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La comunión de solidaridad del pueblo y organización popular, que emergieron ante la tragedia, vislumbró una alternativa a la política como negocio.

“Lo más impactante fue cuando empezaron a nadar los juguetes de las nenas. Cuando comenzaron a flotar las camas con Victoria nos fuimos a la casa de mi hermana. En el cuarto de arriba, junto a otros vecinos y vecinas pasamos la noche con un metro de agua dentro de la casa”, nos contó nuestro compañero Alejandro Presa. Con sus más y sus menos fue la situación vivida por los habitantes de La Plata y el Gran La Plata.

El 2 de abril, y días siguientes, se vivieron dos hechos de mucha importancia para la vida de los platenses: Uno fue la inundación, el drama y las víctimas que narramos en estas notas. El otro, la enorme solidaridad que afloró por decenas de miles entre las mujeres y los hombres de todos los rincones de la ciudad. Pese a la machacona insistencia de los medios de comunicación inoculando la ideología individualista, “hace la tuya”, rezaba más de una propaganda, en la primera situación dramática afloró en el pueblo una enorme actitud solidaria que tiene mucho más que ver con la naturaleza de la sociedad humana que el individualismo.

Ni este gobierno ni los anteriores planificaron el crecimiento de la ciudad con criterios urbanísticos que contemplasen el bienestar de la población sino, defendiendo los intereses empresarios de rentabilidad y ganancia, culminando con la aprobación, por el Concejo Deliberante, del Código de Planeamiento Urbano en abril de 2010. Las causas de la inundación eran conocidas por los funcionarios, las consecuencias fueron subestimadas. Cuando la catástrofe se produjo el gobierno municipal hizo poco y mal. El intendente fraguó fotos mientras estaba de vacaciones. La defensa civil y demás organismos demostraron no tener una política integral de ayuda a la población. La estructura punteril del PJ quedó cuestionada, los más honestos de ella están en búsqueda de nuevas relaciones.

El gobierno provincial literalmente estuvo ausente. Sólo la colaboración de gran parte de los medios provinciales y nacionales con Scioli, ocultando su perfidia, parece haberlo salvado del hundimiento. El hambre, el frío y no tener techo parece ser lo normal para los pobres según el Gobernador, y tal vez por eso al tercer día dio por finalizada la emergencia.

El Gobierno nacional ni apoyó ni reemplazó a los otros dos niveles pero, si estos son ineptos o están ausentes, como es el caso, su obligación era actuar aunque no lo hizo. Se corrió de su corresponsabilidad para evitar pagar costos políticos e intentó capitalizar la tragedia enviando a sus agrupaciones políticas a hacer “solidaridad”. El rechazo a La Cámpora no fue por portar pecheras, otras agrupaciones militaron con sus identificaciones y no fueron rechazadas, sino porque el pueblo percibió ese doble juego. Su inexperiencia y arrogancia la llevó a ignorar las formas organizativas pre existentes, que las hay y muchas, más o menos desarrolladas. En suma, su propia actitud, y no el rechazo a la política, llevó a que de muchos barrios, pese a las necesidades, los echaran. Para volver a ellos, tuvieron que esperar que bajara la bronca.

Si bien no estructurado, existe un poder paralelo en la ciudad: En los primeros días, la solidaridad organizada en cientos de lugares; el relevamiento de los efectos de la catástrofe incluidas el número de víctimas fatales; los estudios para determinar los niveles alcanzados por el agua y las obras a realizar para evitar nuevas inundaciones por profesores del departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de La Plata; el diseño de las necesidades urbanísticas y habitacionales por los Arquitectos de la Comunidad; las investigaciones del Juez Arias; las crítica al Código de Planeamiento Urbano y otras iniciativas, representan un poder al margen de los responsables de la tragedia. Más allá de la ideología o la filiación política de todos estos actores es evidente que ellos no se basaron en la rentabilidad de las empresas y el individualismo, sino que lo hicieron desde el bien común y la solidaridad.

No nos fue difícil descubrir que, gran parte de la población no sólo estaba indignada con los gobernantes, sino que algo nuevo rondaba por las conciencias: la necesidad de otra política, basada en la solidaridad, el bien común, la sensibilidad humana junto con la experiencia de organización de lo mejor de la militancia popular. La principal tarea de ésta será, sumar a las asambleas ya existentes otros canales de participación popular, es decir, lugares en los que vecinos y vecinas, no habituados o marginados de la actividad política por el verticalismo de los partidos del sistema, puedan expresarse y concretar sus ideas e iniciativas. Todos estos organismos deberán confluir en una unitaria asamblea del pueblo que cogobierne con los representantes elegidos en las próximas elecciones. De esta forma la lección vivida y protagonizada por los habitantes del Gran La Plata se podrá sostener en el tiempo y, deseamos, se extienda al resto de la Argentina para que el pueblo delibere y gobierne.

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