COMPARTIR

> Por Agustín Santarelli
Continuando la mística del ¿Cómo hablar de seguridad sin hacerle el juego a la derecha? De la misma forma en que se destrozan todos los discursos de la derecha: tratándola en el conjunto de un sistema, y rompiendo con la mirada individualizante e individualista de la cosa. La violencia aparece como una manifestación casi coherente dentro un país desigual e injusto.
El 22 de agosto se cumplió un año de la desaparición de Candela Sol Rodríguez. Candela. El caso que tuvo un marcado impacto en la sociedad puso a prueba todos los roles de cada uno de los actores de la vida cotidiana. Tras nueve días de desesperación e incertidumbre la niña apareció muerta en un basural de Villa Tesei a 30 cuadras de  su casa. El descubrimiento fue realizado por una cartonera, quien tuvo mejor vista que los cientos de policías bonaerenses que rastrillaban la zona. Para ser justos, la policía no llegó mucho tiempo después al lugar del macabro hallazgo, sino unos minutos después. Casi con la misma puntualidad, los medios, el gobernador Scioli, la madre de la víctima,  y funcionarios de justicia pisaban y manoseaban la zona y la escena.

Tampoco tardaron mucho los usuarios de las redes sociales y de facebook para colocar la cinta negra de luto como foto de perfil y escribir las condenas y los castigos que merecerían los culpables, el culpable, la culpable, o quien fuera que sea. En Twitter, #JusticiaporCandela, fue el segundo tema del momento en el mundo.

En los días en que la niña de 11 años estuvo desaparecida en la tele prácticamente no se hablaba de otra cosa; los opositores convocaban a marchas contra la inseguridad; la Presidenta recibió a su madre -Carola Labrador-, el gobernador Scioli le prestó el hombro a cada familiar; hubo cadenas de oraciones (con el padre Grassi incluido); un grupo de actores organizó una campaña televisiva para recabar información como si tratara de una colecta solidaria, y más.

Un año después todo es una vergüenza. No hay un solo detenido. La actuación policial, judicial, gubernamental y mediática ha sido vergonzosa.

En el facebook, los que no cambiaron la foto por la lógica expositiva de la propia red social, lo hicieron al leer las diferentes vinculaciones del caso con el narcotráfico o crimen organizado, cuando notaron que no se trató de un caso de inseguridad, cuando descubrieron que ya no se trataba de un típico caso de esos que “nos puede pasar a cualquiera”.

El caso Candela sintetiza los elementos que se ponen en juego en casi todos los casos que se pueden ver en la televisión.

En cuanto a la actuación policial, se cree que habría un trasfondo de narcotráfico con participación de agentes de la fuerza del partido de San Martín. La bonaerense plantó pruebas (por ejemplo, en la casa de uno de los detenidos en primera instancia se habría colocado una olla con arroz y pollo después de que se supiera que Candela había ingerido esa comida). Además la investigación se orientó en base a testimonios de testigos de identidad reservada. El pasado 8 de agosto, la policía fue apartada.

En términos de justicia, se apartó a los fiscales Tavolaro y Nieva Woodgate y no hay un solo detenido. Las doce personas que se incriminaron enseguida encontrado el cuerpo de Candela casi ni se conocían entre sí.

A nivel político, el gobernador Scioli y el ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Casal, afrontarán en estos días un informe realizado por una comisión de legisladores que investiga el caso. Allí, las disputas entre kirchneristas y sciolistas también tienen su contienda y se espera que haya diferentes balances.

LA FIESTA DEL CHIVO

La lógica del aparato judicial y del armado mediático es la del chivo expiatorio. En ese sentido se identifica a un culpable, se lo juzga y se lo encierra. Muerto el perro se acabó la rabia.

Sea como fuere, guste o no, el Estado debe responder a la problemática de la seguridad porque es una demanda colectiva, es un problema público. El tema es que el Estado interviene de manera privada, individualizando, transformando una problemática de la sociedad en la responsabilidad y la culpa de una persona singular, haciéndolo cargo de su destino personal.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #5, septiembre 2012.