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> Por Ariel Lede

Según el diccionario de la Real Academia Española, una “revelación” es una “manifestación de una verdad secreta u oculta”. En la religión, “revelación” define al acto mediante el cual Dios “manifiesta a los hombres lo futuro u oculto”. En el arte de la fotografía, “revelar” es “hacer visible la imagen impresa en la placa o película fotográfica”. ¿Y en qué consiste la “revelación política”?

En la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires está pendiente desde octubre del año pasado el tratamiento de un proyecto de ley del diputado José Bucca (PJ) que propone instituir el día 27 de octubre, aniversario del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, como el “Día de la Revelación Política Juvenil”. En el texto se afirma que “En el escenario político de estos últimos años, se ha visto el resurgimiento de la juventud argentina”, que “comenzó a tener un protagonismo más activo” motivada por las expresiones del ex presidente y por el nuevo proceso político del país. “De esta manera se fue cultivando y acrecentando la relación del Dr. Néstor Kirchner con esa franja etárea. El sentimiento de gratitud hacia su figura (…) se vio reflejado cuando miles de jóvenes dijeron presente durante sus exequias, para rendirle el póstumo homenaje y darle el último adiós”.

Quiero decir varias cosas. Para empezar, es plausible la intención del gobierno nacional de fomentar la participación de los jóvenes, ya que colabora con la difusión de una convicción que muchos tenemos: que los jóvenes no somos sólo el futuro, somos también el presente. No somos una transición a algo posterior, sino que hoy mismo tenemos ideas, proyectos, fuerzas y acciones que inciden en la vida social de nuestros barrios, escuelas, trabajos, clubes, movimientos, organizaciones, ciudades. Si somos el presente para el lucro de los empresarios privados y estatales que nos precarizan (ellos no nos ven como “futuro”, nos prefieren así, sin experiencia sindical), si somos el presente para el fomento publicitario de hábitos de consumo individualista, también lo somos para la vida política (y por tanto colectiva) del país.

Sin embargo, más allá de ese elemento rescatable, me interesa y me parece necesario discutir esta idea que han venido generalizando algunos funcionarios y medios de comunicación aliados al kirchnerismo desde la muerte del ex presidente: que la politización de la juventud es algo novedoso que tiene su génesis en el 2003 y en el kirchnerismo a su principal motor. En ese relato el 2003 aparece como un parteaguas entre una juventud apática y despolitizada de los años anteriores, y otra “revelada” y comprometida. Desde el punto de vista histórico esto no es real, por lo cual es necesario discutirlo.

Antes de eso, es importante la siguiente aclaración: no pongo en cuestión las diversas preferencias políticas de las juventudes argentinas, sino su tratamiento desde la dirigencia política.

Hay vida antes del 2003

Hace unos meses, las periodistas Paola Di Pietro y Roxana Russo elaboraron un informe para el programa radial Marca de Radio -conducido por Eduardo Aliverti- que echa luz sobre esta discusión. Allí cuestionaron la idea generalizada de que durante los noventa los jóvenes estuviesen subsumidos en la apatía total: “aunque los jóvenes no estuvieran relacionados con los partidos políticos, sí participaban desde otros lugares (…) A pesar de pretender instalar a la juventud en el espacio de la apatía y la falta de compromiso, esta década, paradójicamente, tuvo a los jóvenes como protagonistas”. La resistencia de muchos jóvenes se fue manifestando a través de las nuevas organizaciones de desocupados, el escrache, el corte de ruta, los colectivos culturales, los medios alternativos de información, las agrupaciones estudiantiles independientes: un conjunto de espacios que muestran el desarrollo de una politización y una militancia por fuera del ámbito de la participación electoral y los partidos políticos. Estos jóvenes, a diferencia de los actuales, se politizaron en el rechazo a la política institucional y tradicional.

La rebelión de 2001 también los tuvo como protagonistas: “La crisis los colocó en las asambleas y en las calles. Jóvenes piqueteros, jóvenes que participaban de asambleas vecinales, jóvenes con cacerolas: todos unidos en una consigna que rechazaba las formas tradicionales de participación política”. Y finalmente en junio de 2002, cuando la policía bonaerense asesinó a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, dos jóvenes piqueteros y militantes barriales miembros de la Coordinadora de Desocupados Aníbal Verón. A pesar de estos hechos, la mentada “recuperación de la política” por parte del kirchnerismo insiste en poner a las experiencias previas en el lugar de la no política.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #2

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