, ve en este documental en preparación un desafío que abre todavía más las puertas. “Acá está claro cómo un lazo afectivo construido desde la internación permite la externación, y eso es lo que queremos mostrar, que es posible que una persona con problemas de salud mental, incluso severos, es capaz, después de un proceso de internación, de salir a confrontar con las exigencias del mundo”.

El Pan del Borda

El Pan del Borda es un taller de panadería que funciona hace 11 años en el hospital Borda y del que participan estudiantes, psicólogos y personas internas o en tratamiento ambulatorio del hospital, realizando productos de panificación durante la semana que luego se venden dentro del hospital.

Manuela Martínez de Murguía, que participa de esta iniciativa, dice que “creemos que es fundamental trabajar con las capacidades, poniendo énfasis en las mismas, rompiendo con la concepción de la locura como discapacidad que anula cualquier forma de expresión, haciendo del diagnóstico una identidad estática e imposible de romper”.

Para esto, es fundamental considerar que “a partir del trabajo colectivo forjamos lazos de solidaridad entre todos los que participamos. El trabajo se constituye como una herramienta para la transformación y para que los compañeros sean partícipes de su propia cura”.

Desheredados de la razón

Este grupo comenzó a reunirse en 2010 en el teatro del Polo Lofeudo en Melchor Romero cuando éste estaba abandonado. “Hoy somos un colectivo de arte y salud mental en pos de la desmanicomialización como bandera política y utilizando el arte como  herramienta y la construcción colectiva como eje horizontal. Tenemos la intención de construir redes con otros dispositivos integradores para ir haciendo carne lo que la ley de salud dice pero no dice cómo”, explica Juan Pablo Banfi, integrante del colectivo.

¿Por qué elegir el camino del arte y qué cambios se pueden generar? Banfi dice que “el arte es inherente a todo ser humano, como una forma de vinculación y expresión. Tomándolo como  una herramienta y un proceso dentro de la institución, que unas personas desarrollen actos que los liberen de lo cotidiano va tomando preponderancia. Van pasando los meses, los días y notás una diferencia. Es un proceso en base a desmoldar la realidad institucional, que obtura  y acartona un montón de cuestiones personales de la subjetividad y el pensamiento de la persona”.

Vamos caminando

La realidad es que el trabajo en estos espacios se encuentra con frecuentes dificultades.  Manuela Martínez de Murguía dice que “la participación de los compañeros internados es algo que está permanentemente obturado en la cotidianidad del hospital”. Por eso, estos espacios resisten y reclaman lo que Juan Pablo Banfi destaca que es fundamental: el “apoyo político o decisión de instituciones como para desarrollar otras formas de atención y vinculación entre la persona que lo necesita y los trabajadores mismos que están a cargo de trabajar el cambio”.

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