COMPARTIR

Los nuevos créditos para la vivienda se presentan como una luz al final del largo túnel del inquilinato para la clase media. La medida abrió expectativas, especulaciones de todo tipo, consultas en forma de cascada y debates reciclados sobre una problemática sensible y crónica arrastrada desde hace ya más de 30  años en la Argentina: el acceso a la vivienda.
> Por Mariano Sage*

“Son muchas las industrias y pocos los dueños…Y bueno, es el capitalismo… tampoco vamos a decir cosas que no son”, se sinceró Cristina Fernández al referirse al acuerdo de precios que se deberá llevar adelante entre el Estado argentino y las empresas monopólicas proveedoras de materiales  para la puesta en marcha del Programa Crédito Argentino del Bicentenario (PROCREAR).

Pues bien, el problema de la vivienda no pasa fundamentalmente por las cuatro paredes de ladrillo y el techo de chapa. El hecho de que se haya incorporado el factor del suelo en este nuevo programa del gobierno no es casualidad ni producto de un planificador iluminado, sino de una escasez (creada) de suelo urbano.

Como sabemos, el suelo, el territorio en donde todos nos emplazamos es un recurso escaso, limitado, finito.  A escala planetaria hay una tendencia migratoria muy marcada de la población hacia las ciudades derivada de la concentración y tecnificación del uso rural. Argentina no es la excepción y en nuestro territorio extenso y poco poblado se da de maneras aun más desequilibradas. Más del  90% de los argentinos vive en ciudades, no sólo eso, el 80% de todos los habitantes del país vive en ciudades de más de 10 mil habitantes, ocupando un 1% del territorio (una superficie equivalente a la provincia de Tucumán).

Por ende la discusión sobre la ciudad como producto social  desarrollado sobre criterios de igualdad, justicia, solidaridad, y sustentabilidad se hace imprescindible y cada vez más urgente. Hasta el momento, salvo aislados y tímidos intentos, no hay agenda política que contemple este debate.

Si la lucha de clases es el motor de la historia, el territorio, y más precisamente la ciudad, es el tablero donde esta disputa se manifiesta y donde queda al desnudo cualquier discurso que pretenda pintar una realidad diferente. Contextualizando, y sin ninguna paradoja el “capitalismo serio” en nuestro país, ha desarrollado ciudades de crecimiento anárquico.  Es que dentro de…” Y bueno, es el capitalismo” (sea este más serio o mas cómico), el rico se hace más rico. Y elementos tan importantes como el suelo y la vivienda -que representan el soporte material del refugio-, la alimentación, la reproducción, el descanso, las relaciones interpersonales de una familia, se  convierten en mercancías que se pueden comprar, vender, acumular, especular, concentrar de la misma manera que se lo podría hacer con una silla. Todo, con el agravante de que los elevados costos de producción en este rubro hacen inalcanzable el acceso a estos bienes para gran parte de la población. No estamos descubriendo la rueda, pero usualmente este detalle se suele dejar de lado a la hora de analizar políticas urbanas y de vivienda.

NECESIDAD VS. DEMANDA

Debería esperarse que después de casi una década de construcción en alza, de disminución de la pobreza y el desempleo, más gente hubiera podido acceder a la compra de su vivienda, pero no. Según datos del censo 2010, el porcentaje de propietarios viene descendiendo de un 71.4% en 1980, a un 70.64%  en el 2001, terminando en un 67.70% en el 2010. Dicho de otra manera, las ciudades cada vez le pertenecen a menos personas.

De esta forma el llamado “boom” de la construcción experimentado desde el 2003 a esta parte, no responde a la necesidad de vivienda sino a la demanda solvente. Demanda formada por excedentes de la economía provenientes de otros rubros  en crecimiento y  reinvertidos en forma de ladrillos, aprovechando los grandes márgenes de ganancia que deja el sector de forma inmediata en la venta o en apropiación de renta a lo largo del tiempo.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #4

*Arquitecto UNLP. Miembro de Arquitectos de la Comunidad Buenos Aires.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER