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FotoSUR

Cada guardia, cada piso de internación, cada servicio se cubre -en el mejor de los casos- con la misma cantidad de personal de planta que de jóvenes recientemente egresados, en proceso de formación. Los hospitales públicos no podrían funcionar sin las y los residentes.

La precariedad del sistema de salud es también la precariedad y la flexibilización de estas trabajadoras y trabajadores que no son reconocidos como tales, sino como  becarias y becarios, sin aportes jubilatorios ni asignaciones familiares.

La residencia es una instancia de aprendizaje, posterior a la recepción del título. Para que se materialice ese proceso se debería contemplar una estructura pedagógica que en la mayoría de las sedes no existe. Pero no parece importar, la lógica indica que “hay que curtirse en la práctica”, es decir chocarse con la realidad: resolver el problema que se presente con sus pobres condiciones laborales y las pobres condiciones de vida de quienes se atienden en los hospitales públicos.

El trabajo es de dedicación exclusiva, incluso se retienen sus matrículas y la carga horaria es de 9 horas diarias, de lunes a sábado, más las guardias de las especialidades que las requieren.

Si bien existe un Reglamento General para el Sistema Nacional de Residencias del Equipo de Salud, cada provincia y cada municipio tiene su librito y su forma (hasta podría decirse que cada hospital tiene la suya). La normativa aprobada en noviembre de 2015, acorta la carga horaria en las guardias de 24 a 12 horas consecutivas diarias, con un descanso obligatorio post guardia de 6 horas y un máximo exigible de 24 horas totales de guardias a la semana, sin embargo las y los residentes llegan a trabajar hasta 100 horas en siete días y a mantenerse en servicio ininterrumpidamente durante un día y medio.

No hace falta ser especialista para comprender que en esas condiciones se pone en peligro la salud de quienes solicitan atención, así como la de quienes la brindan.

Bajo la órbita nacional, hay 3 mil becarias y becarios. Sólo en la provincia de Buenos Aires ingresaron este año 1600 residentes. De ese total solo algunos continuarán trabajando en el ámbito de la salud pública. Las médicas y los médicos, una vez finalizada la formación de 3 o 4 años, reciben el título en sus especialidades y mayormente encuentran su destino en el sector privado. En el caso de otras disciplinas, como la de las trabajadoras y los trabajadores sociales, difícilmente logren incorporarse a una planta permanente de algún hospital. Sus lugares serán ocupados por más residentes, para continuar la cadena de precariedad.

La situación es común en diferentes provincias y en lo que va del año se registraron medidas de fuerza en hospitales de Misiones, La Rioja, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y CABA.

Durante el acto de recibimiento a los residentes bonaerenses de primer año, la ministra de Salud Zulma Ortiz instó a los jóvenes a “militar la salud pública desde el diálogo y el deseo de ayudar, sanar y salvar vidas más que desde el conflicto”. Afuera del Teatro Argentino de La Plata -donde se realizó el acto- y en los 78 Hospitales de la provincia, las y los residentes protestaban y cumplían una de las 18 semanas de paro en lo que va del año en reclamo de mejores condiciones de trabajo y por un reconocimiento a lo que día a día realizan para sostener un sistema tan saturado como cualquier profesional al término de esas maratónicas jornadas laborales.

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