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Hablamos aquí de la institución y no de la religión, de la doctrina y no de la creencia y fe católicas. Y si la Argentina, en su constitución afirmara “sostener” el culto islámico probablemente analizaríamos problemáticas con el mismo origen. No se puede hablar de libertad de culto cuando sólo la Iglesia Católica tiene un carácter de personería que la beneficia por sobre otras religiones. Y no se puede pensar en un acceso equitativo a derechos sexuales y reproductivos, o en un ejercicio del libre albedrío, cuando la institución católica tiene una injerencia explícita en la legislación que restringe estos terrenos.

La dificultad para conseguir la legalización del aborto, tiene que ver directamente con la postura moral de la Iglesia Católica respecto a esta práctica. Las mujeres interrumpen los embarazos que no desean a diario y también a diario mueren por realizar estos abortos en condiciones de clandestinidad que pueden resultar riesgosas para su salud; de hecho ésta es la principal causa de muerte de mujeres gestantes.

En una entrevista realizada por La Viborera (Radio Estación Sur 91.7), Marta Alanis, integrante de Católicas por el Derecho a Decidir, relató que en la presentación del Papa en Brasil el año pasado, el pontífice manifestó no abordar el tema del aborto porque era un tema que no hacía a la esencia de la fe. Sin embargo, en CDD tenían la información de que entre la gente que asistió al discurso, se repartió folletería sobre la conducta sexual de los jóvenes, con la postura moral de la Iglesia. “Es bueno que la Iglesia Católica le hable a sus fieles sobre lo que cree que deben hacer y que los fieles tengan la reserva de obedecer o acatar a su conciencia. Otra cosa es que traten de incidir sobre la legislación de un país que siempre es plural”.

Como lo explica Marta Alanis, en la ONG han estudiado los documentos que integran la doctrina católica, y han encontrado que hay “puntos liberadores para decidir en base a nuestra conciencia si usamos o no métodos anticonceptivos, si queremos tener hijos o no. Lo importante de la doctrina es que la persona tenga la capacidad de decidir en base a su conciencia bien informada y responsablemente sobre un dilema ético (…) y las mujeres católicas, no católicas, pobres y no pobres, cuando tienen que interrumpir un embarazo ponen todas las cartas sobre la mesa porque es un dilema ético de la mujer que está pasando ese trance. El Estado debe permitir las decisiones que toman las mujeres en esa situación para que no expongan su vida cuando deciden interrumpir un embarazo”.

Desde que Jorge Bergoglio asumió como Papa, hay una tendencia desde los medios de comunicación a resaltar las formas en las que Francisco se corre de los protocolos y toma una postura de menor ostentación y más cercanía con los fieles. Sin embargo, esto no quita que el Vaticano se siga constituyendo, como menciona Alanis “una pirámide masculina, misógina y patriarcal. Eso no significa que la gente no pueda tener simpatía con el Papa, que tiene un poder simbólico que genera una motivación de la gente, una adhesión”.

La cuestión toma otro cariz cuando el acceso a ciertos derechos se ve influenciada por la Iglesia Católica, por eso es interesante observar como “la doctrina de la Iglesia tiene muy buenas enseñanzas en cuanto al trabajo, sin embargo, hay empresarios católicos que no cumplen con estas enseñanzas, entonces parece que no son tan graves: explotar a los trabajadores del campo, no tenerlos regularizados y en condiciones de exclavitud o de trata, moralmente no es tan malo como tener algún permiso sexual”.

Esta crítica desde una pertenencia religiosa demuestra que si el Estado es laico (cualidad que reconoció el Papa citando al Concilio Vaticano Segundo), las mujeres no deberíamos acatar una moral sexual para merecer los derechos que hacen a nuestra salud y la legitimidad de nuestras decisiones.

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