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Las últimas inundaciones de La Plata, como las anteriores del Conurbano, la Capital Federal, Santa Fe o Tartagal, volvieron a mostrar las falencias de un sistema especulativo que genera temporales, no los prevé y tampoco es capaz de dar respuestas cuando el agua ya invadió la vida de la gente para siempre.

Uno no se inundó, no escuchó los gritos desesperados en la oscuridad implacable de esa noche; no vio vecinos mártires, que nunca quisieron serlo, arrastrados por los ríos de calles de números y diagonales; no lloró a la tía, ni al amigo, ni a la hermana; no perdió mucho de lo poco que tenía. Pero el dolor es de tantos y tan profundo que es de uno también y es de todos, no del otro.

Pero sí recorrió los barrios, ayudó en lo mínimo, en lo posible y vio a través de los rostros de cada uno de los vecinos la realidad sin retorno, las lágrimas contenidas, el veneno derramado. Y entonces, tiene que redactar una nota y no puede sacarse la bronca, ni el odio, ni el dolor y olvida lo que le enseñó la academia y los manuales de estilo periodísticos. Solo escucha las tripas revolviéndose por dentro y solo a través de ellas puede mover los dedos que escriben estas palabras, que son las mismas que se dicen en la calle mientras se mira el cielo por las dudas.

Inundados acá y allá, el 2 de abril en La Plata, el día anterior en el barrio Mitre y el Saavedra de la Capital Federal. Los inundados de Ezeiza, los inundados y olvidados de La Matanza. Los de Santa Fe y Tartagal más lejos en el tiempo y la distancia. Miles y miles. ¿Y la regla? la de siempre: son los pobres los que más la sufren. Si llueven las nubes, llueven las goteras, un poco de viento y se vuelan las chapas, las paredes de madera ceden y se hinchan de humedad. Y al barrio no se puede entrar ni en tractor.

Y cuando llueve  y las ambulancias no pueden entrar a los barrios no se dice nada. Y cuando las chapas se vuelan y el techo es cielo y rezo, tampoco se dice, pero cuando en un mismo momento son tantos y tantos los afectados, ya algo hay que decir. Algunas verdades salen a flote: la ausencia del Estado, las promesas sin cumplir, un sistema político que nunca pudo resolver los problemas más profundos de la sociedad, y la solidaridad sin límites que vive en lo más profundo de nuestro pueblo.

La lluvia en sÍ misma

La cantidad de agua caída en La Plata fue de una magnitud nunca vista, eso es cierto. Los ciudadanos comunes podemos medir las precipitaciones en poca, mucha o muchísima agua. Pero quienes cuentan con las herramientas y la formación técnica para brindarnos datos objetivos sobre el  tema, se contradijeron a la hora de arrojar cifras.

Por un lado, Ricardo Vidal, meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional(SMN), afirmó a Pagina/12 “en todos los lugares oficiales de medición en la zona de La Plata, la cantidad de agua caída osciló alrededor de los 180 milímetros. En ninguno llegó a los 200.” Sin embargo, la Municipalidad difundió la cifra que arrojó el Departamento de Sismología e Información Meteorológica de la UNLP, el cual contabilizó 392 milímetros, dándole una mano muy importante a la municipalidad, que puso el eje en la magnitud de la lluvia y no en la magnitud de su responsabilidad.

El intendente platense, Pablo Bruera, dijo que todo fue culpa de la lluvia, pero no fue lo único que dijo. También a través de Twitter afirmó: “Desde ayer a la noche (por el 2 de abril) recorriendo los centros de evacuados” y debajo publicó una foto en la que aparecía él moviendo unos bidones de agua en una escuela. El detalle que colmó la paciencia de los ciudadanos es que el intendente estaba, en realidad, de vacaciones en Brasil. Caradura es un eufemismo. A esa mentira le siguieron otras,  algunas salieron a la luz, otras como la manipulación de las cifras de víctimas del temporal, todavía siguen sumergidas en un turbio silencio corporativo.

El Estado es (i)responsable

La ausencia total del Estado llevó a que los mismos que habían sido afectados fueran los que tomaran las tareas de auxilio y autoevacuación. Así lo describieron Paula y Samanta, orientadora vocacional y auxiliar, respectivamente, de la escuela Nº125 (82 y 116). “La gente ha recurrido espontáneamente (a la escuela) en medio de la tormenta, de la inundación. Se acercaron y fue el directivo a abrir la escuela ante el pedido de la gente que buscaba un refugio. Al día siguiente fuimos a trabajar a la escuela y nos encontramos con que estaba albergando a alrededor de 250 personas, algunas familias de chicos que concurren a la escuela y otras que no, que viven a unas 20 cuadras de acá.”

Esta declaración, da cuenta de que la ausencia y el vaciamiento del Estado no fueron solo en este momento, sino que se arrastra desde hace mucho, de hecho lo único que los vecinos reconocen como instituciones del Estado en los barrios, son la Escuela y la Policía.

Y por suerte, todavía queda la Escuela. La policía ha tenido un papel lamentable, y la emergencia mostró su autogobierno y control territorial en los barrios. En palabras del Juez Luis Arias “hay una creciente actividad política que se dirime en los canales de televisión, en detrimento de la acción política territorial y allí aparece la policía”. Y en otro contexto, en otro tiempo, la policía lleva adelante su cultura del autoritarismo heredada de la dictadura, mientras la política y la justicia dejan hacer. Así, los protocolos exigidos para determinar la causal de una muerte queda en manos de la policía y entonces, resulta que los muertos murieron antes de morir y todos de muerte natural, (ver recuadro aparte).

Ausencias

Como si se tratara de un partido de waterpolo, todavía con el agua sin escurrir, los gobiernos se pasaron la pelota de la responsabilidad. Así como el intendente Bruera culpó a la lluvia, la Presidenta Cristina Fernández sostuvo que desde Nación, se habían enviado partidas para que las obras hidráulicas pautadas se llevaran a cabo, y que ahora harían una auditoria para constatar que el municipio haya cumplido con su responsabilidad.

Por su parte, el gobernador bonaerense Daniel Scioli, en una conferencia de prensa el 9 de abril dijo que “con respecto a las donaciones, gracias a todos y abramos ahora un impasse hasta tanto el relevamiento casa por casa, en cada una de las escuelas, en cada uno de los hospitales, vayamos identificando las nuevas necesidades que puedan surgir.”

Para los que nos encontrábamos trabajando en el terreno eso fue una burla, las necesidades fueron siempre las mismas, y el gobernador parecía saberlo de algún modo, porque era su propia policía -junto al Ejército y el Grupo Halcón- la que custodiaba los supermercados, camiones y locales políticos que acumulaban colchones, frazadas y comidas. La gente tenía hambre y eso no era ningún secreto.

Cuando uno iba recorriendo los barrios a medida que el agua bajaba, dos, tres, cuatro días después de las lluvias, una frase se hacía eco cuadra por cuadra, barrio por barrio: “acá no vino nadie a ayudarnos, ustedes son los primeros”. La imagen del Estado ausente era una figurita repetida y en contraposición la imagen del pueblo organizado y solidario crecía a cada momento.

“La inundación se llevó todas las barreras que entre las personas nos ponemos todos los días. Yo me sumé a trabajar a la Casa Guevarista de 5 y 61. Había vecinos que venían con autos nuevos, y de los caros, y cargaban las cosas y con otros chicos como nosotros se metían en los barrios más pobres de la ciudad, se metían y se volvían a meter. No entramos ni con Gendarmería, ni con nadie. Pasamos por los piquetes y nunca pasó nada a nadie y eso que la gente estaba muy enojada y con razón”, dice Martín, uno de los tantos jóvenes que participaron en las Brigadas Solidarias.

Entre alegrías y broncas, Samanta, auxiliar de la escuela N°125, nos contó cómo continuó el trabajo los días siguientes a la inundación: “Lo que se vio es que se movilizó la sociedad y salió la comunidad a poner el cuerpo en todo lo que hacía falta. La gente del barrio donó muchas cosas, se portó muy bien, pero lo de los punteros políticos fue horrible. La gente de la escuela estaba trabajando a full, separando las ropas, las donaciones, los elementos de limpieza. Y los punteros haciendo política de eso, estaban hablando por teléfono todo el día y vos lo veías y decías pero ponete a trabajar. Y después se comían la comida que estábamos haciendo para la gente. Eso me dio mucha bronca.”

La extrema situación en los barrios puso de manifiesto las internas entre los punteros políticos del bruerismo y los que responden a las agrupaciones Kolina (de Alicia Kirchner y Castagneto) o La Cámpora. Es decir, que el PJ terminó dirimiendo parte de su interna en un marco de emergencia, repartiendo en los barrios la ayuda enviada desde el Gobierno Nacional y donaciones que llegaban desde los municipios del interior a través del Ministerio de Desarrollo Social. Eso fue percibido y repudiado por vecinos.

En materia sanitaria, también hicieron agua. Antes del 2 de abril, los trabajadores de la salud acarreaban un largo conflicto con la Provincia de Buenos Aires, y se habían realizado varios abrazos simbólicos a los hospitales de la ciudad. El caso más emblemático es el del Hospital de Niños, donde los médicos, enfermeros y residentes, denunciaban el cierre de salas e incluso falta de materiales mínimos como gasas. Por todo ello, desde el mismo miércoles 3, muchos médicos se encontraron trabajando por su cuenta, recorriendo los barrios junto a las organizaciones sociales, con insumos donados por los vecinos. Otra vez, el voluntarismo ganó las calles, pero la falta de coordinación volvió a ser un impedimento para llegar mejor y más rápido a más familias.

Sin embargo, Gabriel Ive, director Nacional de Emergencias Sanitarias (DINESA), sostuvo que “la organización y el ordenamiento fueron puestos en práctica rápidamente para dar una respuesta al problema”. Consultado por Revista Mascaró, el funcionario de la DINESA, perteneciente al Ministerio de Salud nacional, reconoció no obstante que “naturalmente ante este tipo de desastres que afectan a tanta gente, es muy difícil dar una solución sincrónica. Las posibilidades de recuperación de los damnificados de barrios periféricos obviamente es mucho más lenta que la de los barrios del centro”.

TRISTE PARADOJA

Ive conoce muy bien la ciudad, la conoce tanto que vive allí desde que nació, hizo la primaria, la secundaria, estudió, se graduó de médico en la UNLP y hasta llegó a ser declarado Ciudadano Ilustre de la ciudad. Su nombre fue destacado por el Concejo Deliberante platense -ironía del destino mediante- el 28 de Abril de 2010, en la célebre jornada en que se aprobó el polémico Código de Ordenamiento Urbano.

Acaso sin quererlo, su nombramiento ilustre sirvió de excusa para que bajaran al recinto 15 de los 24 concejales que integraban el cuerpo deliberativo. Así, se destrabó una secuencia de jornadas legislativas en las que el bruerismo no había conseguido el quórum. Aprovechando que once de esos quince pertenecían al bloque oficialista, la presidenta de la bancada bruerista, Valeria Amendolara, pidió que se tratara el Código sobre tablas, ya que en ese momento contaban con los dos tercios de los presentes.

El director de Emergencias Sanitarias de Nación, recuerda esa jornada “con orgullo personal” y sostiene que su “reconocimiento a una trayectoria técnica no tiene vínculo con el hecho político que terminó dándose después”.

Casi tres años más tarde de su declaración de ciudadano ilustre, en un paisaje cargado de mosquitos, perros muertos y niños con granos en todo el cuerpo, Ive tal vez haya recordado sus actuaciones como cirujano general especialista en catástrofes en Haití o la Franja de Gaza. Al otro lado del teléfono, el Doctor Ive reconoce que “estructuralmente en los barrios en que estuvimos trabajando notamos una vulnerabilidad anterior a la inundación. Obviamente, esta realidad va de la mano del crecimiento y del desarrollo que ha tenido la ciudad”. Desde ese jueves 28 de Abril de 2010, el día de la distinción y la consecuente aprobación del Código de Ordenamiento Urbano, se edificaron más de un millón de metros cuadrados en la ciudad que planificó Dardo Rocha.

Para saber a rasgos generales de qué se trata el Código de Ordenamiento Urbano nos entrevistamos con Nadia Freaza integrante de Arquitectos de la Comunidad (ArqCom) La Plata. “El COU es una norma permisiva, aumenta la superficie construible sin previsiones en cuanto a calidad de vida, infraestructura, superficie absorbente, movilidad, entre otras cosas. Al margen de que no se controlan ni monitorean la aplicación de las normas existentes, que por ejemplo impiden la ocupación de los valles de inundación, que han sido ocupados tanto por la población de bajos recursos expulsada del centro, como por los barrios cerrados de altos ingresos” comentaba Nadia y agregaba con firmeza “la ciudad crece por la acción del mercado y omisión del Estado.”

Es cierto, la lluvia fue record, pero sin embargo los vecinos de La Plata recuerdan otras grandes lluvias e inundaciones que han marcado un precedente e incluso han impulsado al Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la UNLP a realizar un plan de obras que la gestión del intendente Pablo Bruera nunca tuvo en cuenta.

Al respecto, el Centro de Ingenieros de la  Provincia de Buenos Aires manifestó en un comunicado reciente: “¿estábamos preparados para este evento o algún otro de características menores de los cuales todavía nos recordamos sus consecuencias desastrosas en los años 2002, 2005 y 2008? ¡Absolutamente no!” y punteó algunos aspectos que hicieron que esta lluvia se convierta en catástrofe. Entre otros mencionó:

“La subejecución de obras hidráulicas; la falta absoluta de mantenimiento y/o limpieza de los canales de desagüe al Río Santiago o de La Plata.; la ejecución de obras de pavimento y reducción de superficies absorbentes sin su correspondiente obra hidráulica”.

Soluciones entre comillas

Las medidas que impulsó el gobierno nacional para paliar la realidad que deben afrontar los vecinos, fueron las siguientes: los jubilados y pensionados que actualmente reciben el mínimo van a recibir un pago único de dos jubilaciones extras a cobrar en dos cuotas.  Se duplicará el monto de la Asignación Universal por Hijo y de la Asignación Universal por Embarazo por el término de tres meses, y en el marco del programa de créditos de vivienda Pro.Cre.Ar se creará una línea especial destinada a la refacción de casas afectadas por la tormenta. El monto máximo será de cincuenta mil pesos, tendrán 48 meses de plazo y tres de gracia y una tasa fija en pesos del 7 por ciento anual. Es decir, los que más tienen recibirán un poco más y los otros, a los que les sobraba mes a fin de sueldo, ahora con un poco de suerte podrán llegar. Pero ¿y todo lo que perdieron por culpa del Estado? En vez de “morigerar la situación”, como dijo la presidenta, ¿no sería correcto indemnizar  a los damnificados?

El gobernador Scioli también anunció una línea de créditos “blandos” a través del Banco Provincia para los damnificados con una tasa del 9,9% anual. Pancho Lima, vecino de Tolosa explicó con claridad qué tan beneficioso son estos créditos para las familias afectadas como la suya: “los prestamos ¿para qué, con qué aval, si yo no tengo forma de cubrirlo?” Pancho sigue hablando entre quejas y dolor, con su preocupación en el cielo y en las nubes negras que volvían a asomarse: “Yo trabajo en changas, no tengo recibo de sueldo y mi mujer trabaja dos o tres veces por semana limpiando casas. Préstamos no nos van a dar.”

La arena es un puñadito,
pero hay montañas de arena

(Atahualpa Yupanqui)

Silvia, vecina también del barrio de Tolosa, nos abrió las puertas para brindarnos su testimonio. Después de tanta tristeza, Silvia pudo encontrar un lado positivo entre tanta desolación.  Las emociones encontradas se reflejan en su rostro, trabajadora del barrio, querida por todos sus vecinos, llevaba adelante el relato mientras sus ojos daban vueltas desde las marcas del agua en la pared hasta la habitación casi vacía. “La ayuda de la gente fue inmediata. Gente que no conozco… no sé de dónde vino la gente. Una masa y una juventud guardada que se vio ahora, siempre vemos chorros en la tele, no vemos la buena juventud que tenemos, excelente. A limpiar, a ayudar, me trajeron comida mientras limpiaba. Chorros, no chorros, no sé, hay que recuperarlos. Yo hace una semana que no duermo acá y nadie abrió para sacarme lo poco que quedaba. Hay mucha igualdad en este momento, vecinos que no se saludaban ahora se saludan. Mi casa es pobre, la de al lado no y estuvimos en la misma situación. Y la gente lo entiende. Hoy somos todos iguales. Para algo sirvió esto. Yo no creo que mañana esto se termine. Mañana capaz que me encuentro en cualquier lado con una de las personas que vino a mi casa y la abrace y ya está, somos humanos, todos, todos iguales”.

La solidaridad, la lucha por el esclarecimiento, por la verdad, por la justicia, no quedaron solo en acciones individuales. Pronto surgieron las asambleas, empezaron a sumarse las voluntades de todos los vecinos, y de-sembocaron en una gran asamblea que reúne a la de cada uno de los barrios, donde han desarrollado un pliego y un plan de acción con los siguientes puntos: Plan de obra pública, particularmente hídrica. Derogación del Código de Ordenamiento Urbano. Subsidios para todos los afectados. Exención de toda carga impositiva por el plazo de un año. Esclarecimiento de lo sucedido, respecto a número de víctimas y damnificados, de la causa de la inundación y de la explosión en YPF. Justicia: juicio político a todos los responsables.

En otra acción conjunta y organizada, el Colegio de Trabajadores Sociales de la Provincia de Buenos Aires llevó adelante un Relevamiento de Información Socio-Sanitario convocando a la población entera a participar en su ejecución. Según su gacetilla de prensa “Esta propuesta pretende coordinar recursos profesionales y humanos a los fines de implementar una Estrategia de Intervención en terreno que permita dar cuenta de las condiciones ambientales y sanitarias de los damnificados por la inundación.” Así son más de 700 los voluntarios que trabajan en esta iniciativa.

“Somos bien recibidos por los vecinos, la gente tiene muchas ganas de contar y más cuando les informamos que somos un colegio de profesionales porque hay mucha resistencia a los organismos del Estado y sobre todo de la Municipalidad” nos cuenta Isabel Busso, una de las tantas Trabajadoras Sociales que se han puesto al hombro este importante emprendimiento.

El pueblo, estuvo a la orden del día, trabajando incansablemente hora tras hora, sabiendo que solo de su esfuerzo dependía el hambre o el frío de los demás. Ellos, los otros, los que gobiernan, los que se encargan de destrozar las ciudades, los suelos, el oxígeno, ellos son, por lo tanto, incapaces de remediar algo porque ellos mismos lo destruyen. No los mueve ni la vida, ni la naturaleza, ni el amor, ni nada que no pueda guardarse en un banco. El pueblo, que si se mueve por la ciudad donde vive, por el aire que respira, por el trigo que cosecha y por el pan que amasa, tendrá que empezar a ocupar el espacio de los que gobiernan y moldear desde abajo la sociedad que se merece.

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